La ineludible responsabilidad de Sánchez de dar la cara ya

  • "Resulta imprescindible que Sánchez aclare antes del 10-N sus alianzas prioritarias. Es una responsabilidad ineludible"
  • "Con la abstención del PP y Ciudadanos, Sánchez puede ser presidente al precio de hundir más pronto que tarde a los progresistas"

0

Olvidamos que estamos en campaña. Y que siempre hay mucho truco para atraer a los votantes. Unos que si bajadas de impuestos, otros que acabar con la reforma laboral, los de más allá que proclamar la República a fecha fija. Lo que sea.

Y los programas, claro, están totalmente desprestigiados. Basten los ejemplos de Mariano Rajoy con la bajada de impuestos cuando le ganó a Zapatero en 2011 o las propuestas de Xavier Arzalluz para que el Parlamento Vasco aprobase la autodeterminación –y lo hacía, por cierto- siempre cuando llegaban comicios generales. Como después siempre hay una excusa para hacer otra cosa, incluso lo contrario, o dar largas, pues nada: a prometer, que es campaña.

Por eso, cuando se acerca la hora de votar es vital separar el grano de la paja. Y por lo mismo, no se puede ir a hacerlo sin saber, al menos, el rumbo que cada candidato está decidido a tomar, aunque luego, a la hora de cumplir, diga para sus adentros, como San Agustín, que la línea más corta entre dos puntos es la sinuosa.

Publicidad

Pedro Sánchez, como representante del partido socialista, el más votado y con más opciones de ganar, tiene una responsabilidad enorme. Si puede gobernar con Unidas Podemos, Más País y PNV (sobre todo si encima cuenta con la posibilidad de no necesitar a los independentistas y puede excluir –por interés electoral- incluso a su ala izquierda, la de ERC), y opta por gobernar en solitario con la abstención de PP y Cs -sin aclarar, además, qué cede a cambio-, podría sumir a la izquierda en una crisis de incalculables dimensiones y para muchos años.

Me explico. Sánchez será presidente, pero si se impone la inestabilidad como consecuencia de la desaceleración económica y la crisis catalana, en dos o tres años se celebrarán nuevas elecciones. Y si gana la derecha con el apoyo de la ultraderecha, esos ya tres socios en autonomías y ayuntamientos –algo nada descartable-, podrán ocupar La Moncloa por lo menos dos legislaturas –o más- mientras la izquierda se recompone. De ahí que resulte imprescindible que Sánchez aclare antes del 10-N sus alianzas prioritarias. Es una responsabilidad ineludible.

Y es que, con la abstención del PP y Ciudadanos, Sánchez puede ser presidente al precio de hundir más pronto que tarde a los progresistas viéndose obligado a favorecer una nueva pérdida de derechos y un retroceso en lo económico y social de los ciudadanos españoles que avalarán el Banco Central Europeo –al que controlan los mercados, no el Parlamento Europeo- y la Comisión Europea, mayoritariamente conservadora. A ello que hay que añadir que le exigirán, como mínimo, frenar el diálogo con el independentismo catalán y dar largas a una salida democrática que sólo puede acabar pasando por un acuerdo entre el Estado y la Generalitat para celebrar un referéndum pactado semejante al de Quebec si no se quiere vivir en una desestabilización permanente. Una crisis que todo el mundo sabe,incluso Abascal, aunque diga lo contrario por razones electorales, que no resolverá el uso violento de la fuerza porque el contexto político europeo no lo permitiría.

En fin, que, ahora, el problema no es que Sánchez quiera ser presidente en solitario, sin ministros de Podemos. Es que el candidato debe aclarar con qué apoyos parlamentarios quiere gobernar en solitario. Porque gobernar por gobernar puede llevarle a su destrucción, la del PSOE y la del conjunto del progresismo si pretende hacer juegos malabares, cediendo a la derecha o la izquierda a conveniencia en Presupuestos, conflicto catalán y otras leyes decisivas como las de la reforma laboral, las  pensiones o la Ley Mordaza. Cesiones que se antojan contradictorias. E imposibles. Y que esta vez generarán conflictos sociales virulentos porque se puede convencer a la gente de que hay que chupar piedras, pero no de que se las coman. Se le romperían los dientes.

Leave A Reply

Your email address will not be published.