La historia de Marcos, Débora y Emily: Maras no es una serie para sus víctimas

  • En 2018 se cometieron más de 10.500 asesinatos en los tres países donde principalmente las pandillas imponen su régimen de terror. El Salvador 3.340, Honduras 3.310, Guatemala 3.881

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Marcos

En 2018 se cometieron más de 10.500 asesinatos en los tres países donde principalmente las pandillas imponen su régimen de terror. El Salvador 3.340, Honduras 3.310, Guatemala 3.881. Y da igual que se diga con exactitud quirúrgica o se intenten masticar los datos para hacerlos digeribles. Casi 29 vidas que se pierden cada día. Una cada 40 minutos, menos de lo que tarda la primera parte de un partido de fútbol…

Ningún dato es capaz de trasladar el horror de las maras como el silencio de Marcos justo antes de decir que unos pandilleros persiguieron a su hermano y “…bueno, le dieron muerte”.

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Marcos, 25 años, salvadoreño, habla con la dureza de quien ha crecido rodeado de violencia. Y con la sensatez de quien no ha aceptado como normal que a los niños de 12 años se les ponga una pistola en la mano, y se conviertan en asesinos. Aunque lo viera casi a diario.

Tras el asesinato de su hermano siguió recibiendo amenazas de muerte de las pandillas. “Yo iba a ser el siguiente”. Sabe que la noche que huyeron al aeropuerto rumbo a España entraron en su casa “a darnos muerte”. Hoy espera que se resuelva su solicitud de asilo para no tener que volver al lugar donde creció, donde lo normal es que ya tendría que ser un cadáver o un asesino.

Débora

“Yo por miedo a morir, pues yo les daba todo lo que ellos me pedían”. Si de los asesinatos aún se puede llevar un recuento, resulta imposible saber el número de personas que viven extorsionadas en Centroamérica por las pandillas.

Conductores de taxis, autobuses y camiones suelen ser el blanco más habitual de este “impuesto de guerra”, como le suelen llamar los extorsionadores. Pero tampoco se suelen librar profesores, jueces, policías… o cualquiera que se piense que pueda tener algún ingreso, porque recibe dinero del exterior o tenga cualquier negocio.

Como Débora, quien tuvo que cerrar su tienda porque ya no ganaba lo suficiente para pagar lo que le pedían y no pudo hacer nada cuando le dejaron de pagar el alquiler. Un estado de terror que casi nadie se atreve a denunciar. “Allá es prohibido preguntar, allá es prohibido investigar por qué murió la gente. Allá solo matan, matan, pero nadie sabe por qué”.

Emily

“Queremos que te vayas de la colonia porque no soportamos verte acá, aquí no queremos maricones, aquí los maricones están prohibidos. Si no te vas, te vamos a ir a pelar al río, haz caso”. La violencia generalizada que imponen las maras se ceba particularmente con las mujeres, con torturas y violaciones en grupo como ritos habituales, y con las personas LGTB. Emily cuenta las agresiones que sufrió por no ocultar su transexualidad y las amenazas que le exigían que abandonara su barrio. Al tiempo que otros miembros de la pandilla la violaban de forma habitual.

El año pasado la de Emily fue una de las 4.860 solicitudes de asilo que presentaron en España personas provenientes de los tres países donde operan principalmente las maras: Honduras, El Salvador y Guatemala. En ese tiempo se dio resolución a 320 peticiones, de las cuales solo 15 fueron favorables. Emily tiembla solo de pensar en la idea de tener que volver a su país, a su barrio, donde le dijeron que las mujeres como ella están prohibidas.

Más información en la campaña de CEAR “Maras no es una serie”.

Puedes leer la historia de 13 víctimas de las pandillas en el libro Buscamos refugio. Nuestra guerra son las maras.

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