Ciudadanos se reinventa

La debacle del Partido Popular tras la moción de censura socialista no ha sido la única gran noticia de las ultimas semanas. Ciudadanos, esa organización política creada para garantizar la presencia de la derecha en la vida política española (un bipartidismo de tres), ha sufrido los efectos colaterales de la ruina popular. Cayó Mariano Rajoy, cubierto de excrementos de gaviota, y se tambaleó un Albert Rivera que infravaloró a Pedro Sánchez y lo apostó todo a la posibilidad de unas elecciones anticipadas. Los naranjas calcularon mal la distancia y se ahogaron a pocos metros de una orilla que tenía forma de urna.

Los analistas políticos no han tardado en avanzar el futuro de Ciudadanos: la reinvención. El análisis resulta comercial, pero de una torpeza insultante, puesto que la nada no puede adquirir distinta forma o condición. La nada es eso mismo, nada. Quizá se la pueda disfrazar de algo, una nube o vapor, pero nunca quitarle su categoría de ausencia.

Además, la reinvención de Ciudadanos en las circunstancias actuales se antoja innecesaria, puesto que con Rajoy fuera de la circulación es el PP el partido de derechas que está obligado a reinventarse. Y ya se sabe que los imitadores están condenados al fracaso: Rivera, Girauta, Garicano, Cantó y compañía carecen de tiempo, el principal valor de quienes quieren ser visires en lugar de los visires. En Ciudadanos son perfectamente conscientes de haber perdido la gran ocasión de su insulsa vida política, pero por si acaso ahí estaba Rafael Hernando para recordarle a su líder sus problemas con la gesticulación, los aspavientos y la hiperventilación. Es decir, con la base ideológica de la formación naranja.

La reinvención de Ciudadanos puede ser, como mucho, un cambio en la manera de gesticular, una variación en los aspavientos, una nueva secuencia de métodos de hiperventilación. Porque la nada, no lo olvidemos, lo es para siempre.

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