La gamificación de la sociedad

  • La crisis estimula que se juegue por la ilusión de obtener premios que permita salir del agujero o al menos aliviar las dificultades

 “Una cosa es cierta: que de cada ciento gana uno. Pero eso ¿a mí que me importa?”

El jugador, de Fiódor Dostoievski

Históricamente se constata que en las épocas de crisis económica crece el juego y se expanden las religiones. La razón es simple: las dificultades alimentan las ilusiones, la religión ofrece soluciones mágicas y el juego produce expectativas de éxito. Tiene su lógica. La desesperanza, los apuros económicos, la falta de una perspectiva positiva… producen un efecto de búsqueda de resultados rápidos, de golpes de suerte para abandonar las situaciones difíciles, de encontrar algo en lo que creer cuando se pierde la confianza en sí mismo. Lo dicen los sociólogos y los psicólogos: los sectores más vulnerables se aferran a sus creencias y a tercas e infundadas esperanzas.

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Si nos centramos en el juego, vienen a la memoria la proliferación de las apuestas durante la Gran Recesión de los años treinta o incluso series como Peaky Blinders. Muchas veces está asociado a actividades ilegales, pero otras son loterías y juegos que organizan los propios Estados. Ahora adopta muchas formas. Están las clásicas lotería, quiniela, bonoloto, casinos, cupón ONCE… Desde el proceso de legalización de las casas de apuestas y casinos online en España que se inició con la Ley 13/2011, está incluido el juego online (las apuestas deportivas, el póker, la ruleta y el bingo online), una modalidad hasta entonces poco asentada en España y que se ha convertido en la modalidad preferida de los jugadores más jóvenes. Pero el fondo de la motivación es la misma: la crisis estimula que se juegue por la ilusión de obtener premios que permita salir del agujero o al menos aliviar las dificultades

En los últimos años hemos asistido a la proliferación en España de locales de juego y apuestas. Es muy sintomático que los lugares donde más crecen son los barrios humildes. Ya me lo venían contando los alumnos en Vallecas, con brillo en los ojos, una impulsividad a flor de piel y la excusa de que controlaban. Se junta la necesidad de hacer algo de dinero, la creencia de que pueden ganarlo aprovechando, por ejemplo, los conocimientos del futbol, y que las empresas regalan cantidades para empezar a jugar (y para enganchar) como si fuera droga gratis hasta que se genera la adicción. Se facilita el juego al poderse apostar en los salones o a través del móvil, algo que resulta más adictivo incluso que el juego presencial. El resultado del juego es fabricar ludópatas y entonces, esta adicción que ha surgido de manera invisible, se convierte en un grave problema social.

El tema no es ninguna broma si vemos las cifras. El crecimiento del volumen de juego por Internet en España ha sido meteórico y se han multiplicado por cuatro con la ley del Juego de 2011. En 2018, existen 812.000 jugadores activos de media mensual, lo que supone un aumento del 30,71% respecto al año anterior. Hay 3.130 casas de juego. En 2017 los clientes de juegos de azar invirtieron 41.827,6 millones de euros, la cifra más alta jamás registrada. El juego real en apuestas deportivas se ha multiplicado por casi un 2,5 en seis años. En 2012 las cantidades jugadas a través de Internet suponían 2.726 millones y en 2016 ascendían a 10.885 millones. Según la Dirección General de Ordenación del Juego solo en el segundo trimestre de 2018 se han realizado apuestas online por un valor de 4.165 millones de euros, un 27% más que el mismo trimestre del año anterior, y de 4.251 millones en el tercer trimestre.

Es tremenda la agresividad de la publicidad, el gasto y la utilización de referentes sociales especialmente de cara a los jóvenes. En el tercer trimestre de 2018 la inversión en publicidad fue de 75,86 millones. En cuanto a famosos que participan en la venta del juego, destacan deportistas como Casillas y Cristiano Ronaldo, presentadores de TV como Carlos Sobera y otros actores conocidos. Ya les vale. El mercado y la supuesta libertad no pueden amparar todo. Es muy difícil pedir ética a empresas sin escrúpulos que solo quieren ganar dinero. Pero es muy fuerte lo de estos personajes afamados haciendo de gancho. Y cuando falta la ética, tiene que aparecer la norma que regule y proteja a la ciudadanía. No se entiende que haya limitación para la publicidad del tabaco o el alcohol y exista barra libre para la publicidad del juego que, aunque teóricamente está prohibido a menores, en la práctica están muy expuestos y consiguen jugar.

Por ello, es importante que en el acuerdo entre el Gobierno y Unidos Podemos sobre los Presupuestos Generales del Estado para 2019 se incluya el punto 13 dirigido a proteger a la sociedad de los juegos de azar, las apuestas en línea y de la ludopatía. Se acuerda la aprobación de una regulación de la publicidad del juego de azar y apuesta en línea de ámbito estatal similar a la de los productos del tabaco.

También, hace pocas semanas, el Congreso de los Diputados ha aprobado una moción presentada por Unidos Podemos (con la sola abstención del PNV) sobre los juegos de azar y las apuestas. En ella se llama al Gobierno a actuar de forma urgente para prohibir la publicidad en los medios de comunicación y por personajes famosos, las casas de apuestas cerca de institutos y colegios, las promociones o regalo de crédito como enganche, así como la mejora de la oferta de ocio dirigida a los jóvenes.

Lo cierto es que estamos ante un serio problema social y ya han empezado a movilizarse los barrios. Un ejemplo, el pasado octubre lo hicieron los vecinos de Tetuán en Madrid. No es para menos. La proliferación de las casas de apuestas y los problemas sociales y familiares que producen se reflejan en esta denuncia que hace el sacerdote Javier Baeza de la parroquia de San Carlos Borromeo de Vallecas: “Estamos atendiendo a familias de chavales que se buscan la vida con pequeños hurtos para poder apostar. Lo que hicieron sus padres y madres para poder sobrevivir, pero ahora para apostar”. Urge abordar los peligros del juego en una sociedad en descomposición y en sectores importantes de una juventud sin causa.