Organizarnos para representarnos a nosotras mismas

  • No se habla realmente de la juventud de este país y de esta región, no se habla de nuestras vidas, de nuestros problemas ni de nuestros miedos.
  • No nos basta con que un gobierno neoliberal regule el precio del alquiler, queremos un salario digno y poder emanciparnos con el fruto de nuestro trabajo

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Miguel Montero, secretario político de la Juventud Comunista en Madrid

Después de una investidura fallida y de un espectáculo mediático que lleva durando más de un mes, y que previsiblemente se va alargar hasta septiembre, es altamente probable que tengamos un gobierno autonómico extremadamente reaccionario y neoliberal en la Comunidad de Madrid. Ese gobierno, independientemente de que unos u otros partidos se sienten al Consejo de Gobierno, será la nueva apariencia de un proyecto político rancio que lleva dominando la escena política de la región un cuarto de siglo. Ese proyecto político, que durante dos décadas tomó la apariencia de gobiernos con mayoría absoluta del PP y en la última legislatura de un bipartito de estos con Ciudadanos, estará sustentado por el PP, Ciudadanos y Vox.

A pesar de la dramaturgia propia del escenario parlamentario y de los intentos de estos tres partidos por hacer como si no se conocieran entre sí, es más que evidente que comparten una defensa cerrada del proyecto político al que nos referimos y que se caracteriza por tres pilares fundamentales: la adhesión casi religiosa al neoliberalismo, la virulencia con la que se esmeran en transferir dinero público (que no es como el agua que cae del cielo sin que se sepa exactamente porqué, que diría Rajoy, sino que sale del pago de los impuestos de las familias y las trabajadoras) a las grandes empresas parásitas de la subcontratación de la administración y de la especulación inmobiliaria, y un autoritarismo galopante que concibe los derechos y libertades como prerrogativas innecesarias. A estos tres fundamentos se les suma un centralismo españolista y caduco, que criminaliza a las personas migrantes y a las demás naciones del Estado y que en nuestra región se concreta en fingir que más allá de la M30 no existe la vida.

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Este previsible gobierno va a tener enfrente a una oposición parlamentaria que, en su inmensa mayoría, comparte una tibieza preocupante. Incluso si asistiéramos a una repetición electoral, y los tres partidos del bloque reaccionario no sumaran mayoría, la alternativa estaría encabezada por dos opciones políticas que llevarían a cabo tímidos cambios de apariencia sin cambiar la esencia de la política madrileña. Desde posiciones conciliadoras con algunas de las políticas de ese bloque, se han centrado y probablemente se centrarán en temas simbólicos, o en la queja por el (previsible) nuevo desmantelamiento de los servicios públicos. Ante este panorama, sociólogos y diputados se persignan por la elevada abstención juvenil que tiene causas claras. Y es que no se habla realmente de la juventud de este país y de esta región, no se habla de nuestras vidas, de nuestros problemas ni de nuestros miedos. Los gobiernos autonómicos se cubren de gloria cambiándole el precio al abono transporte, pero nadie dice que quienes vivimos en la Comunidad de Madrid dedicamos de media más de una hora al día a viajar a nuestro trabajo, a nuestro instituto, a nuestra universidad, y dos tercios de nosotras dedicamos dos horas o más al día. Hablan del empleo juvenil y no sancionan a los empresarios que se jactan de pagar por debajo del salario mínimo, y nos animan a hacernos “emprendedores” para blanquear el número de falsos autónomos actual. Se preguntan por qué seguimos viviendo en casa de nuestras familias y al mismo tiempo venden la vivienda pública a fondos buitres. Para mayor recochineo apodan como nesting a no tener dinero para salir los fines de semana. Básicamente le ponen una palabra en inglés o un término confuso a cada uno de nuestros problemas materiales para hacer que suenen como ocurrencias de millennials.

Y toca ya decir hasta aquí. No vamos a dejar que os riáis de nosotros ni 2, ni 3 ni 4 años más, y no queremos tampoco medias tintas. No queremos una nueva Ley del Juego para la Comunidad de Madrid, queremos que nuestros amigos no tengan que fiar la posibilidad de tener algo de dinero a las casas de apuestas. No nos basta con que las alejen de los institutos, queremos reducirlas a cenizas y escombros. No nos basta con que un gobierno neoliberal regule el precio del alquiler, queremos un salario digno y poder emanciparnos con el fruto de nuestro trabajo. Y no nos conformamos con restringir un poquito el tráfico en la almendra central de la capital, queremos movernos de forma rápida y ecológica, y que a partir de los 26 años no se nos hagan pagar cantidades desproporcionadas por el abono transporte. En definitiva, queremos vivir de forma digna y sin tener que pedir permiso para ello. Una vez demostrada la inutilidad manifiesta de las instituciones autonómicas y los parlamentos para esto, solo podemos encargarnos nosotras mismas de garantizar nuestro futuro, tomar las riendas de nuestras vidas y organizarnos para representarnos a nosotras mismas. Digamos basta, hagamos la prueba.

 

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