Pena de pena

capilla ardiente del niño Gabriel Cruz
Numerosas personas han visitado la capilla ardiente del niño Gabriel Cruz, instalada en el Palacio Provincial de la Diputación de Almería. / Carlos Barba (Efe)

Mientras las televisiones emiten imágenes de ira, gente pidiendo la pena de muerte en la puerta de la comandancia de la Guardia Civil donde se encuentra detenida la presunta asesina, la madre del niño muerto exige tranquilidad: “En memoria del Pescaíto, pido que no se extienda la rabia […] que queden las buenas personas, las buenas acciones y la imagen de Gabriel… Que nadie retuitee cosas de rabia. Ese no es mi hijo y esa no soy yo”.

Un deseo difícil de cumplir: la calma, el sentido común, las buenas personas y las buenas acciones no hacen subir la audiencia, no venden periódicos. Mientras la madre sufre pena de pena, la gente pide pena de muerte. ¿Qué decisión tomarán personajes de la calaña de Mariano Rajoy, Albert Rivera o Ana Rosa Quintana, veletas humanas, ante semejante drama? Recuerde que días antes de la manifestación feminista los tres eran contrarios a la misma y, sin embargo, tras el éxito de asistencia se convirtieron en adalides de la igualdad.

Sorprendentemente, los ciudadanos no castigan la hipocresía. Ana Rosa dice hoy en prime time y ante el presidente del Gobierno que jamás irá a la huelga, y al día siguiente hace huelga (tras valorar la situación y sus intereses mediáticos), y no pasa nada: sigue siendo la reina de la mugre matinal audiovisual. Los telespectadores, lejos de abuchearla, la adoran. Rivera y Arrimadas, tras renegar de las feminazis, se subieron al carro de la lucha por la igualdad. Y ahora se consolidan en los sondeos como fuerza más votada de España. Los de Rajoy hablaron de huelga a la japonesa, y tuvo que ser el jefe quien pusiese las cosas en su sitio: todos feministas. En unas semanas alguien dirá que fue Soraya Sáenz de Santamaría quien convocó la manifestación del 8-M.

Con el drama del niño asesinado en Almería se abre una nueva vía de populismo. Nada que sorprenda en este país macabro de penitentes flagelantes, viernes de cuaresma, pobreza encubierta, violencia machista, maltrato animal, hipocresía desbocada… Un país en el que el populacho exige pena de muerte mientras la madre, muerta de pena, suplica “que no se extienda la rabia”.

Publicidad