Tesis para abril

  • De confirmarse la mayoría de derechas que anuncian, la desaceleración económica en ciernes será canalizada para recuperar políticas de recorte .
  • En IU Madrid entendemos que es deseable -y tenemos que hacer posible- el acuerdo con Podemos.

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Lali Vaquero y José Andrés Llamas son miembros de la Comisión Colegiada de IU Madrid

El anuncio de las generales para el 28 de abril abre un ciclo electoral decisivo. La concatenación de elecciones -generales, municipales, autonómicas y europeas- reúne, en apenas un mes, la capacidad de remodelar el mapa político en una etapa muy alejada ya de la previsibilidad y la alternancia bipartidista de otro tiempo, con 5 opciones electorales de alcance nacional y dimensión de voto suficiente para determinar los  acuerdos necesarios para formar mayorías de gobierno.

En esa línea, los analistas avanzan combinaciones posibles en base a estudios demoscópicos que se suceden sin apenas dar tiempo para recordar la poca fortuna que la mayoría de ellos han tenido en calibrar las tendencias finales del electorado. Sucedió así el 2D en Andalucía. Y es que, la celeridad en el desplazamiento del voto y el retraso en la decisión del mismo, son ya unas constantes del comportamiento electoral que dificultan las previsiones incrementando la incertidumbre y resaltando el papel de la campaña electoral en la decantación de un significativo porcentaje de votantes. Nada pues está decidido.

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La emergencia de Vox es el factor más repetido en esos augurios. Sin cuestionar la realidad de su irrupción en el mapa representativo, parece factible una exageración al servicio del trasvase de votos dentro del campo de la izquierda. Una función activadora del llamado voto útil, con el PSOE como beneficiario y UP en el papel de  perjudicado.  

La importancia de las cuestiones pendientes define la trascendencia de la decisión de los españoles en estas elecciones. De confirmarse la mayoría de derechas que anuncian, a día de hoy, la mayor parte de esas encuestas, la desaceleración económica en ciernes será canalizada para recuperar políticas de recorte y profundizar en el desarme fiscal de las administraciones, según la lógica neoliberal que comparten todos los sujetos de la derecha del tablero, y la crisis territorial, resultado de la insuficiencia financiera y el reto secesionista, recibirá como tratamiento recentralización y 155. Añádase al cóctel de ese posible programa de gobierno del bloque de la derecha un sustancial retroceso en materia cultural y  de derechos. En todo caso, ninguno de esos elementos justifican  la “alerta antifascista” pero, sin duda, son suficientes para considerar que lo que está en juego en este atropellado ciclo electoral es el modelo de país.

La izquierda alternativa en su laberinto

Si el PSOE de Pedro Sánchez ha construido el marco de referencia para la campaña electoral con las medidas sociales aprobadas por su gobierno, el “diálogo con Cataluña” y la pinza que ha frustrado sus presupuestos (“los más sociales de la historia”), todo ello sin mencionar el papel promotor de Unidos Podemos en esas medidas, para esta última fuerza, el anuncio de las elecciones generales viene a subrayar el difícil momento que atraviesa. Tal vez más confuso que difícil pero, en cualquier caso, difusor de una imagen de debilidad que le descuelga de la cabeza de pelotón electoral, realzando su función de fuerza complementaria de los socialistas. Justo lo que Iglesias reprochaba a IU.

Hace ya meses que Podemos e Izquierda Unida suscribieron un acuerdo marco federal para revitalizar la formula Unidos Podemos como coalición electoral, abierta a otros, en las elecciones locales y autonómicas. Desde entonces pocos son los territorios –muy pocos- donde se haya cerrado acuerdo entre la federación de IU y la correspondiente organización de Podemos. De hecho, son más aquellos donde lo que se ha anunciado es que ambas fuerzas irán por separado a la cita electoral del 26 de mayo. Y los plazos se agotan.

Parece evidente que la convocatoria de elecciones generales pudiera significar un revulsivo a esa situación y acelerar la firma de acuerdos autonómicos y locales bajo el paraguas de revalidar Unidos Podemos como fórmula de coalición para el 28 de abril. Al fin y al cabo, a nadie se nos oculta que sería añadir dificultad la multiplicación de denominaciones y logos en las papeletas para unas elecciones que solaparán prácticamente sus campañas y precampañas. Ya el último CIS advertía que casi la mitad del electorado elegirá la misma papeleta para las diferentes votaciones.

Pero también es posible que la ausencia de acuerdos en los territorios termine por frustrar esa nueva versión del acuerdo IU-Podemos como fórmula para las generales. La previsible reducción del espacio electoral, y consiguientemente de los escaños, actúa como aliciente para ello. Quedar lo mejor situada posible cada fuerza política para la etapa posterior en que, sin duda, se hará explicito el proceso de recomposición de la izquierda en marcha desde hace tiempo.  

Nadie puede ya, ante esta realidad, sostener la política de confluencia con el alcance y orientación con que la aprobó nuestra pasada XI Asamblea Federal. De hecho, con el informe de balance 2018 y perspectivas, aprobado recientemente y en debate entre la afiliación, consideramos quienes firmamos estas líneas y mucho otros compañeros y compañeras, que en Izquierda Unida se ha abierto una reflexión para reubicarse ante ese futuro inmediato. Demasiado lento y demasiado tímidamente, en nuestra opinión, y con potentes resistencias internas que han unido su destino a una insostenible versión de la confluencia.

¿Y Madrid?, ¿qué hace Madrid?

En Madrid, el preacuerdo suscrito entre IU y Podemos el 14 de enero colapsó apenas tres días después con el descuelgue de Errejón. Izquierda Unida Madrid desplegó entonces una iniciativa (“pegamento”) hacia los posibles actores de un acuerdo amplio, buscando hacerlo viable como propuesta unitaria de las izquierdas madrileñas para ganar la Comunidad y revalidar la ciudad de Madrid. Ello sobre la base de un programa compartido y la autonomía de las partes en una coalición electoral. Un acuerdo que tuviera traslación a las localidades atascadas en la negociación de sus propios acuerdos desde hacía demasiado tiempo, superando la previsible ruptura de Podemos también a escala local. Un acuerdo que no hacía polémica de su nombre pero se ubicaba a todos los efectos jurídicos y políticos, bajo el paraguas del marco federal suscrito por las direcciones de IU y Podemos (Unidas).

Fue valiente IU Madrid al incluir a Mas Madrid en esa propuesta frente a incomprensiones internas y las reticencias de un Podemos noqueado por la fractura impulsada por sus candidatos al Ayuntamiento y a la Comunidad.  No resultó posible. Las diferencias sobre la Operación Chamartín y la apuesta de Errejon por no desairar a su pareja de ticket electoral en asunto tan controvertido, cuestionado por movimientos vecinal o ecologista y del que IU había hecho bandera de coherencia, frustraron la opción que habría permitido un más eficaz resultado para frenar la derechización en las instituciones madrileñas.

A día de hoy, tras esa ruptura, el panorama para el próximo mayo contiene más incertidumbres que certezas. Podemos Madrid, tras la dimisión de Espinar, es una organización intervenida por su dirección federal, que ha hibernado la negociación para un acuerdo regional que, por otra parte, parece concebir de manera instrumental, supeditado a objetivos para las generales. Su renuncia a participar de forma alguna en la elección municipal de Madrid ciudad y su autoexclusión de candidaturas de amplia base en numerosas ciudades (Tres Cantos, Pinto, Torrejón,…), diluyen las posibilidades de la izquierda, introduciendo el factor de la división y la competencia electoral. Desanimando, en suma, a quienes tienen que ver posible una alternativa a la situación.

En IU Madrid, que hemos sabido preservar la unidad interna en todo este tiempo, entendemos que es deseable -y tenemos que hacer posible- el acuerdo con Podemos para levantar una propuesta electoral para la mayoría trabajadora de nuestra región, de sus localidades y de la ciudad de Madrid. Sabemos que 2019 no es 2015, que hoy las derechas aspiran a que “el impulso cambie de bando”, que no valen construcciones políticas para minorías, que reivindicamos una política útil como la única política real y que no vamos a defraudar la confianza de nuestra gente. Sabemos que en  estas elecciones de primavera nos jugamos el modelo de país.     

1 Comment
  1. florentino del Amo Antolin says

    Se pondrán muy contentos aquellos que no quieren que cambie nada. Unidos Podemos debe de recoger aquello que sembró dando un giro a la mala situación del Gobierno del PP y su Marianico. Se han conseguido cosas y no importa que el PsoE de Sánchez se las atribuya; se ha demostrado, que se pueden hacer todavía más cosas, se ha quedado incompleto y habrá que hilar muy fino… ¡ El enemigo, político, medios fácticos son los mismos de siempre !. ¿ La izquierda no identifica quienes son ?. Esos, que tienen montado y subvencionados todos los actos, campañas… Los que prevaricaron y subvencionan los bancos las traiciones a la mayoría social, trabajadora, pensionista, educadora en valores y una sanidad en manos explotadoras de recursos públicos. ¡ Nadie, en una situación de tal calado, puede mirar hacia otro lado; el esquirolismo, es lo contrario de la unidad de acción, transversal, progresista y de izquierda consecuente y emancipadora social !. Claro que se puede… Se ha demostrado !.
    https://uploads.disquscdn.com/images/77cd988890acef431906ddbb4ac12136caa7fb2e1b54627731ddabd32904c7b8.jpg Un País no puede volver al horror de una dictadura camuflada, de ninguna manera, seria el fin !!.

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