La ideología italiana, Fusaro y los marxistas de derechas

  • "El filósofo encuentra en Marx y en su concepto del “ejército industrial de reserva” el argumento fundamental para apoyar las políticas migratorias de Salvini"

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Una buena introducción para una entrevista con Fusaro habría sido presentarlo como un intelectual de vanguardia de las nuevas élites políticas italianas o un ideólogo del gran pacto soberanista que está gobernando el país. El blog semanal donde podemos seguir el pensamiento de Fusaro se encuentra en la Revista Il Primato Nazionale. Esta revista es el proyecto llevado a cabo por Casa Pound en 2013 como herramienta de difusión y discusión ideológica del fascismo “del tercer milenio” -como ellos se denominan-. Editado por AltaForte, firma que ha publicado recientemente un libro de entrevistas a Salvini Yo soy Matteo Salvini, es una de las puntas de lanza del asalto a la centralidad cultural que está realizando esta parte de la extrema derecha en Italia. En la revista, también tenemos grandes firmas del pop nacional como la modelo Nina Moric o el presentador y periodista deportivo Paolo Bargiggia. El blog de Fusaro se llama La razón Populista.

En él, se ha ido desarrollando en forma de artículos de opinión el pensamiento que el autor había sintetizado en su reciente libro Historia y conciencia del precariado. Siervos y señores en la globalización (2018). Una re-proposición de los grandes argumentos del que considera su maestro, Costanzo Preve, desarrollados en Elogio del comunitarismo (2006). Ahí Preve ya criticaba el pensamiento “políticamente correcto” y pronosticaba, contra Bobbio, la superación del eje izquierda/derecha en favor del comunitarismo/globalismo. Fusaro, además de opinador, es un investigador universitario con varios libros y publicaciones dedicadas, al igual que su maestro, a la relectura de Gramsci, Marx y Hegel. Destacaba hace una década en el panorama del marxismo académico por su trabajo sobre las raíces atomistas del materialismo marxista en Epicuro, pero sobre todo por su firme defensa de un Marx esencialmente “idealista” continuador de Fichte y Hegel.

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El relato de Fusaro y Preve es resumidamente el siguiente: tras 1989, el nuevo capitalismo se ha caracterizado por tener una élite global cuyo objetivo fundamental ha sido destruir las identidades nacionales y la conciencia de clase en todo el mundo, los últimos frenos de la globalización para generar una clase obrera “precarizada” en lo material y en lo simbólico. El propósito número uno de las élites globales sería convertirnos a todos en individuos desterritorializados, en migrantes precarios que viajan por el mundo disponibles como mano de obra barata. A partir de aquí, el silogismo de Fusaro para defender las políticas antinmigración es sencillo: el capital quiere migrantes y trabajadores pobres, la izquierda que quiere salvar vidas en el Mediterráneo es por lo tanto funcional a la ideología del nuevo capitalismo global.

Fusaro encuentra en Marx y en su concepto del “ejército industrial de reserva” el argumento fundamental para apoyar las políticas migratorias de Salvini. Si el capitalismo necesita mano de obra excedente para poder bajar los precios del trabajo, poner un muro y dejar morir personas en el Mediterráneo es una política anticapitalista y pro-obrera. Los obreros que hay que defender son en definitiva los que ya se encuentran dentro de la relación laboral de explotación al interior de nuestros países. Las ONG que están intentando salvar las vidas de las personas son parte de esta global class sin territorio. Barcos bajo legalidad internacional puntualmente financiados por Soros -y otra serie de teorías de la conspiración- justificadas siempre por el funcionalismo con el desarrollo del capitalismo. “Ayudémoslos en su casa” es el lema que Salvini repite y aplaude cuando escucha a Fusaro en prime time en las principales televisiones italianas.

Similar es el razonamiento con el feminismo. Los nuevos feminismos estarían rompiendo los lazos comunitarios del amor y la familia -propios de la clase obrera como formas de comunidad primaria-, para ofrecernos un mundo de identidades individuales con capacidad de integrarse en el mercado poliamoroso y queer. No se trata, para Fusaro, de la familia tradicional, ya que mantiene como coletilla que siempre hay que respetar (sic) a los homosexuales. Lo que sí tiene claro es el valor central de la división sexual del trabajo y los roles de género tradicionales. La virilidad y la masculinidad son para Fusaro, apoyándose en los grandes héroes clásicos, centrales en nuestra tradición cultural. El capitalismo post-fordista estaría feminizando a los hombres para flexibilizar y precarizar el trabajo. Eliminar la masculinidad tradicional propia del fordismo sería la estrategia de las élites para adaptar la fuerza de trabajo a sus necesidades y diluir la conciencia de clase y por lo tanto tenemos ahí otro lugar de resistencia.

Obviamente, no hay nada de racismo ni de machismo en este discurso para Fusaro: los inmigrantes son víctimas del capitalismo y la lucha por la igualdad de las mujeres es justa, el problema estaría más bien en una desviación debida al giro posmoderno capitaneado por Judith Butler y la filosofía de la diferencia. El feminismo y el antirracismo son entonces la respuesta de la élite mundializadora para dividir a la clase obrera. El feminismo contemporáneo es para el joven filósofo italiano un movimiento dentro del mercado para convertir a la mujer en una mercancía específica y las luchas por los derechos de las prostitutas, por lo tanto, un baluarte coherente de su activismo pro mercado.

Fusaro encuentra en el famoso artículo de Marx Sobre la cuestión judía y su crítica a los planteamientos de Bruno Bauer la justificación de su posición y de la máxima estalinista “los derechos civiles son derechos burgueses”. El capitalismo buscaría fomentar los derechos civiles de las minorías como una lógica de diferenciación necesaria para contrarrestar la verdadera emancipación universal de la humanidad de quienes se identifican como clase obrera. No es de extrañar que Fusaro también recupere la causa ecologista pero en su vertiente más naturalista. Para Fusaro, la lección de Marx es que el capitalismo estaría destruyendo la naturaleza humana rompiendo los lazos esenciales que existen entre estos y la naturaleza. Una vuelta a la naturaleza que nada tiene que ver con la lucha de Greta Thunberg y con el ecologismo dominante, fruto este también de la ideología mundialista y cuya función fundamental es esconder la lucha de clases como conflicto primario, ya que no toca el verdadero poder económico.

La cuestión fundamental en todo este argumentario es que que el capitalismo global esté destruyendo los vínculos entre las personas, con el planeta, con cualquier forma de comunidad y en definitiva dificultándonos cada vez más la reproducción de la vida. No es algo que se haya inventado Fusaro. Esto es algo que dicen la mayoría de movimientos que él critica como prosistema desde hace décadas. Que el capitalismo histórico se haya construido a partir de la pauperización y proletarización de millones de personas durante siglos y que fundamente su crecimiento en la explotación de la fuerza de trabajo no se deriva que haya que apoyar a Salvini y a Trump para construir muros ni luchar contra la ideología de género. Como nos recuerda Silvia Federici, la construcción de un modelo de familia funcional a la división sexual del trabajo ha sido un proceso al menos igual de determinante para el capitalismo que la construcción histórica de los “trabajadores” como grupo social. ¿Tendría sentido plantearnos como acción anticapitalista dejar morir a los campesinos sin tierra que migraban a las ciudades en busca de trabajo para poder sobrevivir tras haber sido expulsados de ellas? ¿No hay una extraña coincidencia entre las ideas de Fusaro y la práctica política real de la Unión Europea y una buen aparte de la élite económica italiana?

Este marxismo de derechas se sostiene en la ilusión de que son más importantes sus ideas sobre un obrero abstracto que las contradicciones concretas que la realidad social está expresando. Unas ideas lanzadas desde la nostalgia del siglo XX sobre qué es la lucha contra el capitalismo sostenidas a costa de la vida de las personas que lo están sufriendo. Esto puede ser definido -si queremos- como marxista, pero sería muy difícil atribuirle estas ideas al mismo a Marx. Para Marx, deberían ser mucho más importante las luchas que están dando los migrantes en sus travesías, la lucha global de las mujeres contra la violencia y la de los jóvenes a favor de una transición ecológica justa, que las ideas de sofá de casa sobre lo que es el mundialismo y la clase obrera. Si con John L. Austin asumimos que “se hacen cosas con palabras”, Fusaro básicamente cumple la función de contribuir sustancialmente a la construcción de en una gramática marxista que legitima la confrontación entre trabajadores locales y extranjeros. Una ideología que, dicho sea de paso, luego Casa Pound se dedica a llevar a cabo en la práctica de forma sistemática y violenta.

Las posiciones antinmigración y antifeminista son fundamentales para entender la defensa de Fusaro del gran pacto soberanista y su función ideológica en la alt-right italiana. Casa Pound ha sido desde sus orígenes un intento de renovación de la extrema derecha con unas inquietudes muy similares a la de la alt-right que conocemos de los EE. UU. Mucho más claramente vinculada a la tradición del squadrismo del fascismo italiano, este colectivo desde sus inicios trabajó en prácticas políticas asociadas ahora a la izquierda antiglobalización como la ocupación de viviendas o el mutualismo. Una postura que con menos éxito trató de copiar en España Hogar Social Madrid. La creación de un espacio para la difusión intelectual de Fusaro es perfectamente coherente con esta tradición política y representa el potencial hegemónico que esta posición tiene en el país. Recordemos que las últimas encuestas la Lega y Fratelli di Italia suman ya  un 51% de intención de voto en el país donde el Partido Comunista mantuvo un 30% hasta poco antes de su disolución 1989.

Italia tiene unas élites políticas históricamente muy cerradas sobre sí mismas y un pueblo mucho más cínico y escéptico con sus propias instituciones que el español. Esta combinación es posible que sea una de las razones que los ha llevado a ser generalmente más propensos al a innovación política que otros países. Mussolini, 11 años antes de Hitler, Berlusconi, 20 antes que Trump. Hoy tenemos un nuevo régimen construido en torno a los consensos del M5S-Lega que permite que filósofos que piensan desde el movimentismo neofascista, como Fusaro, se proyecten como intelectuales de régimen.

La izquierda italiana ha quedado desarmada ante todo esto durante los últimos años y no ha sido en absoluto por falta de fuertes convicciones morales. Pero entender el pensamiento de Fusaro podría servir para encontrar también sus anticuerpos. A fuerza de ir contra esta ideología latente en el país durante mucho tiempo -y ya totalmente explícita en los más altos lugares del poder- la izquierda italiana ha abandonado esa necesaria lucha por los vínculos y la comunidad. Dejando entonces todo el espacio para que los Fusaros de turno se ocuparan de ello, asentados en su propia relectura de la tradición marxista y el apoyo logístico del fascismo del nuovo millenio.  Por fortuna en España tenemos un debate más profundo y eficaz sobre estos aspectos que, por ejemplo, intelectuales como Clara Ramas han desarrollado sobre la patria y la comunidad, Clara Serra sobre la familia o Alba Rico sobre el conservadurismo y la tradición. Si para algo debe servir esta polémica es para recordarnos que son temas que no debemos abandonar, anclándolos siempre en las luchas de nuestra realidad cotidiana.

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