El cierre de centrales de carbón y el precio de la electricidad

  • Alvaro Nadal llegó a afirmar que cerrar las centrales térmicas de carbón y sustituir esa producción por gas haría aumentar los precios de la electricidad un 15%
  • Sin embargo, la sustitución de carbón por renovables abarataría el precio de la electricidad para el consumidor final, doméstico o industrial

Carlos Martinez Camarero, miembro de la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético y de CCOO

Hay quien afirma que el cierre de las centrales térmicas de carbón haría aumentar los precios de la electricidad. Incluso el exministro de Energía Alvaro Nadal llegó a afirmar que cerrar las centrales térmicas de carbón y sustituir esa producción por gas haría aumentar los precios de la electricidad un 15%.

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A simple vista se trata de un cálculo interesado y exagerado porque los precios del carbón y del gas en los mercados internacionales tienen una diferencia, aunque con oscilaciones, de un 5-7% y su diferencia nunca podría suponer un aumento de la factura de esas proporciones. La razón es que esta subida afectaría al precio del mercado mayorista, pero este supone aproximadamente solo un 40% del precio final de la electricidad, que está también compuesta por los peajes fijos que suponen el 60% restante, por lo que el incremento no podría ser tan elevado.

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A esta cuestión puso números el Grupo de Investigación de Economía de la Energía de la Universidad Carlos III de Madrid. Utilizando el simulador denominado Energeia, software que ya había utilizado la antigua Comisión Nacional de la Energía (CNE) para otros informes, estimaron que en ese supuesto de sustitución de centrales de carbón por gas el precio en el mercado mayorista de electricidad podría haber subido en 2017 entre un 3,3% y un 3,6% lo que equivale a entre un 1,3 y un 1,5% del precio total de la electricidad.

Pero nadie piensa que las centrales de carbón vayan a cerrar de inmediato, sino que lo harán a lo largo de los próximos años por efecto de la aplicación de la directiva europea de grandes instalaciones de combustión, del aumento del precio del CO2 en el mercado de comercio de derechos de emisión y de medidas fiscales que se pueden implantar o por otras razones de tipo económico o de política climática.

Y en paralelo, a lo largo de los próximos años es previsible que se instale en España una potencia eléctrica considerable de energías renovables que pueda sustituir en la generación de electricidad a gran parte de las fuentes convencionales que ahora existen. En primer lugar se prevé que antes de 2020 entren en funcionamiento 8.000 Mw nuevos de potencia fotovoltaica, eólica y de biomasa, derivados de las subastas que hubo en 2016 y 2017. Además para 2030 habrá que aumentar mucho dicha potencia renovable para cumplir con la futura Directiva Europea de Energías Renovables que, según se ha aprobado recientemente tiene un objetivo del 32% de estas tecnologías en el consumo de energía final (ahora estamos en España en un 17%).

El Grupo de Investigación de la Universidad Carlos III estimó también que si se sustituyeran las actuales centrales de carbón por el equivalente de renovables, unos 9.259 de eólica y 9.250 de fotovoltaica –que es un cálculo extremadamente conservador para lo que va a ser necesario instalar en 2030 para cumplir con los mencionados compromisos europeos–, los precios de generación caerían un 25% en el mercado eléctrico y un 7% para el consumidor final.

Es decir, que la sustitución de carbón por renovables abarataría el precio de la electricidad para el consumidor final, doméstico o industrial, seguramente bastante más de lo que ha calculado este grupo de investigadores si tenemos en cuenta que la potencia a instalar de renovables va a ser mucho mayor de lo previsto en ese estudio.

Esto responde a que la generación de electricidad con algunas tecnologías renovables es actualmente, y lo será más en un futuro cercano, mucho más barata que con combustibles fósiles. La previsión de numerosos estudios de prospectiva es que los costes de la energía fotovoltaica, de la eólica, e incluso de la solar termoeléctrica que hasta ahora ha necesitado subvenciones, disminuirán aún más en la próxima década.

Esto dibuja un escenario en el que incluso la sustitución del parque nuclear español por energías renovables a lo largo del período 2023-2028 tendrá un efecto beneficioso en los precios de la electricidad, en función del despliegue de las tecnologías renovables.

Y todo ello sin considerar que los altos precios de la electricidad que tenemos en España derivan fundamentalmente de un sistema marginalista de formación de precios en el mercado eléctrico que retribuye a todas las tecnologías por igual con independencia de sus costes de operación y que si se reformara y racionalizara ese sistema también podrían bajar los precios de la electricidad.