La ideología del millonario

La ideología del millonario lleva tiempo contando con todo tipo de recursos, también públicos, para subvencionar, difundir y aplicar toda una “visión” del mundo: desde las escuelas hasta los centros de trabajo pasando por los anuncios y los departamentos de Universidad, la ideología hace acto de presencia. Esa visión tiene su propio concepto de justicia, seguridad, libertad e igualdad, así como de cooperación y competencia. A diferencia de lo que suele pensarse, las ideologías no son simples engaños que alienan a la gente, son sobre todo los motores pasionales que dotan de sentido a nuestra vida social compartida. La ideología del millonario está pensada para quienes no lo son. Que quienes nada tienen voten a quienes se lo quitan todo y que los más débiles voten a los más fuertes, puede ser racional dentro de la irracionalidad. Cuando Pablo Casado anuncia una bajada en el impuesto de sociedades y la supresión del impuesto de sucesiones, intenta proyectar un imaginario que va mucho más allá del núcleo particular de los directamente beneficiados, con la intención de convertirse en una perspectiva general incluso entre quienes salen perjudicados.

Los caminos de la identificación y las imágenes son inescrutables: un parado podría asumir un mensaje de seguridad y meritocracia, señalando a los inmigrantes y denunciando la existencia de los parados que se aprovechan. Podría pensar que la mejor forma de obtener un trabajo es poniéndoselo fácil a quienes “crean la riqueza”, porque lo que él quiere es trabajar. Un parado podría indignarse más con el independentismo catalán que con los recortes en las prestaciones. Alguien que gana 18.000 euros al año puede sentirse identificado con la supresión del impuesto de sucesiones, porque se pone en su lugar (y aspira a estar en ese lugar) y le indigna que haya que “pagar dos veces por la misma riqueza.”

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Con la inmigración ocurre algo parecido; todos los datos nos dicen lo contrario a lo que observamos, ni hay en 2018 una crisis migratoria, ni el porcentaje de inmigrantes que viven en nuestros países es especialmente elevado, ni nos quitan un trabajo que no existe, ni chupan de las ayudas sociales etc… Sin embargo, la centralidad de la discusión es imaginada de forma distinta y dado que hacemos lo que imaginamos porque nos lo imaginamos haciéndolo, podemos concebir las cosas como presentes al margen de que no existan. La veracidad y la verdad no siempre coinciden, la segunda puede convertirse en algo contrario a la primera independientemente de los datos y las evidencias. Una verdad creada jamás se desmonta tratando de demostrar que es mentira; solo es posible creando otra verdad más fuerte.

PP, Vox y C’s compiten por ver cuál es más reaccionario en lo social, guerracivilista en lo territorial, ultraliberal en lo económico y trumpista en lo migratorio. Casado busca afianzarse como líder para cerrarle el paso a Vox y desactivar a Rivera. Casado busca reforzar su posición polarizando con la moral de la izquierda, buscando la síntesis thatcheriana de liberalismo y valores conservadores, entre la familia y el mercado: España, familia y capital. El proyecto del neoliberalismo reaccionario, que sustituye al progresista, no se va a “desmontar” ni desenmascarar con argumentos, tampoco resistiendo; solo generando otra perspectiva y otro futuro más deseable; ahí el feminismo y el ecologismo son la principal ofensiva para diseñar un proyecto civilizatorio fundado sobre otra visión libertad, justicia, seguridad, familia, bienestar e igualdad. La contrarrevolución neoliberal fue un ejemplo sobre cómo convertir en real lo que en su momento era impensable haciendo aikido con el 68. Resistir en lo pasado siempre es el preludio de una derrota futura, de ahí que no sea cierto que haya que resistir por falta de fuerza para imaginar otra cosa, es al revés, no hay fuerza para imaginar un futuro cuando todo se ciñe a resistir lo pasado. Urge una ideología del bienestar que dispute el presente para ganar el futuro.