Las paradojas del gobierno de Sánchez

  • El gabinete que presentó Sánchez más que un gobierno es un cartel electoral. Y como cartel electoral es imposible deducir de él las políticas que va a producir el gobierno
  • No existe ninguna razón para desilusionarles y decirles que no, que es un fraude, que es el mismo PSOE de siempre

1.- No es un gobierno, es un cartel electoral. El gabinete que presentó Pedro Sánchez más que un gobierno es un cartel electoral. Y como cartel electoral es imposible deducir de él las políticas que va a producir el gobierno, sólo podemos interpretar los mensajes que quiere mandar, por dónde quiere pelear los votos. Los dos mensajes más evidentes son por un lado la nítida voluntad de asumir el protagonismo político que el feminismo tiene ya en nuestro país y por otro la apuesta por disputar el electorado de centro y hasta centro-derecha a Ciudadanos.

Que un nuevo gobierno del PSOE iba a tomar la bandera feminista era absolutamente previsible: el huracán político que es el feminismo es ya inevitable para cualquier fuerza política y además desde hace bastantes años las mujeres habían sido la principal fortaleza electoral del PSOE, precisamente hasta la gran movilización feminista de los últimos meses, que ha permitido feminizar, por fin, el electorado de Podemos.

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Quizás lo menos previsible haya sido su apuesta por morder electoralmente a Ciudadanos. Desde su segunda elección interna, Pedro Sánchez parecía querer competir con Podemos. Además de un intento bastante infructuoso no parecía demasiado inteligente: mientras lo hacía Ciudadanos se podía permitir ejercer de Partido Popular de quienes quieren un Partido Popular sin Rajoy sin perder los votos de los liberales progresistas despistados que se habían ido del PSOE a Ciudadanos pensando que el de Albert Rivera era un partido moderno, regenerador y hasta moderadamente progresista. Tanto el PSOE como Podemos necesitan para que uno de los dos o los dos gobierne en España, en sus comunidades y en sus municipios que se ensanche notablemente la base electoral que abarcan entre los dos. Por tanto, que el PSOE mire electoralmente a los votantes de Ciudadanos y hasta del PP es bueno para el PSOE y también debemos verlo como una buena noticia para Podemos.

2.- ¿Un gobierno del PSOE con las políticas de Ciudadanos? Lo malo sería que eso se traduzca en un PSOE que gobierna con las políticas de Ciudadanos. Que el cartel electoral no parezca diseñado para un gobierno de progreso no tiene por qué ser determinante en las políticas de este gobierno. Pongamos un par de ejemplos.

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Si el PSOE quiere mantenerse más allá de 2020 necesita políticas económicas que reequilibren socialmente la brutal desigualdad y precariedad generada por las políticas del Partido Popular. Si no se modifican al menos los aspectos sustanciales de la reforma laboral, cuando se concreten los síntomas de debilidad de la recuperación económica, la sangría laboral se llevará por delante al gobierno que haya. Y si quien gobierna es el PSOE el estigma que identifica PSOE y paro será indeleble. Que haya elegido ministras de Economía y Hacienda asociadas a la ortodoxia de Bruselas no puede cegar el recuerdo de qué políticas tumbaron al gobierno de Zapatero.

Que Grande-Marlaska sea Ministro de Interior (o de lo que sea) es un mal síntoma para cualquier amante de las libertades, de los derechos humanos, de la paz y de la democracia dado su currículum. Sin embargo eso mismo hace que pudiese tener las manos más libres que nadie para tomar medidas que cualquier otro ministro surgido de la mayoría parlamentaria que eligió a Pedro Sánchez tendría dificilísimas. Por ejemplo: tras la disolución de ETA resulta evidente que no tiene ningún sentido la política de dispersión de presos, el mantenimiento en la cárcel de presos enfermos o una rigidez en las políticas de reinserción muy superior a la que tienen otros criminales. Cualquier ministro elegido con los votos de Bildu y demás partidos nacionalistas recibiría las acusaciones más atroces. Grande-Marlaska, en cambio, podría tener cierto margen para hacer lo obvio precisamente por un currículo personal tan adverso.

No tiene por qué ser así: las ministras y ministros podrían ejercer de acuerdo con su trayectoria y sería lo menos sorprendente. Pero si Pedro Sánchez y su equipo mantienen el instinto político que están evidenciando sabrán que el PSOE no se puede permitir decepcionar una vez más a su electorado progresista.

3.- ¿Un gobierno débil? La principal paradoja del gobierno Sánchez es que todas las razones para considerarlo un gobierno débil pueden ser las razones por las que el terremoto que sacudió a España con la moción de censura del 1 de junio tenga mucha más estabilidad, solidez y calados democrático y social de lo que podría parecer.

El principal cambio que se produjo la semana del 1 de junio no fue la caída del PP de Rajoy sino la interrupción de la inercia que parecía traernos muchos años de gobiernos antisociales mediante la perfecta refundación del PP en Ciudadanos. Hace un mes el progresismo español estaba hundido en una depresión que no tenía horizontes de revertir esa inercia y ésta amenazaba la modernización y los avances de las principales ciudades de España.

El terremoto ha destrozado los pies de barro sobre los que caminaba Ciudadanos y ha hundido al PP en el lodazal que lleva años sin siquiera ocultar. No es extraño que en algunas de las últimas encuestas no aparezcan los tradicionales vasos comunicantes entre PP y Ciudadanos y entre PSOE y Podemos sino que bajen a la vez PP y Ciudadanos mientras suben a la vez PSOE y Podemos. Una buena noticia para España aunque sea tan coyuntural.

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Las dos principales razones para considerar débil al gobierno salido de la moción de censura del 1 de junio pueden convertirse, paradójicamente, en factores de fortaleza del cambio surgido de la moción de censura.

La debilidad parlamentaria del PSOE ha exigido que el presente sea el gobierno fruto de un apoyo lúcido y generoso de más partidos políticos con una enorme diversidad ideológica y cultural. Ello exige (si el gobierno no quiere morir ahogado nada más ponerse a nadar) fraguar sinergias de diálogo, negociación y cesión entre distintos muy parecidas a las necesarias para un pacto constitucional. Si el PP y Ciudadanos quieren quedarse al margen de la Historia de España, pronto verán en las encuestas que España no les espera.

Asimismo, la soledad de Pedro Sánchez en su grupo parlamentario y en las estructuras territoriales del PSOE le ha permitido hacer este cartel electoral sin servidumbres, un gobierno insólito en España que se parece más al gobierno Macron (el gobierno de un presidente sin partido) que lo que nunca hubiera logrado Albert Rivera. Sin duda, en términos electorales y con la vista puesta al centro político, Pedro Sánchez ha hecho de su debilidad en un PSOE débil un factor de fortaleza inédito.

4.- Y Podemos, ¿qué? El principal reto de esta media legislatura no es tanto conseguir grandes logros políticos en estos 24 meses cuanto afianzar un cambio de clima que permita prolongar y generalizar un cambio de rumbo. Eso sí permitiría gobiernos con más raíces a los que quepa exigir avances más ambiciosos.

La moción de censura del 1 de junio ha generado esperanzas en millones de españoles. No existe ninguna razón para desilusionarles y decirles que no, que es un fraude, que es el mismo PSOE de siempre; entre otras razones porque el PSOE de siempre no hubiera aceptado – de hecho no lo aceptó- gobernar sobre una mayoría parlamentaria como ésta. Este gobierno es posible porque el PSOE de siempre está destrozado sin que haya un nuevo PSOE fuerte que nos permita augurar que va a pasar lo que siempre pasó con el PSOE. Por situarnos en comparación con otros gobiernos del PSOE: por cada diputado del PCE en 1982 el PSOE de Felipe González tenía 50 diputados y medio; por cada diputado de IU en 2004 el PSOE de Zapatero tenía 33 diputados; por cada diputado de Podemos en 2018 el PSOE de Pedro Sánchez tiene 1,25 diputados.

Si lo más importante que pasó el 1 de junio no fue la caída del gobierno de Rajoy sino la interrupción del impulso conservador, el reto más importante no es apoyar u oponerse al gobierno de Pedro Sánchez sino consolidar una nueva inercia de progreso no sólo para futuras elecciones generales sino también para las próximas municipales y autonómicas. Ello exige una razonable colaboración (bilateral, por cierto: tanto en el Congreso como en los principales ayuntamientos de España y en varios gobiernos autonómicos), autonomía de las partes sin estridencias y colapsos y llevar al trabajo parlamentario la riqueza de propuestas de los diferentes actores que hicieron posible la expulsión del dúo PP-Cs de Moncloa.

El 1 de junio millones de familias, en las que padres y madres votan al PSOE e hijos e hijas votan a Podemos, sintieron que España tenía una nueva oportunidad. Si hay alguna razón que aconseje convencerles de que no, de que esta vez tampoco, todavía no la ha conseguido explicar nadie. Si los padres y madres siguen votando al PSOE, si las hijas e hijos siguen votando a Podemos, si quienes de ellos estuvieran desencantados, recobran la esperanza, no hay que ser experto electoral para saber que estamos haciendo un buen negocio.

Nos hemos autoengañado bastante situando el cambio de ciclo electoral de Podemos en el conflicto territorial y en la supuesta ambigüedad de Podemos con respecto al independentismo, el derecho a decidir y la unidad de España. Más bien habría que situar ese punto de inflexión en la incapacidad que tuvimos de conseguir expulsar al PP del Gobierno en 2016. Probablemente ha sido imprescindible esta travesía de dos años para que fuera posible que todos (todos: desde el PSOE a quien esto firma) aprendiéramos de aquella incapacidad para hacer posible lo que sucedió el 1 de junio. Podemos sale mucho más fuerte de la moción de censura porque, como el propio PSOE y el resto de fuerzas que sumaron sus votos, hemos expiado los pecados que llevaron a la disyuntiva “Rajoy o colapso”. En el caso de Podemos, además, a través de la mayoría parlamentaria que siempre defendimos como viable.

Millones de familias están esperanzadas. Y en grandísima parte (nadie lo niega) Podemos ha sido artífice de esa esperanza, no sólo con sus votos y el magnífico discurso de Pablo Iglesias en la moción de censura sino también con la inteligencia política que convirtió una censura improbable en un cambio seguro: sería absurdo no sacar pecho por haber facilitado con generosidad e inteligencia que por fin sea posible.

Toca mirada larga, gesto alegre y seguir pensando estratégicamente en país. Eso es lo que más orgullo ha hecho sentir, lo que ha llevado las expectativas electorales a lo más alto, lo que hace que Podemos siga siendo como fue la esperanza del país.

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