Vivienda en España: autoorganización, lucha y efemérides inolvidables

  • Hablar de vivienda en España es hablar de especulación, de abusos económicos, de desahucios y de dramas personales y familiares.
  • Sin apenas tiempo para salir del shock, comenzaron a surgir movimientos sociales autoorganizados.

Marco Candela, diputado por Podemos en la Asamblea de Madrid.
Javier Cañadas, miembro de la Secretaría de Organización Autonómica de Podemos Comunidad de Madrid.

Hablar de vivienda en España es hablar de especulación, de abusos económicos, de desahucios y de dramas personales y familiares. De endeudamiento de por vida, de estafas y de sueños rotos. Hablar de vivienda en nuestro país es, a veces, sinónimo de llorar e incluso de morir.

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Para una sociedad sana y evolucionada resulta inadmisible que el ejercicio de este derecho fundamental pueda derivar en algo tan dramático para muchas personas. Es cruelmente incoherente que una de las bases esenciales para la construcción de cualquier proyecto vital emancipado acabe convirtiéndose, en ocasiones, en una auténtica pesadilla cuyo peor exponente sea tal vez su normalización.

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Hace tan sólo unas semanas se cumplía el décimo aniversario de la caída de Lehman Brothers a raíz de la crisis de las hipotecas basura en los Estados Unidos que provocó la crisis mundial. Esa fue una de las peores noticias de las últimas décadas por la gran afectación que supuso para amplios sectores de población y por las consecuencias derivadas en la economía global. Una vez más se evidenciaba la certeza de que los riesgos de la globalización neoliberal son, sin duda, más grandes que sus presuntos beneficios.

El panorama desolador que dibujaba aquella fractura económica y social tuvo su fiel reflejo en todo el mundo. Y muchas y muchos fuimos testigos, por implicación directa o por asistencia pasiva, del caos que se desató después y que acabó por afectarnos a todos. Basta con recordar a las víctimas de aquella locura -provocada por la desmedida ambición del capitalismo salvaje cuando se apodera de los bienes esenciales en complicidad con los gobiernos neoliberales- para comprender el alcance de la tragedia que han vivido (y aún sufren hoy) las miles de personas afectadas.

El presente de aquel caos se dibujaba cruel, injusto y dramático. Y amenazaba también con proyectar su miserable sombra hacia el futuro inmediato. Fue entonces cuando algunas despertaron. Sin apenas tiempo para salir del shock, comenzaron a surgir movimientos sociales autoorganizados. En la mayoría de los casos sin medios y sin apoyos, cuando no directamente denostados y desprestigiados por los mismos que habían provocado el drama. Su batalla era la supervivencia, sobrevivir cuando se ha perdido todo: empleo, hogar, ahorros; todo.

Muy pronto se cumplirá también el décimo aniversario de la creación de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) en España. Un movimiento popular, tan humilde como férreo, que en menos de una década y a base de batallar ha logrado levantar un potente dique de contención con el que intentar frenar las avenidas, los embates y las dentelladas de los tiburones del mercado inmobiliario, de todos los buitres carroñeros que levantan sus imperios económicos sobre el dolor y el sufrimiento humano. Y aún queda mucho por hacer.

Falta romper el techo que impone el encorsetado y desfavorable marco legal español en el que tienen que desenvolverse estas organizaciones. De hecho, esta es una de las razones por las que este tipo de colectivos se ven obligados, con demasiada frecuencia, a acudir a instancias e instituciones internacionales para que se corrija la labor jurisdiccional de los jueces españoles, girándola en la dirección de la defensa de los derechos fundamentales de los deudores hipotecarios y demás desahuciados.

La PAH es el resultado de la propia organización de las afectadas. Y ese es precisamente el principal valor de todas las conquistas que se han alcanzado en esta guerra que estalló hace diez años y que deviene en la indefensión absoluta de los afectados frente a las ejecuciones hipotecarias y a los desahucios. La autoorganización es la clave.

El pasado 18 de septiembre, tras la inadmisión de la ILP en la Asamblea de Madrid hace un año (provocada por la oposición del PP y de su muleta naranja en el Gobierno regional) el Congreso de los Diputados votó finalmente a favor de admitir a trámite la “Ley de la PAH” registrada en la Cámara baja por el grupo parlamentario confederal de Unidos Podemos. Y todo ello a pesar de los votos en contra que repitieron también en ese escenario tanto el PP como Ciudadanos, acompañados por la abstención del PNV, en un gesto histórico que volvió a retratar, una vez más, a los patriotas de pandereta envueltos cada cual en su bandera mientras su patria sufre.

Esta importante conquista hubiese sido inimaginable hace muy poco tiempo. Un tiempo en el que el bipartidismo campaba a sus anchas por el hábitat político español haciendo -o más bien deshaciendo- a su antojo sobre la vida de las personas. Por ello, este triunfo tiene un valor y un sabor muy especial. Y no es el único.

Recientemente conocíamos también la segunda sentencia que declaraba ilegal y anulaba la venta de 2.935 viviendas del IVIMA al fondo buitre Goldman Sachs, en base a una demanda de los afectados. La mayor parte de estas viviendas, cuya venta fue autorizada por el ejecutivo del convicto Ignacio González, se encuentran en municipios del sur y el este de la Comunidad de Madrid y sus inquilinos han tenido que vivir durante años bajo la presión de la incertidumbre que representa el riesgo de perder sus hogares. De nuevo la autoorganización ciudadana ha resultado clave. El apoyo de Unidos Podemos también. Seguimos.