Desconcierto y repetición: las élites políticas ante “la cuestión española”

  • "La repetición de elecciones no es más que la reiteración al infinito de la negación del problema clave de la política en España"
  • "La crisis de sentido que vive España lleva a la clase dirigente a aferrarse a una interminable inercia de gestos, mímicas y ceremonias"
  • "Ahora sí tal vez España se esté acercando a una crisis de gran calado. La crisis del sentido de su proyecto de vida en común"

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El debate de los cinco candidatos ha mostrado el desconcierto fenomenal en el que han entrado las élites políticas en España. Cuanto más se encalla la resolución del principal problema del país, más agresivos e impotentes se muestran los líderes. Los síntomas de esa incapacidad son varios: la preeminencia de los vetos mutuos, en un país que ha asociado democracia a consenso; la centralidad que ha tomado la idea de “desbloqueo”, como si el problema fuera formar gobierno y no gobernar; y la repetición traumática por parte de los candidatos del mismo discurso desde, al menos, las últimas generales.

El principal problema del país es la “cuestión española”: cómo generar una básica y común identificación en la mayoría de los ciudadanos con la comunidad. Que esto sea denominado “cuestión catalana” o incluso “cuestión territorial” es ya un signo de la imposibilidad de nombrar el problema, de diagnosticarlo y por tanto de imaginar una solución. Si toda comunidad es tal porque comparte una matriz de sentido, España ha entrado en una crisis inocultable. Que los actores confíen en que ese sentido pueda reconstruirse a través de lo jurídico, la violencia, la fuerza y/o la imposición muestra la profundidad del brete en que nos encontramos.

Una variante elegante de la negación del problema es centrar todo en el “desbloqueo”. Hay bloqueo porque no hay acuerdo sobre qué hacer, no al revés. Convertir el bloqueo en el problema es transformar las consecuencias en las causas. Hay bloqueo porque no hay ni siquiera un diagnóstico mínimo común acerca de qué representa la desidentificación de importantes sectores de la sociedad catalana con la comunidad nacional española, no a la inversa. Cuando hubo acuerdo se procedió conjuntamente, incluso para algo inédito como fue la aplicación del artículo 155.

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Esa incapacidad de proponer una solución imaginativa que canalice el problema es lo que lleva a cada fuerza a repetir hasta la saciedad el mismo discurso, con algún adorno para la ocasión, pero sin modificaciones de fondo. La repetición de elecciones no es más que la reiteración al infinito de la negación del problema clave de la política en España.

La crisis de sentido que vive España lleva a la clase dirigente a aferrarse a una interminable inercia de gestos, mímicas y ceremonias, donde cree encontrar la política, y que determina preocupaciones como el color de la corbata, la altura del atril o el tamaño de plató. Todo ello abonado por un ejército de "expertos" en comunicación, redes, marketing, complementado por periodistas desvelados por saber a qué hora exacta llega el candidato y qué zumo prefiere.

El afán por todos esos detalles no es más que la confesión de una descomunal impotencia política: donde no hay un discurso de envergadura ni una personalidad política, el tropiezo dialéctico, los segundos de menos o dejar que el otro cierre el bloque devienen abismos de los cuales no se vuelve. Y así acaba siendo, en efecto.

Pero la palabra política es otra cosa: atraviesa los cuerpos y los espíritus por la densidad y el volumen de su envergadura, que construye mundos, sujetos, presentes y futuros. No radica en el timbre de voz, ni en la gota de sudor que esa iluminación desnudó, ni en el botón de la camisa cuidadosamente desabrochado.

Quizá haya que empezar por lo más sencillo y crucial: ¿qué sentido ético-político tiene que yo esté reclamando la atención de la ciudadanía para pedirle que me confíe el poder político? ¿Tengo un horizonte de vida en común que ofrecer? ¿Estoy hecho para escuchar, persuadir, luchar, todo lo cual requiere tiempo, paciencia, perseverancia, fe, fortaleza interior?

Ahora sí tal vez España se esté acercando a una crisis de gran calado. La crisis del sentido de su proyecto de vida en común. Llegados a este punto, analizar el debate en términos de quién ganó o perdió es tocar la lira mientras Roma tal vez ya esté ardiendo.

1 Comment
  1. Florentino says

    …La lira no se, pero lo que no están tocando es el fondo de la ciénaga del Estado. Los parches «Sor Virginia» desde la «transación», se renuevan dentro de unas normas escritas manu militari; concretadas en una Constitución, exclusiva para creyentes, fervientes seguidores de la ¡ santa cruzada !. El camino del bipartidismo turnante, se quedó al descubierto desde aquel 15 M y no pudiendo superar los números obtenidos por la democracia real en su versión transversal… Han optado por usar los medios más «barriobajeros», que incluyendo las esencias judiciales, fácticas, mediáticas, económicas, e incluso cloacas sin desactivar, para desgastar, eliminar, cansar; a los que designan como «socios preferentes». Buscando la pátina que pueda tapar, tanta falsedad, engaños, maniobras… y que te vuelvan a votar !.
    Los votantes, no hemos fallado y tampoco debemos fallar ahora precisamente; por que el retroceder, escondiendo la cabeza bajo el ala y no querer ver lo próximo: ¡ Una Gran Coalición como excusa !. Es muy grave, han o están destrozando el barco; lo último será hacer la coalición en «simulado y diferido»… Y nosotros de tancredos, votando al «verdugo social». La mierda huele mal desde hace mucho tiempo, y se incrementa con nuevos vertidos «cara el sol», su persistencia obliga a dotar de medidas y la mejor: ¡ Votar en defensa propia !. Agustín Moreno lo decía en otra crónica de hace días… Que cada uno piense en quienes pueden defender los derechos sociales, luchados y ganados por nuestros padres y abuelos… Y con ellos compartir lo que nos puede unir, la defensa vital, desarrollo de las libertades sociales para esa mayoría… ¡ Que no renuncia a la: Verdad, Justicia, Reparación… de muertos y VIVOS !.

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