Convencer en lugar de combatir

  • El verbo no es “combatir”, si los criminalizamos, insultamos, despreciamos, solo conseguiremos que se cierren en su mundo falso y equivocado
  • No, no estamos en guerra contra el fascismo. Sencillamente tenemos vecinos, familiares y compañeros de trabajo a los que les han engañado y mentido

La irrupción de Vox ha generado una reacción de lo más simplista desde la izquierda: “Vamos a combatir el fascismo”. Me temo que es tan simplista como vacía e inútil. En el programa Salvados de Jordi Évole dedicado por compelto a Vox pudimos oír a los andaluces que los votaban: Gente sencilla, que le gustan los toros, que querían que las fronteras de España siguieran siendo las actuales, que aplauden y se sienten orgullosos de la policía nacional, la guardia civil y la legión, que están orgullosos de su religión, que creen que los emigrantes les quitan el trabajo y las prestaciones públicas y que están convencidos de que Franco no hizo las cosas mal. Incluso uno citó en inglés la frase “I Have a Dream”, de Luther King. ¿Están equivocados los votantes de Vox? Por supuesto. ¿Manejan información falsa? Evidentemente. ¿Su nivel cultura es deplorable? Pues claro.

Pero el verbo no es “combatir”, si los criminalizamos, insultamos, despreciamos, solo conseguiremos que se cierren en su mundo falso y equivocado. Si gritamos nuestro odio hacia ellos ya no podemos acusarles de ser ellos los que odian. Probablemente sus dirigentes son miserables, pero a esos votantes creo que debemos convencerles, explicarles, mostrarles las mentiras con las que les han engañado.

Los votantes de Vox están convencidos que el franquismo mejoró las condiciones sociales de la gente y no asesinó a miles de españoles, pero es lo que hemos permitido que se dijera en nuestras televisiones durante los últimos mees. Los cuerpos de seguridad que los de Vox jalean son los mismos que el resto pagamos con nuestros impuestos.

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Los de Vox dicen 'Viva la legión' y yo les pago el sueldo. Y la Iglesia que tanto reverencian es a la que nuestros sucesivos gobiernos financian y les perdonan los impuestos. Quizás tampoco nuestro sistema ayude mucho a orientarles.

Antonio Maestre recuerda en La Marea que “la polarización del debate siempre es favorable a aquellos que se sitúan en los extremos del conflicto, fomentar esa polarización es lo primero que cualquiera que vive en los extremos desde los márgenes intenta y aprovecha”. Pone como ejemplo que los terroristas de Daesh se nutren de la confrontación entre salvadores e infieles. Cuanto más islamofobia se siembre más abono damos al terrorismo islámico.

Cuanto más insultemos a los votantes de Vox más seguros, cercanos y acogidos se sentirán entre ellos mismos. Mientras la izquierda dice “vamos a combatir el fascismo”, que es una frase vacía, los de Vox apelan a emociones profundas, tradiciones diarias y ancestrales, instintos territoriales y símbolos identitarios; y a unas lentejas que creen que les roba el inmigrante.

La izquierda dice “vamos a combatir el fascismo” y luego ni acude a votar, que es la única forma táctica a corto plazo de combatir ese fascismo. Como ha señalado Guillermo Fernández en Cuarto Poder, es de una torpeza absoluta que el partido que hace unos años iba a cambiar el país, a “asaltar los cielos”, se haya quedado para parar a la extrema derecha con el eslogan “combatir al fascismo”, un “fascismo” que tiene una intención de voto nacional del 7%.

Sin duda combatir suena más fácil que convencer, pero cuando no se está en una guerra armada, si se tiene la razón es mejor usarla para convencer. ¿Alguien cree que el fascismo va a perder algún voto porque gritemos “vamos a combatir el fascismo”? El “no pasarán” es para una guerra armada, en la que debes poner un saco terrero en la trinchera y disparar desde detrás porque ya no puedes intentar discutir con el que dispara en el otro lado. Pero eso no es lo que sucede hoy.

No, no estamos en guerra contra el fascismo. Sencillamente tenemos vecinos, familiares y compañeros de trabajo a los que les han engañado y mentido, que no saben cómo afrontar sus miedos e inseguridades, o que no les hemos dado suficientes argumentos y razones para sacarles de las emociones tribales y primarias que otros han sembrado en ellos.

Sus votos valen tanto como los nuestros, así que más vale que les convenzamos para que adopten otros valores, otras interpretaciones de la realidad, otro modo de enfrentar los problemas y metan otras papeletas en las urnas porque negarles su derecho a existir o tacharlos de indocumentados porque no somos capaces de convencerles quizás solo provoque que sean ellos los que nos llamen fascistas a nosotros y aumenten su presencia en nuestros parlamentos.