Podemos-Ahora Madrid: ¿hay una salida a la crisis?

  • Este enfrentamiento forma parte de un proceso de crisis política y descomposición interna del llamado “bloque del cambio”.
  • Tanto Podemos como Ahora Madrid han terminado por aceptar como alumnos aventajados los límites que impone el sistema.

Rommy Arce, concejala de Ahora Madrid, y Raúl Camargo, diputado de Podemos en la Asamblea de Madrid. Ambos son militantes de Anticapitalistas)

En los últimos días, Madrid se ha vuelto a convertir en el epicentro de la enésima crisis interna de Podemos. Los hechos son de sobra conocidos: el grupo de concejales de Podemos, pero también ligados a Manuela Carmena, se retiró de las primarias del partido morado. El aparato reaccionó suspendiéndolos cautelarmente de militancia; los ahora mismo ex miembros de Podemos alegaron que se habían incumplido los acuerdos de despacho al no respetar el orden en la lista de las primarias que se habían acordado previamente.

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Todo este lío podría parecer otra  pelea interna más entre “pablistas” y “errejonistas”. En parte lo es, aunque en realidad la disputa se ha desplazado hacia un enfrentamiento entre Manuela Carmena (que cobija las maniobras “errejonistas”) y el aparato de Podemos, totalmente dominado por los seguidores de Pablo Iglesias. Pero hay algo más: este enfrentamiento forma parte de un proceso de crisis política y descomposición interna del llamado “bloque del cambio”. En este artículo trataremos de apuntar algunas de las causas y proponer algunas salidas para intentar avanzar o, por lo menos, no retroceder bruscamente.

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La crisis tiene un fondo político-estratégico del que apenas se habla. Tiene que ver con el profundo cambio de rumbo que se ha producido en Podemos y en el cual Ahora Madrid, a pesar de las actuales tensiones, ha sido la avanzadilla. Podemos y Ahora Madrid nacieron como una expresión plural y no cerrada de un anhelo de transformación radical mediante el conflicto y la movilización, impugnando no solo el bipartidismo del PP-PSOE, sino también las formas de gobernanza hegemónicas en el régimen del 78. Sin embargo, tanto Podemos como Ahora Madrid han terminado por aceptar como alumnos aventajados los límites que impone el sistema con el abandono de los elementos programáticos que cuestionaban el poder económico de las élites, buscando un pacto estable con los sectores “progresistas” de la clase dominante representados por la cúpula del PSOE. El discurso ha ido mutando imperceptiblemente: palabras como “ruptura democrática” o “expropiación” han desaparecido del lenguaje cotidiano de la “nueva política”.

Este giro profundo ha tenido consecuencias evidentes en el plano interno. Y no se trata solo de la progresiva purga de los sectores más consecuentes; ha sido responsable del vaciamiento y de la descomposición de las estructuras de base. Para imponer un modelo en el que tuvieran plenos poderes, cada vez más presidencialista, tanto Manuela Carmena como Pablo Iglesias han impuesto un modelo plebiscitario. Para ello, necesitaban expulsar de las estructuras del partido a toda esa gente activa que quería hacer política para que no se la hagan otros. Gente incómoda porque cuestionaba el giro tecnocrático de la política, pero que fue fundamental en la victoria de Ahora Madrid y en el auge de Podemos.

La excusa fácil de estos sectores ha sido decir que esa desafección es cosa de los militantes revolucionarios, demasiado radicales e intransigentes. Pero los militantes revolucionarios no se van a casa; el drama de toda esta línea anteriormente descrita es que miles de personas que nunca habían participado en política y que lo hicieron a través de Podemos y Ahora Madrid se han retirado de la escena política. Esa crisis se ve en los actos de Podemos; un partido con votantes y un enorme aparato, pero con una debilidad manifiesta a medio plazo por abajo. Se verá en la próxima campaña electoral: fue la épica de la coyuntura, la movilización, lo que hizo ganar a Ahora Madrid. La épica se va. Cuando se va, queda la estrategia y la organización. La estrategia de Podemos y la de Ahora Madrid es incapaz de activar a nadie, solo genera desafección porque carece de horizonte más allá de la inercia de políticas heredadas, la gestión del presente y el pragmatismo paralizante; destruye la posibilidad de crear organización porque solo puede aplicarse destruyendo la posibilidad de la organización. Un bucle infernal que solo sirve para que los aparatos se reproduzcan sin dar cuentas ante nadie, porque no hay nadie al que contarle nada.

Si apenas hay diferencias políticas de fondo entre Manuela Carmena y Julio Rodríguez. ¿Dónde está el problema? Pues hay una batalla por los puestos y por el control de la candidatura. Aunque Podemos haya contribuido a crear una monarquía en el Ayuntamiento en torno a Manuela Carmena, necesita una conexión orgánica entre su aparato y el Ayuntamiento que Rita Maestre y el resto de concejales suspendidos ya no están en condiciones de garantizar, porque se deben más al favor de Manuela Carmena que al del aparato de Podemos. Pues sí: la lucha por los puestos, descarnada y sin concesiones, ha llegado a la nueva política.

Sin embargo, hay que buscar soluciones a los problemas. Hay dos cuestiones que deben plantearse con claridad y discutirse abiertamente. En primer lugar, reconocer que los proyectos políticos ya no son coincidentes. Manuela Carmena y su equipo, avalados por la dirección de Podemos, han ignorado el programa con el que se ganó las elecciones; el bloque conformado por Izquierda Unida y los concejales de Anticapitalistas y del mundo de la autonomía, con todos los matices que se quieran entre ellos, han defendido el proyecto fundacional. Lo lógico sería que estos proyectos fuesen capaces de aliarse en lo electoral reconociéndose como distintos y discrepantes. Sin embargo, la actitud excluyente de Manuela Carmena y de su equipo, así como la sumisión de Podemos, rehúyen esa posibilidad y prefieren apartar a ciertos sectores antes de optar por un proceso de composición democrático que integre a todas las partes. Al final, como no hay mecanismos para resolver democrática y políticamente estos debates, todo se termina reduciendo al problema de los puestos y acaba saltando por los aires. La democracia no es solo un ejercicio de libertad: es también la mejor y única forma de resolver los conflictos inherentes a la pluralidad sin reducirlo todo a una unidad incompleta. Por desgracia, es algo que el personalismo populista de la nueva política es incapaz de entender y así, progresivamente, acelera su proceso de implosión dejando a cada vez más gente fuera.

El segundo problema que se plantea es que si no hay una candidatura unitaria y plural, va a ser difícil ganarle a la derecha.  Por mucho que los nuevos progresistas se empeñen en repetir que las elecciones se ganan excluyendo a los sectores radicales y girando hacia el centro izquierda, lo cierto es que en unas elecciones tan ajustadas como las que se prevén, todos los sectores serán decisivos. La desafección de un sector de izquierdas no se compensará automáticamente con la agregación de otro más moderado. Si la derecha gana la ciudad, cada cual tendrá que asumir sus responsabilidades, sobre todo los que se han negado a repetir la fórmula que funcionó en 2015.

Sin embargo, parece difícil que se repita Ahora Madrid: los sectores vinculados a Manuela Carmena han decidido desde hace tiempo impedirlo y los sectores críticos hemos sido incapaces de generar una relación de fuerzas que permitiera cambiar el rumbo. Si esta opción se bloquea, hay que ser realistas y plantearse los problemas tal y como nos vienen dados.

Los sectores que han mantenido una coherencia con el programa electoral de 2015 tienen varias opciones. Por ejemplo, IU puede aceptar las imposiciones de Manuela Carmena e integrarse en una lista con perfil bajo y defendiendo un proyecto político hoy por hoy desconocido pero que todo apunta a que no tendrá nada que ver con el que aupó a Ahora Madrid en el 2015. El riesgo es alto: ni sus bases están dispuestas a tragar lo que sea ni en los movimientos donde participa Izquierda Unida esta maniobra sería bien recibida.

Lo que está claro es que, ante esta situación de descomposición y crisis permanente (que se puede acelerar si no se ganan las elecciones municipales), urge plantearse un nuevo proyecto municipalista para la ciudad de Madrid que no pase necesariamente por lo electoral en el corto plazo. También que debata y discuta con todo el pueblo de izquierdas, planteando debates públicos de forma honesta y clara, así como posiciones programáticas ajenas a la gestión “progresista” del sistema que ofrece Manuela Carmena y que Podemos no parece dispuesto a impugnar políticamente. Las formas organizativas que adquiera este nuevo proyecto municipalista, así como sus posibles alianzas en el terreno concreto y su composición están todavía por ver. Pero en estos tiempos de ira e inestabilidad, no tenemos el derecho a dar un paso atrás.