El bloqueo contra Cuba: una prolongada violación de los derechos humanos

  • En el ámbito del turismo, ha descendido en un 50% el flujo de visitantes norteamericanos en función del recrudecimiento del bloqueo y empresas como Booking.com o Expedia.com han dejado de trabajar con Cuba por el mismo motivo
  • De igual forma, la incapacidad de adquirir técnicas y materiales de explotación ganadera supone para Cuba no producir 2.050 toneladas de carne porcina anual

Miguel Ángel Bustamante es diputado de Unidos Podemos en el Congreso

La historia no por conocida deja de ser sorprendente. Corría el 1 de enero de 1959, cuando un grupo de jóvenes revolucionarios derrocaba por la vía de las armas al sanguinario dictador y títere de EEUU en Cuba, Fulgencio Batista. Se cumplía así, 100 años después de su nacimiento, el sueño de José Martí: una Cuba soberana e independiente dueña de su propio destino.

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La triunfante Revolución se encontraría, no obstante, con un panorama desolador al que hacer frente desde sus inicios: una economía dependiente de los grandes monopolios norteamericanos, un sector agrícola basado en el latifundio y el monocultivo, inaccesibilidad a asistencia médica para las clases populares, crisis habitacional en las grandes ciudades, analfabetismo, generalización de enfermedades infecciosas curables en el medio rural… Y todo ello se agravaba con la huída de la oligarquía cubana (con los fondos del estado bajo el brazo) y de un amplio sector de profesionales cualificados.

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El Movimiento 26 de julio, organización que encabezaba la lucha anti-batistiana, había venido popularizando, durante los años de lucha armada y clandestina contra la dictadura, un programa con medidas de choque para enfrentar esta situación. Un plan que pasaba por la subida general de salarios, el control de precios por parte del Estado, la alfabetización, la generalización de la sanidad en zonas rurales, la bajada de precios en los alquileres y una reforma agraria integral que acabara con el trabajo en condiciones de semi-esclavitud.

Por sorprendente que parezca, pese a las adversidades, los revolucionarios cubanos liderados por Fidel Castro no solo no iban a olvidar las consignas y proclamas lanzadas durante la dura lucha contra Batista, sino que enseguida se pondrían manos a la obra para hacerlas realidad, alcanzando rápidos y sonados éxitos, como la campaña que terminó con el analfabetismo en la isla. Logros que conseguirían mejorar la vida de la mayoría social cubana a costa de los intereses de los inversionistas estadounidenses y de la oligarquía cubana, que desde un principio vieron con rechazo y preocupación esa Revolución que les hacía perder sus privilegios en favor del pueblo.

Es en este contexto en el que nace el bloqueo económico, financiero y comercial a Cuba como un arma más en la política norteamericana de agresión contra la pequeña nación caribeña que, ya a mediados de 1960, había comenzado a sufrir maniobras para propiciar un “cambio de régimen en Cuba”, mientras en Washington se creaba un “grupo de trabajo” específico para estudiar el mejor modo de conseguirlo (sabotaje económico, acciones terroristas, magnicidio, invasión directa…).

Embargo o bloqueo

Si acudimos a un manual de derecho mercantil y buscamos qué significa el concepto “embargo”, nos podremos encontrar una definición tal que así: “Es la retención o secuestro de bienes por mandamiento judicial. Puede ser de carácter preventivo (cuando los bienes son objeto de un litigio) o ejecutivo (cuando los bienes se incautan para saldar una deuda justificada legalmente)”.

El bloqueo se define, por el contrario, como “toda aquella medida que sirva para cortar, cerrar, incomunicar un terreno determinado con el exterior para lograr la rendición del sitiado por la fuerza o el hambre”.

Mientras que el embargo aparece como una represalia, que puede llegar a ser legítima, el bloqueo es siempre un arma de guerra y, por tanto, una violación del derecho internacional y de los derechos humanos.

Históricamente, Estados Unidos ha tratado de disfrazar su bloqueo a la mayor de las Antillas como un embargo, utilizando como justificación las nacionalizaciones de empresas y propiedades norteamericanas realizadas por el Gobierno Revolucionario Cubano a lo largo de la década de los 60. De tal forma, se pretende presentar a la comunidad internacional como una medida legítima lo que no es más que un acto de guerra.

En primer lugar, EEUU carece de legitimidad a la hora de reclamar posesiones en Cuba. No en vano, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en su resolución 1803, establece el derecho de los pueblos y las naciones a la soberanía permanente sobre sus riquezas y recursos naturales en interés del desarrollo nacional y el bienestar del pueblo. De igual forma, la doctrina de la ONU establece la posibilidad de indemnizaciones a los inversores extranjeros en función de las leyes nacionales y del valor real de la inversión.

En segundo lugar, la represalia establecida por el embargo debe ser proporcional al daño que supuestamente se ha causado.

Vemos, pues, que en este caso no hay condiciones para calificar las medidas del gobierno norteamericano como embargo económico, ya que no existe daño alguno cometido por Cuba y, además, las acciones adoptadas por EEUU exceden con creces ese supuesto daño.

El intento por parte de la primera potencia mundial de legitimar su actuación frente a la comunidad internacional y esconder bajo un manto de propagando sus agresivas e injerencistas políticas contra la República de Cuba no se sostienen de ningún modo.

El bloqueo: principal obstáculo para el desarrollo humano y económico de Cuba

Una mirada apresurada nos apuntaría algunas de las carencias y déficits que existen en Cuba. No obstante, 500 años de colonialismo, el hecho de ser un país pobre en recursos naturales y el impacto terrible de seis décadas de un bloqueo cruel nos podrían permitir superar la visión miope que muchos turistas se llevan, a menudo, de una visita corta y sesgada a la isla.

Afirmar que cualquier ámbito de la vida cotidiana cubana está afectado de alguna manera por el bloqueo norteamericano se queda corto a la luz de los fríos datos estadísticos que a este respecto pone sobre la mesa, de manera rigurosa, el Gobierno cubano.

En el minucioso informe que Cuba aporta a Naciones Unidas en estos días, se estima en 933.678 millones de dólares el impacto total de más de seis décadas de bloqueo, de los cuales 4.321.200 de dólares, responderían al lapso de tiempo entre junio de 2017 y marzo de 2018.

A pesar de ello, la economía cubana ha venido creciendo en las últimas dos décadas entre un 5% y 9% cada año, consolidando las conquistas sociales de la Revolución (sanidad universal, educación a todos los niveles, pleno empleo, acceso a bienes deportivos y culturales a bajo precio, servicios básicos garantizados por el Estado como el agua o la electricidad…).

Pero, aún así, en Cuba hasta la más pequeña y cotidiana actividad está condicionada por el bloqueo. Por ejemplo, si usamos unos garbanzos para hacer un cocido, aunque los hayamos comprado en un pequeño mercado local a bajo precio (al estar subvencionados por el Estado), a éste le ha costado 7 veces más adquirirlos en el mercado internacional y además ha pagado el flete, probablemente desde Uruguay.

Si, por ejemplo, un hospital necesita una nueva máquina de resonancia magnética, deberá adquirirla a través de un intermediario, asegurarse de que no contiene ninguna pieza o componente norteamericano y pagarlo al contado, sin posibilidad alguna de financiación. Por desgracia, si necesita comprar un fármaco de nueva generación para el tratamiento del cáncer infantil, que evite los vómitos recurrentes de los tratamientos más anticuados, no podrá obtenerlo, salvo que reciba una dispensa presidencial norteamericana, que no suele llegar.

En el último año, más de 30 empresas norteamericanas han sido contactadas para importar insumos para la industria farmacéutica cubana (que produce el 90% de los medicamentos consumidos por el país). Ninguna de ellas ha dado respuesta afirmativa, debido al bloqueo.

También la promoción profesional se ve afectada por el bloqueo, que no permite que Cuba adquiera las diferentes publicaciones científicas y profesionales. Sin ir más lejos, una filial mexicana de la empresa estadounidense Thermo Fisher Cientifics tuvo que suspender recientemente un programa de entrenamiento de 5 profesionales cubanos en el ámbito del diagnóstico molecular de enfermedades genéticas.

Hay que recordar que estos profesionales cubanos, que se forman e investigan con dedicación y profesionalidad, van a formar parte, muchos de ellos, de contingentes de sanitarios que acuden a países olvidados a combatir epidemias como la del ébola. Constituye, pues, un crimen contra la humanidad entorpecer su formación.

A Cuba se le impide comprar óxido nítrico (que por su carácter explosivo no se puede adquirir en mercados lejanos) en EEUU, siendo un elemento fundamental para el tratamiento de la hipertensión pulmonar aguda.

Una de las principales fuentes de divisas de Cuba proviene de la venta de cigarros habanos. Estos poseen un importante mercado en EEUU que no puede ser satisfecho, sin embargo, por las empresas cubanas debido al bloqueo, lo cual acaba alimentando circuitos de venta paralelos, contrabando y profusión de falsificaciones.

Junto al tabaco, el ron es otra fuente importante de ingresos. Se estima que solamente la imposibilidad para acceder al mercado estadounidense de Havana Club implica dejar de percibir 90 millones de dólares anuales. De igual forma, la incapacidad de adquirir técnicas y materiales de explotación ganadera supone para Cuba no producir 2.050 toneladas de carne porcina anual.

Más difícil será, todavía, lograr la venta del níquel cubano a un precio de mercado, ya que el bloqueo norteamericano prohíbe la entrada de componentes elaborados con este preciado material, del cual Cuba es uno de sus principales productores.

El bloqueo limita además el intercambio cultural y científico, impidiendo que estudiantes puertorriqueños puedan hacer cursos de posgrado en Cuba y restringiendo la asistencia a eventos internacionales a estudiantes y científicos norteamericanos.

Asimismo, el bloqueo afecta al desarrollo del deporte como bien del pueblo. No sólo impide a Cuba adquirir material deportivo para competiciones internacionales o equipar debidamente a los atletas paralímpicos cubanos, sino que ha imposibilitado también a cientos de atletas norteamericanos poder participar en el Triatlón de La Habana celebrado este pasado año.

En el ámbito de la cultura, 497 artistas norteamericanos dejaron de poder desarrollar su actividad prevista en Cuba por culpa del bloqueo, limitando el intercambio cultural entre ambos pueblos. Solo en este último año, 367 músicos cubanos desarrollaron presentaciones promocionales en los EEUU sin poder recibir ingreso alguno por ellas. La industria cinematográfica cubana también se ha visto afectada, al no poder acceder al software necesario para la producción y perder el acceso al evento American Film Market.

La Biotecnología, las Telecomunicaciones y el Turismo, tres de los puntales económicos y de desarrollo de Cuba, también se ven perjudicados por el bloqueo. El Herberprot-B, un novedoso medicamento para el tratamiento del pie diabético, no puede comercializarse en EEUU. Más de 4 millones y medio de dólares de sobrecoste le supuso a la empresa FARMACUBA la imposibilidad de realizar sus transacciones en la moneda norteamericana.

Solamente en este año, la empresa cubana de telefonía (ETECSA) ha reportado una afectación de 60 millones de dólares por impacto del bloqueo. No sólo ha disminuido el número de contrataciones de servicio de roaming, sino que los pagos por el servicio de conectividad de banda ancha de Cuba a terceros se han visto obstaculizados por bancos que retienen las transacciones. O, sin ir más lejos, la OFAC ha multado con 190 millones de dólares a una compañía asiática que provee de equipamiento tecnológico a Cuba.

En el ámbito del turismo, ha descendido en un 50% el flujo de visitantes norteamericanos en función del recrudecimiento del bloqueo y empresas como Booking.com o Expedia.com han dejado de trabajar con Cuba por el mismo motivo. Afecta al turismo, igualmente, la imposibilidad de Cuba para acceder a aeronaves de empresas como Boeing, Airbus o Dassault.

Mención aparte merecen las afectaciones que sufre Cuba en el sector financiero. Las dos últimas administraciones norteamericanas se han caracterizado por perseguir con audacia las operaciones comerciales y económicas cubanas en el exterior.

Para ello han promovido numerosos multas a aquellos bancos que facilitan las transacciones comerciales cubanas o que ofrecen condiciones financieras favorables para estas. Y por otro lado, han sido numerosos los fondos cubanos congelados en el exterior, imposibilitando que numerosas operaciones esenciales para la economía cubana se puedan realizar.

Como decíamos al principio, detrás de cada hecho cotidiano en la isla aparece el condicionante del bloqueo. Cabe preguntarse qué conseguiría Cuba sin esa espada de Damocles sobre ella.

El bloqueo debe desaparecer: reclamo democrático de la humanidad

La Asamblea General de Naciones Unidas ha votado en 26 ocasiones a favor de la desaparición total del bloqueo. No es por tanto una exageración hablar de que existe un clamor democrático en favor de su desmantelamiento.

En primer lugar, por respeto a los derechos humanos de cubanos y cubanas que ven limitadas sus vidas por una política agresiva e irresponsable, a la que cabe calificar de genocida, pues tiene como objetivo último causar penuria, hambre y desesperación entre la población cubana.

En segundo lugar, por respeto a los derechos de los pueblos del mundo que quieren relacionarse con Cuba en plano de igualdad y que reciben obstáculos, multas y persecuciones por parte de EEUU.

En tercer lugar, porque EEUU carece de legitimidad alguna para establecer medidas extraterritoriales contra otros pueblos, bajo el pretexto que sea. Si a eso sumamos el hecho de que EEUU es el mayor promotor del terrorismo global, ya sea mediante la OTAN o ya sea mediante sus subcontratas islamistas en Oriente Medio, ¿qué autoridad moral puede eximir este país para justificar esta medida?

En cuarto lugar, porque cada vez son más las voces que se levantan en EEUU contra una medida irracional que perjudica a ambos pueblos. Agricultores, ganaderos, religiosos, empresarios del sector de las telecomunicaciones, personalidades de la política y la cultura, exigen la retirada de una medida que solo beneficia a un pequeño grupo de dirigentes de la extrema derecha de Miami.

Y, finalmente, el bloqueo es ante todo, una estrategia agotada, tal y como reconoció el propio presidente Obama (que por otro lado tampoco puso mucho empeño en levantarlo). En 60 años, en peores condiciones que las actuales, el pueblo cubano no le ha vuelto la espalda a la Revolución, no ha podido ser rendido por “hambre y desesperación”. ¿Cómo espera EEUU hacerlo ahora, cuando la isla ha recuperado buena parte de sus socios comerciales y está en vías de mejorar su modelo económico socialista para hacerlo más próspero y sostenible? ¿No han aprendido nada en seis décadas? ¿No ven que en Cuba hay un pueblo y una Revolución que no se dejan amedrantar y que dan lecciones de dignidad y de humanismo?

Ante la ceguera de un Trump abandonado al belicismo globalista de los asesores del “Deep State”, que, olvidando sus promesas de campaña electoral, insiste en hacer de EEUU el mayor exportador de guerras y sufrimientos del planeta, nosotros solo podemos insistir en exigir el fin del bloqueo y que se compense de manera justa al sufrido pueblo cubano, que es el mayor exportador de solidaridad y dignidad de nuestro planeta, para que pueda seguir construyendo el mundo mejor posible que todos anhelamos.