La izquierda que debemos ser ahora: tareas de Izquierda Unida en 2019

  • El próximo 13 de enero en su Coordinadora Federal, IU inicia un debate para resituar sus políticas ante las últimas tendencias de fondo detectadas.
  • Dos miembros de la Colegiada federal de la formación lanzan sus propuestas para reflexionar.

Carmen Domínguez Godínez, miembro de la Coordinadora Regional de IU Madrid y Amadeu Sanchís Labiós, miembro de Consell Polític Nacional de EU del País Valencià. Ambos son miembros de la Colegiada federal de Izquierda Unida.

Finalizamos un 2018, que iniciamos bajo gobierno del PP, con un ejecutivo socialista. Un guiño a la denostada alternancia, muy alejado de la imagen de “crisis del régimen” que guiaba los pasos de la izquierda hasta hace unos meses, y que no es sino una interpretación hiperventilada de la desafección popular hacia las instituciones democráticas y la misma política (ver CIS de noviembre/diciembre).

Publicidad

Razones de fondo para esa desafección no faltan. Se ha dado una consolidación gradual, más allá de promesas y programas electorales, de un modelo social precarizador de la vida y el trabajo y, como consecuencia, la marginación de sectores populares que no ven ya la política electoral como instrumento para la mejora de sus condiciones (los añorados 700.000 votos que las izquierdas no movilizamos el 2D en Andalucía serían el último ejemplo). Un fenómeno compartido con unas democracias liberales cada vez más cuestionadas internamente tras la reducción del estado del bienestar durante la crisis y las incertidumbres del futuro. La corrupción sistémica, con instituciones y representantes políticos como protagonistas, que ha sido el detonante de la moción de censura, sería el auténtico “componente español” de ese fenómeno que, con características propias en cada país, sacude los equilibrios institucionales y la representación política en el viejo continente.           

 En 2018 cerramos una etapa todavía marcada por aquella “indignación” del 15M que canalizó momentáneamente la desafección ciudadana colocándola bajo la hegemonía de una pequeña burguesía a la que la crisis había privado de su perspectiva vital de “ladrillo y Erasmus”. Podemos fue el resultado y el proceso en marcha de recomposición de la izquierda, su efecto. Tras las elecciones andaluzas del 2D, poca esperanza queda en aquella “ruptura del tablero” que blandían, y la emergencia política cambia de protagonista, apareciendo un arco institucional a 5, muy lejos del bipartidismo pero que asigna a las fuerzas nuevas un papel complementario de mayorías ancladas en PP o PSOE. Aquel bipartidismo que protagonizó la vida institucional española ha sido reemplazado por dos bloques de partidos.  

 Y de fondo, la crisis de la vía europea de inserción en la globalización, la UE. Una globalización que se ha demostrado útil para China y los BRICS, desplazando la hegemonía euroatlántica en el comercio internacional. Lejos de lo augurado por la izquierda de los países ricos, los perdedores de esa globalización se acumulan en las sociedades desarrolladas y buscan expresión política en quienes han hecho de la promesa de cambiar el rumbo, el eje de sus programas electorales. Trump o el Brexit expresan esa necesidad de “reorientar” una globalización perjudicial para sectores industriales y comerciales nacionales pero también sociales y de pensionistas o trabajadores. Una amplia coalición por el “soberanismo” que cuestiona las viejas razones y reglas europeas y seduce transversalmente, alcanzando la orilla izquierda del campo político.  

Un 2019 decisivo

 Volviendo al marco español, desde la izquierda afrontaremos en 2019 un momento determinante en ese proceso de recomposición que, de manera simplificada, condensamos en la aparición de Podemos y la desorientación provocada en IU tras las europeas de 2014. Simplificadoramente porque los síntomas de estancamiento y la dificultad de entender los cambios de realidad, más allá de las consignas, venían de largo.

Si el ciclo electoral, expresión de la opinión pública como espacio en disputa, empezó el 2D en Andalucía, podemos afirmar que no empezó bien. La fórmula de confluencia Adelante Andalucía, capitaneada desde la principal federación de IU y un Podemos hegemonizado por su corriente más a la izquierda (Anticapitalistas), no ha conseguido disputar el gobierno y, lo más sintomático, se ha dejado casi un tercio de su electorado conjunto. Ignorar el resultado puede significar la garantía de repetir el descalabro el próximo mayo. A esa peligro se añade una muy difícil recuperación en un escenario derechizado como no conocen las generaciones nacidas a la política con el nuevo siglo.

 El próximo 13 de enero en su Coordinadora Federal, Izquierda Unida inicia un debate que nos debe permitir resituar nuestra política ante las tendencias de fondo detectadas.

El coordinador general de Izquierda Unida, Alberto Garzón, trasladaba con motivo del año nuevo tres retos para este 2019 que perfectamente pueden encauzar esa reflexión necesaria.

– Bloque de cambio y espacio nítido de clase.  Se trata de identificar, en el nuevo panorama, las fuerzas políticas y sujetos sociales identificados con ese “cambio”. Los posibles aliados más allá de formulaciones jurídicas electorales. Limitarlo por la vía de los hechos, tal y como se ha venido haciendo, a la vinculación con Podemos y las confluencias territoriales, empobrece nuestra política y la reduce, poniéndola en condiciones objetivas de subalternidad. Para ello, y sobre la base de “rellenar” de concreción esa propuesta de cambio, necesitamos un esfuerzo programático. Repetir, por ejemplo, la república federal o el proceso constituyente, sin atender a la realidad de los datos, es un esfuerzo estéril de voluntarismo. Tampoco la caracterización del auge de la derecha como una mayoría fascista ayudará a que nos comprendan. En la concreción de la etapa encontraremos nuevas fuerzas con las que compartir la defensa de libertades y derechos sociales. Falta hará.

En cuanto al espacio de clase en el marco de convergencias y acuerdos mayores, no se trata de las “cuestiones de comer” como proclaman nuestros aliados. Esa “sindicalización” de la política tampoco funcionará. Desde la defensa e impulso de mejores condiciones de vida y trabajo, la “perspectiva de clase” se debe notar en las prioridades de la intervención política e institucional, en el relato y hasta en el lenguaje con que nos dirigimos a esas familias trabajadoras que queremos representar. Un problema presente en IU es la seducción por lo que Marx calificaba la política del “tendero incendiario”. Esa radicalidad verbal acompañada de giros tácticos, y una práctica interiorizada en la institución, desorienta a nuestra gente y bunkeriza nuestras organizaciones. Porque, y esto es previo, solo IU puede garantizar la articulación de ese espacio de clase en un conjunto de acuerdos, electorales o no.  

– Fortalecer la presencia institucional de IU. Este reto que señala Garzón en su misiva a los afiliados, precisa de una valoración realista de las confluencias de 2015 y de la marcha de las negociaciones en el conjunto de España para las elecciones de la próxima primavera. La imagen de una dirección forzando acuerdos que se perciben como imposibles o perjudiciales para federaciones y asambleas locales de IU, puede no ser justa, pero está extendida. El fortalecimiento solo puede venir de la mano del respeto a las decisiones de las organizaciones locales y federaciones. Así está aprobado,  pero las próximas semanas habrá que resolver.

Más allá de estas consideraciones internas, en IU debemos volver a situar la política de confluencia electoral, pues de eso estamos hablando, en el marco de la política concreta de alianzas y no en valoraciones más ideológicas –nuevo sujeto– que políticas.

Publicidad

– Reforzar Izquierda Unida. Este reto que recoge Alberto atraviesa todos los demás y es su base y conclusión. Si algo debemos saber es que para nosotros no está hecha la política espectáculo, que solo una organización capilar y activa garantiza la red de influencia social y electoral más allá de los vaivenes de cada momento. Algunas de las consideraciones que se recogen en el escrito del Coordinador de IU no podemos compartirlas, deben ser debatidas a la luz de los nuevos acontecimientos. IU, desde la última asamblea federal, y con el paraguas de los “nuevos tiempos y medios digitales” y seguramente fruto del “deslumbramiento” por la fórmula Podemos, ha rebajado el papel de la afiliación, resaltando al simpatizante y consolidando el “sacrificio” del debate colectivo en aras de una participación digital. Una organización más líquida y menos comprensible para la gente. Urge reequilibrar esa dinámica que esta pudiendo pasarnos una gran factura, y reforzar la necesaria movilización militante para el próximo proceso electoral. Esta debe ser nuestra preocupación inmediata como dirección federal.

Decía Pasionaria en el Buró Político del PCE de la primavera de 1956,  “si en este periodo no se hundió el Partido fue porque, pese a nuestro mal trabajo, la base era sana”. Sirvan sus palabras para dar fuerza a una de nuestras más positivas herramientas: la autocrítica. Sirvan para aceptar algunos de nuestros desencuentros con la realidad, nuestros aciertos y nuestros errores, y para comprender dónde reside nuestra mayor fortaleza para rectificar.  

Toca la izquierda que suma y no se rinde. Desde la huida hacia adelante, las batallas en lo interno y la llamada al voto del miedo en lo externo, no alcanzaremos a mostrarnos como una fuerza capaz de resolver los verdaderos problemas de nuestra gente. Sin embargo, no hay mejor organización en dotación política, estructura, trayectoria, cuadros dirigentes y fuerza moral para ocupar un espacio necesario en la sociedad desde la crisis de 2007. Lo haremos, claro está, con otros y con otras. Vamos a ponernos cuanto antes a adecuar nuestra política a la realidad del momento para ser útiles a esa mayoría trabajadora a la que nos debemos. Vamos a devolver la dignidad a nuestro pueblo, reforzando la izquierda que debemos ser ahora.