Las desventuras de ‘Kichi’, alcalde en Cádiz

Las acusaciones de populismo contra Podemos encontraron al fin una diana perfecta en la resolución del alcalde Kichi González de concederle una medalla a la Virgen de Cádiz. Fue una decisión tomada por apoyo popular, con lo cual está dicho todo. Las justificaciones de los principales dirigentes podemitas a este acto de irracionalidad suprema que consiste en colgarle una condecoración a un objeto de palo no son menos irracionales que la gilipollez en sí. De hecho, son más divertidas, si cabe. «Admito que cuando me enteré», dijo Pablo Iglesias, «no entendía nada y tuve que llamar a Kichi para que me lo explicara». Explicado con ecuaciones de tercer grado y logaritmos gaditanos, resulta que la Virgen de Cádiz está muy vinculada a las cofradías de pescadores. Y de esta manera tan vistosa el alcalde logró enlazar el estandarte del laicismo a la tradición popular. La medalla es laica, la Virgen, no.

Ramón Espinar, al que han colocado de portavoz para hacerle la competencia a los grandes humoristas del PP, no sabía dónde meterse cuando en una entrevista le preguntaron si también le parecía bien que el ex ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, le hubiera dado otra medalla a la Virgen del Amor. «Me cuesta más entenderlo porque no tiene la misma argumentación detrás». Es el mayor homenaje que haya hecho un político a aquel hilarante número de Martes y 13 en que a una señora le daban, a cambio de su paquete de detergente, tres paquetes del mismo detergente.

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-Pero si es el mismo, señora.

-Ya. Pero no es igual.

El único que se desmarcó de esta idolatría aberrante fue el líder de Izquierda Unida, Alberto Garzón, quien dijo que no era muy fan de conceder medallas, y menos todavía a seres inanimados. Eso sí, como afirma Iglesias, Kichi ha llevado todo el asunto de manera muy laica, sin rezar ni darse golpes de pecho, no como el beato de Fernández Díaz, que es un hombre que tiene línea directa con la Virgen de Lourdes y usa a Marcelo, su ángel de la guarda, de aparcacoches.

El amor incondicional de Kichi por los pescadores lo había llevado anteriormente a otro argumento de molinero cuando Jordi Évole, en su programa Salvados, le preguntó si estaba a favor del viaje del rey Felipe VI a Arabia Saudí, quien, entre otras cosas, había ido a apañar los contratos que favorecían a los astilleros de Navantia. Kichi dijo que ellos eran pacifistas, que estaban contra la guerra y que condenaban la vulneración constante de los derechos humanos en Arabia Saudí. Pero -ahí venía un pero inexorable, un pero gordo como un atún- los astilleros gaditanos llevaban construyendo barcos desde el tiempo de los fenicios y él no era quién para decidir lo que iban a hacer luego con esos barcos. En una auténtica exhibición intelectual añadió: «Nosotros tenemos contradicciones porque tenemos conciencia; el PP no tiene contradicciones porque no tiene conciencia, porque tiene la conciencia limpia de no usarla».

Tan limpia la tienen que el anterior equipo de gobierno, encabezado por la ex alcaldesa Teófila Martínez, ha sentado en el banquillo a Kichi por injurias y calumnias al insinuar que habían suministrado a propósito agua contaminada al barrio de Loreto durante dos semanas del verano de 2014. Kichi no puede quejarse ya que la acusación lo procesa por un delito contra el honor, que es también un concepto muy popular en Cádiz desde el siglo XVII. Ha hecho bien Kichi en condecorar a la Virgen, aunque no crea en ella, que le va a hacer falta.