El hombre más solo del mundo

  • Un tipo capaz de vivir solo, completamente solo, en pleno siglo XXI, al margen de la sociedad del bienestar, es, evidentemente, un peligro público
  • ¿Imaginan que le diera por abandonar la selva y convertirse en influencer, y lograse convencer a los humanos intelectualmente más frágiles de que se puede vivir más despacio y con muy poco?

La noticia del verano, de lo que va de verano, ha sido sin duda alguna la publicación de las borrosas imágenes del hombre más solo del mundo, un documento informativo sin parangón. Ya se que está usted pensando en Pedro Sánchez, pero el personaje de quien quiero hablarle se encuentra, por mucho que le cueste creerme, aún más solo que el líder socialista. Se trata de un individuo, el último de su tribu, que sobrevive en una de las regiones más peligrosas de la jungla. Acorralado por infinitas amenazas, con enemigos de distintas calañas y diferentes intereses, tiene un futuro incierto. “¿Seguro que no es Sánchez?”, insistirá el lector bromista.

El hombre más solo del mundo ha abierto los informativos de televisión de todo el planeta, y ha ocupado las portadas de los diarios más prestigiosos. Se sabe que ronda los 50 años, que ha pasado los últimos 22 en solitario, que goza de buena salud y que no gasta demasiado ni en ropa ni en peluquería: en el vídeo, de infecta calidad y solo 86 segundos de duración, aparece en la amazonía brasileña cortando un árbol con un taparrabos y unas greñas que le llegan al trasero. Podría muy bien ser un grunge podando el jardín, pero es El hombre del hoyo, que así llaman los antropólogos a este huraño y montaraz individuo.

Un tipo capaz de vivir solo, completamente solo, en pleno siglo XXI, al margen de la sociedad del bienestar, es, evidentemente, un peligro público. Es imposible esquivar el progreso, la civilización, y pretender seguir siendo homo sapiens. Un ser humano que no tiene perfil en Facebook, carece de personal shopper, no compra en Amazon, no vota al bipartidismo o no es socio de Netflix y ve series de manera compulsiva, en realidad no es un ser humano. Es una bestia salvaje, y un grave riesgo para el maravilloso mundo que hemos construido con tanto esfuerzo y sacrificio.

¿Imaginan que le diera por abandonar la selva y convertirse en influencer, y lograse convencer a los humanos intelectualmente más frágiles de que se puede vivir más despacio y con muy poco? Es decir, sin televisión, sin ocho horas de trabajo tedioso, sin redes sociales, sin créditos, sin votar, sin pagar impuestos… ¡La revolución, el caos, la hecatombe! Gracias por tanto a los medios de comunicación por desenmascarar a semejante anarquista, violar su intimidad y sus deseos de soledad, y mostrarle ante la humanidad como lo que es: un cruce de primate y terrorista, una amenaza para nuestro sagrado modo de vida.

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