FOTOCHOP (IV)

A propósito de Ndugu

  • "El pasado domingo tuvimos elecciones aquí, en España, y de repente me he sentido un extraño en mi propio país"
  • "Yo no soy compatriota, ni lo quiero ser, de ningún mentecato que practique, ampare, justifique o promueva la indolencia respecto al maltrato a las mujeres"

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Querido Ndugu. Espero que sigas bien. Me contó la Hermana Nadine en su última carta que con las gafas que te mandamos estás aprendiendo las letras mucho mejor y que la camiseta de Osasuna te queda como un guante y que no te la quitas ni para dormir. Estaba seguro de que te gustaría. Ya sé que solo tienes seis años, que no sabes leer y que no entenderás ni una palabra de lo que te voy a contar, pero quizás estas líneas puedan serte de utilidad en un futuro no muy lejano. Y es que las personas, ya lo verás, tenemos la mala costumbre de repetir los mismos errores una y otra vez, aunque nadie parece darse cuenta. Empieza uno ilegalizando partidos —independentistas, trotskistas, animalistas, ¿qué más da? — y acaba pintando estrellas de seis puntas en los escaparates y metiendo un tiro en la nuca a todo el que no piensa como él… La elipse perfecta… Estas cosas las puedes encontrar a todas horas en los documentales sobre los nazis que ponen en los canales de Historia, pero parece que no interesan, o que no importan, que es todavía peor… Yo, como estoy jubilado, me los trago todos; y más desde que Helen nos dejó.

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El pasado domingo tuvimos elecciones aquí, en España, y de repente me he sentido un extraño en mi propio país. He descubierto —como si alguien me agarrara por los hombros y me zarandeara— que vivo junto a millones de individuos, compatriotas dicen llamarse, con los que, sin embargo, no comparto nada: ni los valores, ni los principios, ni conceptos básicos como dignidad, humanidad, justicia, verdad, libertad, misericordia… Estas cosas son muy importantes, Ndugu, lo sabrás cuando seas mayor, y son básicas a la hora de poner en marcha cualquier proyecto común. Yo no puedo ser compatriota de quien sostenga que los cadáveres de miles de personas asesinadas por defender su derecho a pensar y a expresarse como les daba la gana están condenados a permanecer yermos en las cunetas. Yo no soy compatriota, ni lo quiero ser, de ningún mentecato que practique, ampare, justifique o promueva la indolencia respecto al maltrato a las mujeres. Yo no quiero tener nada que ver con tipos para los que la mentira es simplemente un deporte y la falsedad una herramienta de trabajo. No soporto, nunca lo he hecho, a los que son fuertes con el débil y débiles con el fuerte. No quiero saber nada de los que solucionan los problemas a golpe de concertina, de represión, de tanques en las calles, de estados de excepción. Me resulta insoportable la idea de tomarme una cerveza con un individuo capaz de contemplar desde el chiringuito, sin inmutarse, como se hunde una patera a cincuenta metros de la playa, aunque sea el marido de tu hija el que está contigo en la barra. Me he dado cuenta de que soy un marciano entre gente así. Tu eres mucho más compatriota mío que esas personas, querido muchacho… No hay gol de La Roja en el minuto 93 de la final de un Mundial capaz de hacerme cambiar de opinión respecto a eso… Te lo aseguro.

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Desde hace algún tiempo me ronda la idea de vender la casa en la que viví con Helen, comprar una autocaravana y dar una vuelta por ahí. Ir a sitios a los que siempre quise ir y nunca fui. Estoy convencido de que encontraría gente maravillosa por el camino. Tengo la impresión de que las cosas se ven mejor en movimiento, que es al pararte cuando todo se te echa encima, cuando pierdes perspectiva y no consigues respirar bien. Siempre he sido más propenso al escepticismo y a la melancolía que a la acción, pero todavía estamos a tiempo de cambiar eso, mi querido Ndugu. Lo cierto es que Tanzania me queda un poco a desmano… Pero ¿quién sabe? Una vez que cruzas el Estrecho solo es cuestión de ir bajando, ¿no?… Por cierto, he vuelto a fumar, que es fatal para la salud, Ndugu —eso quiero que lo sepas—, pero que me da vidilla.

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Posdata: gracias por el dibujo.

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