El pacto de las izquierdas como principio inapelable de realidad

  • "¿Volverá Sánchez a negar el mandato soberano tras las próximas elecciones?"
  • "Ante la disyuntiva actual, su elección parece clara: seguir interpelando a Cs y al PP, para que faciliten un gobierno de Sánchez bendecido por la CEOE"
  • "La única fórmula que garantiza la esperanza de un cambio desde abajo, es un gobierno de coalición netamente de izquierdas, con UP y En Comú Podem"

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¿Por qué se llama a las urnas a la ciudadanía, el próximo 10 de noviembre, cuando su mandato el pasado 28 de abril fue claro? La mayoría de la sociedad española quería un gobierno de izquierdas; un gobierno responsable y valiente que antepusiese los intereses de la gente común por encima de los intereses de las élites empresariales y financieras; un gobierno que hiciese asumir los gastos de la crisis a los responsables que la provocaron, y no a las víctimas que siguen padeciendo sus devastadoras consecuencias.

Incluso los militantes del PSOE recordaron a Pedro Sánchez, en la noche electoral: “con Rivera no”.  Obviamente, la alternativa a Rivera era Unidas Podemos–En Comú Podem. Sánchez se negó a reconocer el principio de realidad dictado por las urnas, y la pregunta flotante es: ¿volverá Sánchez a negar el mandato soberano tras las próximas elecciones?

El presidente en funciones ha actuado como el mítico posadero de la clásica Ática, Procusto (el estirador). Procusto invitaba a sus huéspedes a acomodarse a sus camas de hierro. La operación que aplicaba era la siguiente: invitaba a sus clientes a tumbarse, y si su cuerpo era más largo que la cama, procedía a amputar los miembros sobresalientes; si su cuerpo era más corto, lo estiraba hasta ajustarlo al invariable tamaño del lecho. El mito de Procusto revela una pulsión sádica y narcisista, una actitud que fuerza a la realidad a ajustarse a las propias coordenadas subjetivas; contraria al talante maduro que orienta al sujeto a reconocer las dimensiones del Otro, en su justa medida.

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Tras el resultado electoral del 28-A, Sánchez llegó incluso a proponer una reforma del artículo 99 de la Constitución. Este artículo expresa la esencia de nuestro sistema parlamentario, y prescribe la necesidad de que el candidato propuesto por el Rey sea refrendado por la mayoría del Congreso. Con esta reforma, Sánchez pretendía evitar lo que es ya una realidad incontestable en 19 de los 28 países de la Unión Europea: un equipo ejecutivo multicolor que supera el modelo de un único partido en el Gobierno. Sánchez, en un delirio Bonapartista, se situaba en un escenario presidencialista, en el que gobernaría automáticamente el partido con más votos.

Está claro que el PSOE no se siente cómodo con Unidas Podemos-En Comú Podem. Y ante la disyuntiva política actual, su elección parece clara: seguir interpelando a Cs y al PP, para que faciliten un gobierno de Sánchez bendecido por la CEOE. ¿Qué queda de aquel Pedro Sánchez rebelde que denunciaba la influencia de los poderes fácticos, en su renuncia a ser secretario general del PSOE? ¿Qué queda de aquel Pedro Sánchez que negoció un gran acuerdo de presupuestos con Unidas Podemos-En Comú Podem? Es evidente que cuando Sánchez ha alcanzado el poder, no ha podido resistir a las presiones de las élites empresariales y financieras, cuyo principal objetivo es precarizar todavía más la vida de las clases humildes y trabajadoras.

Unidas Podemos–En Comú Podem seguirán planteando medidas urgentes relativas a: la regulación de los precios del alquiler, la actualización de las pensiones, las políticas de atención a la personas en situación de dependencia, la subida del salario mínimo interprofesional, la regulación de las cláusulas de los contratos laborales, las medidas de transición energética hacia un modelo verde y sostenible, el avance de las políticas hacia la igualdad de género, o la derogación de la reforma laboral y la ley mordaza.

Los grandes poderes empresariales y financieros, que no se presentan a elecciones ni se someten al escrutinio mediático, necesitan someter a Unidas Podemos–En Comú Podem a una estrategia de acoso y derribo. Para superar el viejo y corrupto sistema bipartidista, la única fórmula que garantiza la esperanza de un cambio desde abajo, es un gobierno de coalición netamente de izquierdas, con la presencia de Unidas Podemos–En Comú Podem en los órganos ejecutivos del nuevo Gobierno.

El próximo 10 de noviembre está en juego cómo se van a gestionar las consecuencias de la última crisis y de la que está por venir, según aseguran publicaciones especialistas como The Economist o Financial Times. La propuesta de las derechas sigue siendo la misma que en 2010: cargar las responsabilidades sobre las clases humildes y trabajadoras. Solo En Comú Podem y Unidas Podemos son garantía de que un gobierno español recortará privilegios por arriba y no derechos por abajo.

1 Comment
  1. Equidad says

    ¿Gente partitocrática, despótica y corrupta mejorando la vida del proletariado? ¿Pero qué clase de sandez es ésta?
    No, con los partidos toxipatriarcales no vamos a ningún lado.

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