Sánchez atasca la izquierda

Uno de los carteles utilizados por Pedro Sánchez durante la campaña de las primarias.
Uno de los carteles utilizados por Pedro Sánchez durante la campaña de las primarias. / Pedro Sánchez (Facebook)

Con la elección de Pedro Sánchez el PSOE ha decidido competir por la izquierda en la que hoy domina Podemos y renunciar al espacio del centro político. Así lo ha interpretado el partido de Iglesias y todos podemos oír estos días su inconfundible “ese territorio es mío”. La argumentación de Podemos es contundente y se convertirá en un eficaz mantra: una vez que Sánchez ha hecho de la impugnación de la abstención el eje de su campaña para ser secretario general y derrotar a Susana Díaz, “es el momento de poner en práctica ese discurso”, le recuerdan. La irrupción de Sánchez pidiendo paso, sí, provoca atasco en esa zona del terreno de juego.

Con la gran victoria de los sanchistas, basada en una legitimidad de origen que se apoya en la narración de “la traición de un PSOE de derechas que hace presidente a Rajoy”, los socialistas abandonan su estrategia histórica de pelear por el centroizquierda y apelar al “voto útil” de la izquierda más ideológica. Ahora están forzados a competir con Podemos en su territorio, si no quieren perder la conexión con los militantes que les han dado la victoria en estas primarias.

Nadie lo ha explicado mejor que José Borrell con su parábola de los pródigos: “nuestros hijos y nietos se fueron con Podemos, con Sánchez salimos a recuperarlos”. Pueden tener éxito en la expedición o perder por partida doble, por el centro que abandonan y por esa izquierda que ocupan otros. Las urnas dirán si están acertados, pero es el futuro del PSOE el que está en juego, y el de toda la izquierda española que no debería olvidar que el gobierno de España se decide en el centro político.

Para indagar en el PSOE que nace de estas primarias, algunos hechos pueden ayudar. Abel Caballero, un activo promotor de la candidatura de Susana Díaz, es alcalde de Vigo con casi un 52% de los votos. Una encuesta reciente aún le aumentaba ese apoyo a un 54% y resultaba ser el alcalde mejor valorado entre los de las grandes ciudades gallegas, frente a los de Marea que suspenden. Ese alcalde, un valor seguro para el partido, se llevó un varapalo de los militantes socialistas de su ciudad en las pasadas primarias, en las que Pedro Sánchez le sacó a Susana Díaz más de diez puntos en la agrupación socialista de Vigo. Hechos que sirven para averiguar de dónde surge este nuevo PSOE.

La némesis de Caballero la podría representar Oscar Puente, alcalde de Valladolid y máximo valedor de la candidatura de Pedro Sánchez. En tanto Caballero protagoniza la hazaña de llevar al PSOE en Vigo, entre 2007 y 2015, del 29% al 51%, Puente, en el mismo período, “logra” bajar del 49% al 23% de las últimas municipales. Hoy se muestra exultante porque en su ciudad, Valladolid, ha arrasado su candidato, Sánchez. ¿Los militantes socialistas se fían de los que pierden? No, no lo creo, tiene que haber otras explicaciones. Perder elecciones irrita, y comprobar que Rajoy sigue ganando, mucho más. Ahora habrá que ver cómo traduce Sánchez esa irritación, esa cólera. No lo tiene fácil, teniendo en cuenta las condiciones de partida que le han convertido en secretario general, pero es su responsabilidad y no podrá renunciar a ella.

Los riesgos para el Partido Socialista son evidentes. Anne Hidalgo, la gaditana alcaldesa de París, dijo en Sevilla que Sánchez es la esperanza de la izquierda en  España y en Europa. Pocos días antes proclamó lo mismo sobre Benoît Hamon en Francia y ya conocemos el desenlace; desgraciadamente, un desastre electoral. En un mundo político que se ha vuelto tan “líquido” hay pocas reglas fijas, pero yo no despreciaría la reiteración de casos en los que los militantes socialistas eligen candidatos a los que los electores dan la espalda. Vale para Francia, para España, para Vigo o para Valladolid. En Francia la lección es impagable. Cuando empezó la precampaña los socialistas tenían una intención de voto del 15% y los insumisos de Mélenchon, el equivalente de Podemos, un 10%; el resultado final fue de un 6% para el socialista Hamon y un 20% para Mélenchon. Para tenerlo en cuenta.

Lo cierto es que la izquierda, toda la izquierda española, abandonado el centro y dedicada a una pelea eterna (“La guerra de los 30 años”) puede iniciar un ciclo de “oposición secular”. En uno de sus artículos de análisis político Umberto Eco describe una anécdota que se desarrolla a raíz de los excelentes resultados electorales de 1996 que llevarían a la izquierda al poder en Italia. En la celebración multitudinaria en la “Piazza del Popolo” una mujer le gritó entusiasmada a Massimo D’Alema: “!Camarada Massimo, ahora sí que haremos una oposición fuerte!”. Hay izquierdas que se acostumbran a ser oposición, “oposición secular”. Esperemos que el nuevo PSOE no caiga en ese vicio.

Aunque algunos síntomas inquietantes se pueden detectar en el ambiente. Preocupa ver cómo los “debates” sobre resultados electorales desastrosos se han trasladado al facebook y están dominados por un “pensamiento zasca”. Muchas de las explicaciones que se dan sobre la elección de un candidato que pierde elecciones como propuesta del PSOE para ganarle al PP o definiciones de “aparatos” y “bases” según convenga en cada territorio, por ejemplo, parecen materia de estudio para la “psicología narrativa”, la que enseña que es posible mantener a la vez relatos incompatibles. Ahora comprobaremos qué peso tienen en este PSOE quienes en el grupo de Sánchez dicen, puño en alto, que hay que “volver a Marx”.

No está el PSOE para zascandilear con las ideas que deben armar su estrategia política, sea ésta la que sea. En fin, tengamos fe, tanta como el sociólogo José Félix Tezanos, uno de los miembros de la “coalición de voluntarios”, como Bibiana Aído, que apoyan a Sánchez, y que en un estudio de opinión preveía que éste arrasaba en las generales del 20D. Esperemos a los hechos electorales para valorar las consecuencias de la apuesta del 50% de los militantes socialistas.

De momento, los que ganaron tendrán que asumir el contexto concreto en el que consiguieron la victoria, y responsabilizarse, esta vez sí o sí, de sus resultados. Los que perdieron ya sabrán que ellos van a decidir poco sobre el futuro inmediato del partido. “Argoderse” todos, como diría el personaje simpático de una entretenida película, titulada “Argo, en cada desafío de casi imposible solución. Argoderse, pues.

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