Reforma laboral, la “mano” que mece la precariedad

  • Las próximas citas electorales son una oportunidad para promover un cambio de rumbo a las políticas nacionales, regionales y municipales para afrontar retos fundamentales
  • ¿Por qué resignarnos con un crecimiento vulnerable basado en la precariedad? Es el momento de elegir y votar otro camino

Eva Pérez. Secretaría de Empleo. CCOO de Madrid

La mayoría de la población trabajadora madrileña, tanto si tiene empleo como si no, está ahora en peor situación que antes de iniciarse la crisis, en 2007. Por un lado, las personas en paro están más desprotegidas –en 2007 el 70% era beneficiaria de una prestación y ahora la cobertura sólo alcanza a la mitad– y, además, la cronificación en el desempleo, que se ha agravado considerablemente, afecta a una de cada dos.

Por otro, quienes sí tienen un puesto de trabajo están más expuestos a la precariedad que supone la temporalidad y las jornadas parciales, o la desregulación de las relaciones laborales. Un dato que lo corrobora: el 80% de los contratos que se firmaron en Madrid en 2018 fueron temporales, y de ellos, casi la mitad no llegaba a los seis días. Por resumir, el 40% de la ciudadanía de la región que quiere trabajar y depende de un salario sufre algún tipo de precariedad laboral o vital.

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Pero es que tener un empleo indefinido y a jornada completa ha dejado de ser una garantía de estabilidad: prácticamente uno de cada dos contratos indefinidos que se firman en la Comunidad de Madrid no llegará al año.

Si a todo ello sumamos los autónomos en situaciones más precarias y falsos autónomos y los miles de madrileños y, sobre todo, madrileñas que han pasado a la inactividad y que no existen para las estadísticas del paro, resulta que el empleo, a pesar de la salida de la recesión,  sigue siendo la principal preocupación cotidiana para una gran mayoría y, por tanto, debería ser asunto prioritario en la agenda política.

La precarización de las condiciones laborales favorece, además, el abuso de las empresas a la hora de fijar las condiciones de trabajo. Un ejemplo claro es el de la prolongación de jornada. Cada semana se hacen en Madrid millón y medio de horas extra, el equivalente, nada menos, que a 34.000 empleos. Y lo que resulta más indignante es que el 60% de esas horas no se pagan.

¿Cómo es posible esta degradación de la calidad del empleo cuando Madrid no sola ha recuperado los niveles de riqueza anteriores a la crisis, sino que el PIB se sitúa un 8,87% por encima? Sólo hay una respuesta. Justo antes de comenzar el periodo de recuperación del empleo, la reforma laboral modificó el marco de las relaciones en el trabajo y con ello favoreció la temporalidad, reforzó el poder de las empresas, debilitó la negociación colectiva y permitió la proliferación de las empresas denominadas multiservicios, cuyo fin no es generar bienes o servicios, sino abaratar los costes salariales. También se hacía visible una nueva realidad con un vacío legal que permitía a nuevas empresas, operando sobre todo en entornos digitales, eludir la relación laboral con sus trabajadores y trabajadoras.

Conocemos, pues, las causas de esta situación. Por tanto, se puede y se debe intervenir para transformarla. Las próximas citas electorales son una oportunidad para promover un cambio de rumbo a las políticas nacionales, regionales y municipales para afrontar retos fundamentales. El primero, garantizar una vida digna a todas las personas, proteger a las desempleadas y terminar con la pobreza y la exclusión. En segundo lugar, avanzar en un cambio de modelo económico para potenciar, junto con sectores que tienen un enorme protagonismo en la economía madrileña, los ligados al conocimiento, la digitalización, el nuevo modelo energético y la industria con más valor. Y por último, conseguir un mayor reparto de la riqueza a través del empleo estable y de calidad.

Madrid tiene todo a su favor: infraestructuras, grandes administraciones públicas, centros de investigación, universidades, atractivos turísticos y culturales y una población trabajadora con altísimos niveles de formación. ¿Por qué resignarnos con un crecimiento vulnerable basado en la precariedad? Es el momento de elegir y votar otro camino, el de la confianza en nosotros mismos y en nuestra capacidad de construir una región sostenible, que genere y reparta la riqueza y que luche contra la desigualdad y todas las brechas: sociales, de género, generacionales y territoriales.