El PSOE se rompe

  • Así, este PSOE se ha convertido en instrumento imprescindible para fortalecer a soberanistas en Baleares, en Navarra o en el País Vasco y, por supuesto, en Cataluña.
  • ¿A qué temen más los españoles, a Vox o a los independentistas? Lo comprobaremos en las próximas elecciones

Aquel día, el 17 de enero del pasado año, Ernest Maragall salió de casa con la frase lavada y planchada: “Cataluña siempre será nuestra”. La soltó desde la presidencia de edad de la mesa del Parlament, lleno de odio hacia más de la mitad de los catalanes a los que se dirigía con resentimiento. Hacía muchos años que no se oía un discurso tan fascista en sede parlamentaria en España.

Después de aquel día, ya nadie podía ignorar la deslealtad hacia el PSOE incubada en un PSC que vendió su alma socialdemócrata al catalanismo más nacionalista. El discurso del hermano de Pascual Maragall, presidente del tripartito que ahora quiere reproducir un Miquel Iceta educado en aquella escuela, reproducía todas las condiciones que, según Rob Riemen (El eterno retorno del fascismo, 2010, y Para combatir esta era, 2017), definen el supremacismo fascista: “explotarán el resentimiento, señalarán a chivos expiatorios, incitarán al odio, esconderán un vacío intelectual debajo de eslóganes e insultos estridentes, y convertirán el oportunismo político en una forma de arte con su populismo”. Ahí estaba el fascismo recurrente, en la boca de Ernest Maragall, como “el bacilo de la peste que no muere ni desaparece jamás”, con palabras de Albert Camus.

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Cuando hace unos días, el socialista Paco Fernández Marugán, como Defensor del Pueblo, intentó corregir una de las muchas decisiones de supremacismo lingüístico contra el castellano de la presidenta del gobierno balear, la también socialista Francina Armengol, se vio hasta qué punto está roto el PSOE. Es imposible ser a la vez socialista como Marugán y como Armengol. La traición al PSOE que lideraron gente como Ernest Maragall creó escuela en forma de “ser tan nacionalistas como ellos” para poder tocar gobierno. Así, este PSOE se ha convertido en instrumento imprescindible para fortalecer a soberanistas en Baleares, en Navarra o en el País Vasco y, por supuesto, en Cataluña. Ahí está ese PSOE, en la foto con Otegi, insultando en Alsasua a las víctimas de ETA, o violentando un cambio de la realidad lingüística de Baleares. Y, ahora, marcando un punto de encuentro con los independentistas a los que representa Maragall para volver a la aventura nacionalista del tripartito. Sin remedio, roto.

Ese PSOE colaboracionista se ha instalado en la presidencia del gobierno de España y desde Barcelona, arropado por el PSC de Iceta, mendiga el apoyo de los secesionistas para continuar en la Moncloa un poco más. Roto y en caída libre, si Sánchez y su gurú Iván Redondo pueden continuar con su plan. Lo que le dicen a los potenciales electores socialistas es, sí, no tengo fuerza electoral para hacer las reformas urgentes que necesita el país, pero, si convoco elecciones, ganarán “esos”; sí, necesito los votos de los independentistas, pero no me queda otra si quiero seguir un poco más en el gobierno. Y la última genialidad que hacen repetir a toda la tropa, tertulia a tertulia: se recuperará el voto porque los que se abstuvieron en Andalucía lo hicieron porque no sabían que “venía Vox” y, ahora que lo han visto, van a ir a votar a Sánchez en masa, sostienen.

Yo creía que José Félix Tezanos era un caso único, una extravagancia. Pero, no. Como él, todo este sanchismo sobrevenido se alimenta de ideas zombi, viven en una época ya muerta. Este sociólogo de Sánchez es conocido por circular con una sola tesis: como España es un país que se declara de centroizquierda y el PSOE es el partido del centroizquierda, siempre ganará el candidato socialista. Sus previsiones de triunfo absoluto de Sánchez en las generales de 2015 son ya un hito en la demoscopia universal. Conviene, pues, alargar este gobierno con 84 diputados. Por eso y por otra brillante idea: los independentistas deben apoyar a Sánchez porque, si no lo hacen, vienen los otros. Pero, si es correcta la hipótesis que explica los resultados de Andalucía, básicamente, como una consecuencia del Procés, el sanchismo y su gurú están haciendo todo lo necesario para hundir al PSOE.

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¿Y el miedo a Vox salvará al PSOE? No lo creo. Hoy, cuando se anticipa el paso definitivo a un nuevo ciclo político en España, los españoles nos situamos en uno de estos grupos. Están los que aprueban las negociaciones con los independentistas y condenan las que se hacen con Vox, por un lado; los que critican los acuerdos con los secesionistas y legitiman los que se logran con el partido de Abascal; y, por último, los que descalifican el trato con unos y con otros. Ubíquese cada uno en su lugar, muchos nos situamos en el tercer bloque, al lado de intelectuales como Santos Juliá, un verso suelto con sus artículos en El País, Félix Ovejero o Fernando Savater.

En un escenario electoral tan volátil, este PSOE tiene todas las de perder. Difícilmente podría confiar en Sánchez un español que piense que hoy es una prioridad en su país detener la avalancha nacionalista y populista que pone en riesgo su futuro, desde las pensiones a la estabilidad económica. En cuanto a la apelación a la nostalgia como arma política, ya deberían saber que dejó de funcionar hace tiempo: ni Franco ni “que viene Vox”. Acierta Le Goff en La gauche á l´agonie?, donde anuncia la muerte de la izquierda que se recrea en ensoñaciones del pasado y, hasta para hacer chistes (El Gran Wyoming, por ejemplo) se nutren de antiguas creencias hoy en ruinas. La izquierda en la agonía.

Todo, menos tratar a los ciudadanos como tales. Pierre Rosanvallon escribió uno de sus tratados, El buen gobierno, para advertirnos del riesgo de confundir, en la actual crisis de la representación política, la sociedad y el gobierno. Las causas como el feminismo o la libertad sexual pertenecen al conjunto de la sociedad y, como la indignación que representó el 15-M, apoyado según las encuestas por el 80% de la población, no son propiedad de ningún partido. Lo políticos de la izquierda española tendrían que aprender a hacer el trabajo que les toca y dejar que los movimientos sociales hagan el suyo. Les iría mejor si hicieran caso a Abraham Lincoln: “Lo que quiero es hacer lo que la gente quiere hacer, y para mí la cuestión es cómo conocerlo con exactitud”.

En política hay una brújula que nunca falla, la que detecta los miedos de la gente. ¿A qué temen más los españoles, a Vox o a los independentistas? Lo comprobaremos en las próximas elecciones. Veremos si el gurú que guía a Sánchez y al PSOE es tan listo como dicen. Pero tiene mucha razón Manuel Valls cuando advierte a Ciudadanos que el virus Vox puede provocarle una seria avería electoral, a pesar de las encuestas.

Cuando se acerca la hora de la verdad electoral el PSOE sale roto, sin capacidad de reacción, esperando a ver qué pasa. La agonía de la izquierda.