Estamos ‘ready pa morir’: disturbios en Barcelona

  • "La escisión entre partidos y sociedad civil hacía tiempo que venía viéndose también en el movimiento popular de raíz independentista"
  • "Haría bien cierta izquierda tribunera que tanto ha contrapuesto las movilizaciones a los “verdaderos intereses de la clase obrera” en escuchar este grito generacional"
  • "Lo que estamos viviendo estos días tiene mucho de estallido destituyente"

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Los eventos con capacidad para generar brechas entre lo conocido y lo posible nunca se cavan en la nada, parten de climas que erosionaron las seguridades sobre las que alguna vez caminábamos. Nuestra generación se politizó entorno a eventos constituyentes: el 15M, con sus respectivas traducciones institucionales; y la independencia, como gran utopía disponible en la que la frustración de expectativas permitía imaginar un futuro en el que todo era posible.

Mi banda sonora al volver a casa de las movilizaciones de la semana pasada en Barcelona ha sido el tema de de Yung Beef, Ready Pa Morir. Un himno a quién desde la nada (“la calle está mala”), creyó en algo (“aunque no consiga nada, tuve mucha ambición”) para volver a ser ateo (“pérdoname que ya no rece antes de dormir”). El trap como el punk millenial para la crisis en España, como defiende Ernesto Castro en un libro más que recomendable. Creo que es un buen resumen del quiebre que ha supuesto la sentencia: la certificación de la muerte del processisme como puerta de acceso a Ítaca.

Vale la pena hacer una diferenciación entre procés y processisme. El procés aglutina el periodo histórico y político que abre la sentencia del Estatut y la crisis económica como expresión concreta de la larga crisis de régimen en un lugar concreto, Catalunya. El procesisisme sería, por el contrario, la capacidad de algunos actores políticos para dirigir este “procés” en desde la encadenación lógica de hitos políticos que han dado forma a la política catalana de estos últimos años. Esa iniciativa se acaba con el 1 de octubre, pero las consecuencias en la conformación del sentido común de una gran parte de la sociedad catalana las estamos viendo ahora.

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La escisión entre partidos y sociedad civil hacía tiempo que venía viéndose también en el movimiento popular de raíz independentista. Los CDRs evidenciaron la fragmentación de dos estrategias: la visibilización del conflicto, acorde a ciclos políticos de resistencia; y las organizaciones y partidos, cada uno desde su defensa de la unilateralidad (puigdemontismo y ANC) o la ampliación de la base (ERC y Ómnnium, con diferencias sustanciales también en cuáles son los elementos que ponen cada uno sobre la mesa para “ser más”). Es ahí y en la tradición anarquista catalana dónde creo que hay que buscar las condiciones subjetivas que han permitido las protestas de estos últimos días.

Esta primera lectura que tiene que ver con la centralidad que ha ganado en la opinión pública el debate sobre la legitimidad o no de los disturbios es de raíz metodológica. ¿Ha ganado la tesis de la CUP y Puigdemont en el sí del independentismo? Hay quién dice que no hay ningún elemento nuevo que exceda a esta lucha interna. Mi opinión, es que es una visión superficial que responde a un análisis que pone el prisma solamente en la ejecución de lo que ha sido, por ejemplo, el Tsunami como artefacto, y que, además, se basa en la premisa de que hay una parte de la sociedad catalana ensimismada consigo misma; impermeable a otras fricciones y contradicciones que se dan también en el conjunto del Estado.

En este sentido, lo primero que hay que preguntarse es si estas protestas van más allá de la “independencia”. A priori, diría que esto siempre fue un movimiento que iba más allá de la independencia entendida como el derecho de una determinada nación a unas instituciones que protejan y reproduzcan aquellos rasgos diferenciales de una comunidad heredada. Lo que hemos vivido estos años siempre tuvo más que ver con el "pueblo" que con la "nación", más con la construcción de una comunidad desde el ejercicio de derechos que con la conservación de ciertas esencias que ni siquiera han sido una parte central del debate público y social del procés. Sí lo han sido, por el contrario, en el “afuera” del procés, pero eso es un análisis que merecería otro artículo.

Esta hipótesis es más clara que nunca si se atiende a la sociología y construcción de antagonismos en el que enmarcan las protestas. El “Estado” se ha convertido en fuente de todos los males para una generación que tiene procedencias y habla lenguas muy distintas, también con mucha diversidad de género (para quienes reducen esto a un problema de “testosterona”). La confrontación directa con la policía o el uso de la imagen del fuego como recurso de quién se ha educado en el instagram y en la cultura audiovisual dan buena cuenta de ello.

Y aquí la cuestión clave: ¿qué es el Estado sino las instituciones? ¿qué es el Estado sino aquello que debería ser capaz de integrar de forma particular las demandas de los distintos grupos sociales y darnos seguridades y garantías a los que no podemos pagarlas? Cuando la utopía se aleja y la respuesta ha venido por vía judicial y policial puede agotarse el imaginario de esperanza, pero el antagonista permanece.

Asimismo, sería simplista pensar que esta reacción es algo que se circunscribe exclusivamente a Catalunya. Los procesos sociales y políticos no “desconectan” o “rompen”, siempre están interconectados. De este modo, que la sentencia haya caído en el peor momento de desafección política del histórico del CIS a nivel de todo el Estado no es casualidad. Son movilizaciones que no exigen nada a los políticos porque tampoco esperan nada de ellos. No hay ninguna enunciación que diga "President, posi les urnes", como tampoco demandas concretas como la regulación del alquiler. Eso explica por qué movilizaciones que buscan exclusivamente dirigirse a la política institucional, como el caso de “Parlem”, han sido un rotundo fracaso.

Haría bien cierta izquierda tribunera que tanto ha contrapuesto las movilizaciones a los “verdaderos intereses de la clase obrera” en tomar nota y escuchar este grito generacional. La única diferencia entre aquí y allí es la tensión política que ha mantenido el procés y una sociedad civil muy organizada, pero los elementos y el quiebre de las utopías disponibles en el Estado están en una situación muy parecida. Esto va desde el fracaso del PSOE convocado elecciones y rompiendo las expectativas progresistas y pasa también por el fin de la hipótesis del “asalto a los cielos”, como por la incapacidad de tejer una nueva idea de España que ha politizado a muchos jóvenes españoles.

Creo que lo que estamos viviendo estos días tiene mucho de estallido destituyente. Pero todo movimiento de destitución imprime elementos nuevos, como también los borra quién es capaz de construir nuevos horizontes. Estamos, sin duda, ante un fin de ciclo que se ha hecho explícito de la manera más visual posible, y sin caer en el fetichismo ni el determinismo de la protesta como catalizador en positivo de la historia, qué alegría que se mueva por abajo el tablero que bloquearon allá arriba.

3 Comments
  1. Pilar M.L. says

    Muy interesante análisis, sin olvidar los conexiones con otros procesos destituyentes/disruptivos alrededor del mundo.

  2. Florentino says

    … Cuando el foco se pone en los disturbios, nos entran los interrogantes. ¿ Por qué se recurren a TC los Estatutos pasados por el ciclo exigido ?. Si una Autonomía vé la recentralización y las esposas nuevas,con los pactos-puentes destruidos; se cuestionan demasiadas cosas, así como las gentes de tal Comunidad, se posicionan abiertamente en la defensa de las opciones en defensa de lo qué significa para cada uno de ellos «su patria»; que viendo como es primera página amplificada, tertulias sin oposición, con unos partidos estatales de «centro ultraderecha» paseando sus miserias, provocando con ello añadir más fuerzas en sus protestas.
    Nadie duda, que hay infiltrados sin uniforme, y listas de personas que se irán sacando cuando interese al bipartidismo hasta hace poco oculto; unido a una época electoral endiabladamente carroñera… Se enciscan en las encuestas, poniendo los resultados antes que las preguntas por contestar. Están tan cuadradas ( las encuestas), que hacen de tal derecho una mierda teledirigida, excesivamente peligrosa; que cuando toque sacar de las urnas… ¡ Seguro, que vuelven los episodios de confrontación !. Aquí, falta un Gobierno limpio, con nuevas ideas, transversal, de progreso ( que no de retroceso); con un tiempo constituyente abierto, para centrar una transición sin tutelas, ni ruidos de sables, ni Ministros franquistas de padres constitucionales; derogación de leyes de Amnistía… ¡ Haciendo abjurar del fascismo franquista aquellos que todavía no lo han condenado y viven de una apología de un millón de muertos !. La sublevación militar nos trajo: Unos carceleros, jurídico políticos, que dentro de un «bipartidismo» nacional católico, piensan ya en una «Gran Alianza» secreta, pero a voces y voceros del régimen recetandonos… ¡ Una antigua solución fracasada y que tiene que pasar por el algodón de una verdadera democracia !. ¿ Quienes pueden destituir al rey ?. ¿ Las urnas, NO ?. ¡ Así, nos ahorraremos el fuego y las balas… Sería bonito, sí !.

  3. Julio Loras Zaera says

    Me quedo igual.

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