Unidos Podemos: reconstruir la esperanza

  • Lo primero que sorprende es tomar como un dato algo que, al menos para mí, es todo menos evidente. Me refiero a la posibilidad de un gobierno conjunto del Partido de Pedro Sánchez con UP

Madrid siempre ha sido igual y no cambiará, una continua sucesión de maniobras, conspiraciones, fintas. Hay que saber situarse y ser capaz distinguir las voces de los ecos. Desde hace unos meses, desde que se baraja la posibilidad de elecciones, se viene sosteniendo que hay, nada más ni nada menos, una “operación de régimen” para impedir un futuro gobierno PSOE/Unidos Podemos. No digo que todo sea una pura elucubración, solo sostengo que se trata de una de las manifestaciones de las profecías auto cumplidas, de tomar como hechos los que convienen a un determinado discurso político.

Lo primero que sorprende es tomar como un dato algo que, al menos para mí, es todo menos evidente. Me refiero a la posibilidad de un gobierno conjunto del Partido de Pedro Sánchez con UP. Se supone, por lo tanto, que habría un programa común, ministros y ministras de ambas formaciones y una mayoría parlamentaria que lo sostuviera. Si algo hemos aprendido en estos meses, es que las diferencias programáticas entre el PSOE y UP son muy serias y que las líneas rojas que estableció el gobierno de Pedro Sánchez, por así decirlo, están relacionadas con la perpetuación del modelo económico y social dominante en el país.

Otro asunto debería tenerse también en cuenta y que ahora se hace evidente con toda su fuerza en la larga precampaña que tenemos por delante. Gobernar juntos implicaría que hubiese una mayoría en las cámaras suficiente para ese gobierno. Aquí es donde empieza un problema táctico de enorme importancia y que las encuestas ya van señalando: en las actuales condiciones, defender como conquista democrática una alianza con el PSOE, puede terminar fagocitando electoralmente a Unidos Podemos. No me refiero solo al voto útil sino a un mecanismo que debilita cualquier posibilidad de ir más allá de los límites impuestos hoy por los poderes. Unidos Podemos ha gestionado con mucha dificultad esta asociación con el gobierno Sánchez ya que no se ha conseguido establecer un programa común, ni siquiera una hoja de ruta que permitiera fortalecer la autonomía política y programática de UP.

La cuestión va más allá de lo estrictamente formal. Cuando se dice que hay una operación para impedir un gobierno conjunto PSOE/UP, lo que se está diciendo es que, tanto el PSOE como Unidos Podemos están de acuerdo en ese proyecto. Se da como un hecho lo que es un problema, para nada resuelto. En este tema, como en otros, se ve la importancia de tener una visión estratégica más allá del día a día y sus avatares. ¿Qué es lo que está en juego en nuestro país? A mi juicio, si la crisis del régimen ha terminado y entramos en una restauración y si se han agotado ya las posibilidades de un cambio sustancial, es decir, de una ruptura democrática. Se podría profundizar más y plantearnos qué hacer si, definitivamente, la restauración se impone. Estos son los dilemas estratégicos a los que debe responder una fuerza como Unidos Podemos. Lo que no comparto de esta supuesta operación de los poderes fácticos es que se presuponga que el Partido Socialista y el gobierno de Pedro Sánchez no son parte de ella. Este gobierno no es el de un resistente, sino el de un superviviente. Ambas cosas no son lo mismo y tienen que ver con una vieja obsesión de Sánchez: volver a convertir al Partido Socialista en la centralidad del sistema político garantizando, en última instancia, la perpetuación del régimen monárquico.

Conviene seguir tirando del hilo. Lo he repetido muchas veces en los últimos tiempos: asociarse al PSOE era una operación compleja que requería poner el acento en la autonomía del proyecto concretándolo y haciéndolo visible. La clave era salir del palacio y activar nuestra presencia en la sociedad civil organizada. La idea de unos estados generales para la alternativa tenía que ver con esta estrategia de diferenciación y de movilización de una base social y electoral que había perdido referencias y que daba señales de pasividad, cuando no de desmoralización. Enfrentados a un ciclo electoral completo (elecciones europeas, autonómicas y municipales fijadas para mayo) estábamos obligados a desarrollar la otra pata, es decir, fortalecer Unidos Podemos como algo más que un simple frente electoral parlamentario. Crear comités de Unidos Podemos a todos los niveles, reinsertarse en el tejido social y propiciar formas más abiertas de participación política. Todo esto se ha acelerado con la convocatoria de elecciones generales por parte de Pedro Sánchez.

El verdadero dilema de las próximas elecciones, desde el punto de vista de las mayorías sociales, no es crear las condiciones para un supuesto gobierno entre el PSOE y Unidas Podemos sino fortalecer un proyecto político que deje abierta la posibilidad de un cambio real en España; seguir potenciando una fuerza plebeya y republicana capaz de cuestionar los fundamentos del neoliberalismo. Gobernar o no, dependerá de nuestra capacidad para desarrollar esta fuerza; en todo caso, será su consecuencia. La clave es el programa como un contrato con la ciudadanía que expresa una alianza social y una propuesta política de largo alcance.

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¿Qué alianza social? Pido disculpas por repetirlo tantas veces: la que engarza a las capas medias críticas y a las clases trabajadoras. ¿Sobre qué principios? Ecofeminismo, federalismo, socialismo y republicanismo. ¿Qué centro de articulación? Un nuevo proyecto de país democrático e igualitario, ecológico y socialmente fundamentado y abierto a una perspectiva socialista. En el centro, un nuevo modelo productivo y de poder más allá de la Europa alemana del euro, defensor de la soberanía popular y de la fraternidad republicana.