Petróleo, covid-19 y valor-trabajo

  • "¿Ha perdido el petróleo su valor a nivel productivo?. En absoluto. Una teoría que nos podría proveer de una serie de claves es la teoría marxista del valor-trabajo"
  • "El petróleo no ha dejado de tener valor por perder valor de uso. Lo sigue y lo seguirá teniendo con toda seguridad"
  • "Es muy probable que nos estemos asomando a un escenario de mayor avance del modelo extractivismo y un incremento de las desigualdades entre países productores"

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Una de las dimensiones extra-sanitarias que más debate está suscitando en esta pandemia de coronavirus es sin duda la económica. Al trastocar múltiples pilares de la producción que se da en las distintas escalas, así como las relaciones que la constituyen, nos hemos visto en la obligación de poner la lupa donde antes no se situaba, llevándonos a replantear muchos aspectos que previamente dábamos por sentados. Entre ellos, sin duda, está la cuestión del mercado energético global en relación a un fenómeno que ocurrió hace escasas semanas y que, a priori, aparenta ser un sin sentido: la caída del barril de petróleo hasta precios negativos por momentos. ¿Cómo cabe esta posibilidad?. ¿Cómo deberíamos interpretar algo tan poco usual como los precios negativos en el mercado?. Sin duda los primeros en lanzarse a explicar este contexto, desde posiciones marginalistas y liberales, han recurrido a la clásica contraposición oferta/demanda. Básicamente vienen a decir que si ha tenido lugar esta drástica bajada, ha sido por un exceso de oferta de barril de crudo en el mercado internacional ante una caída de la actividad económica, que a día de hoy como sabemos es altamente dependiente de las energías fósiles. El valor de los combustibles de este origen se habría perdido. Podría  tener cierto sentido, pero ¿es real esta explicación tan sencilla?. El gran problema de este planteamiento marginalista neoclásico es que asume que el valor es meramente una cuestión subjetiva, viéndose reflejado por tanto en el ratio oferta/demanda. ¿Ha perdido el petróleo su valor a nivel productivo?. En absoluto. Una teoría que nos podría proveer de una serie de claves, y que está siendo apenas empleada, es la teoría marxista del valor-trabajo. Pero antes debemos dar unas breves pinceladas de cómo funciona el mercado internacional de petróleo.

Ya de primeras, se hace difícil poder encontrar una fiabilidad en torno a qué valor puede tener per se  el petróleo mediante parámetros como la oferta y la demanda, puesto que es una de las mercancías reguladas a nivel político y económico. Son bien conocidos términos como los de barril de Brent y West Texas Intermediate. Estos hacen referencia a los precios por barril que se fijan principalmente por algunos productores europeos en el primer caso y por parte de Estados Unidos y Canadá en el segundo. La diferencia entre ambos es de cierta importancia ya que este último requiere de procesos más cortos de refinamiento para su posterior utilización, necesita por tanto de una mayor cantidad de tiempo y tecnología; aunque por otro lado, en el caso del crudo de Brent, la capacidad de almacenamiento es mayor por parte de los productores, lo cual reduce costes. No obstante, ni de lejos estos producen en las mismas proporciones en las que lo hace la OPEP o la OPEP+ (OPEP a la que se le suma fundamentalmente Rusia), sobre todo a partir de las últimas décadas del siglo XX. Aunque esta última es un paraguas bastante heterogéneo que agrupa a países latinoamericanos, como Venezuela; africanos, como Libia, Gabón y Nigeria; o de Oriente Medio, como Irak, Irán o Emiratos Árabes, lo cual supone grandes diferencias entre sus distintas capacidades de almacenamiento, tecnologías de extracción y mercados de exportación; el papel de Arabia Saudí, hasta hace no mucho, había conseguido equilibrar los distintos ajustes de subida y bajada de precios, a través del control de la producción, en función de las necesidades coyunturales de cada país. No obstante, el punto de inflexión decisivo tuvo lugar en 2014 cuando el país árabe dejó atrás este rol, ante la caída de precios del barril por debajo del 50%, provocada principalmente por el impulso que EEUU había dado a la tecnología del fracking. La mayoría de integrantes de la OPEP solicitó una subida de precios y una reducción de la producción,sin embargo Arabia Saudí se lanzó a competir y acordó un aumento de la misma. También de cara a seguir proveyendo de crudo al país norteamericano, que si bien había ampliado sus reservas, no dejaba de seguir dependiendo de las importaciones, las cuales también coincidieron con un periodo de mejora de las relaciones diplomáticas entre Riad y Washington. Este es el hecho decisivo en el que tenemos que fijarnos para poder explicar cómo se ha podido llegar a día de hoy a un escenario de caídas por debajo del 60% llegando a incluso esos precios negativos para el caso del West Texas Intermediate. Si algo nos dice la teoría del valor es que el valor de uso de la mercancía, en este caso la posibilidad de proveer energía a través de la combustión, no se puede tomar de manera absoluta y aislada. El petróleo no ha dejado de tener valor por perder valor de uso. Lo sigue y lo seguirá teniendo con toda seguridad. Lo importante es que este valor de uso se tiene que analizar de manera relacional al valor de cambio, es decir, el equivalente de tiempo de trabajo empleado para producir esa mercancía. Pero no por ello, el tardar más tiempo en obtener el petróleo mediante una u otra técnica, hace que sea más valioso, sólo lo será en tanto que sea acorde con el desarrollo de las fuerzas de producción (fuerza de trabajo, medios de producción con tecnología más sofisticada etc). ¿Dónde nos lleva eso?. A explicar por tres razones fundamentales porque el petróleo, especialmente el estadounidense, ha experimentado estas caídas pero sin llegar a perder su valor.

Por un lado, el aplicar tecnologías más avanzadas como el fracking, si bien en periodos de normalidad permite unas mayores tasas de ganancia con respecto a otros productores; en estos momentos el tiempo dedicado en relación al desarrollo de fuerzas productivas excede al que sería necesario. En otros términos más simples: se podría decir que la tecnología es más avanzada de lo que se requiere para lo que hay que producir. El valor generado rebasa al tiempo necesario socialmente para producirlo. El valor, que no el valor de uso, se ve momentáneamente superado en exceso.

En segundo lugar, y también ligado a la tecnología, entra la cuestión de la capacidad de almacenamiento. La coyuntura, ante la caída del empleo de energías fósiles, hace que las infraestructuras para su almacenamiento adquieran un uso como tecnologías socialmente necesarias que le aportan más valor a la mercancía. Tanto Arabia Saudí, Rusia y Europa, tienen una mayor capacidad que EEUU. Su mayor volumen de producción, y de adquisición a Arabia Saudí desde 2015, le han puesto en el límite de la capacidad de acaparar estas reservas, teniendo que poner buques a disposición de este fin, encontrando dificultades aún así. Este sería otro motivo para la negatividad del valor.

Por último, y en relación a esta última, estaría la cuestión de la circulación del propio petróleo, como mercancía. Aunque tenerlo almacenado impide que este sea adquirido por un tercero, perdiendo tasa de ganancia en el tiempo, amortigua la pérdida que relativamente se podría recuperar en un futuro. No obstante, la necesidad de ponerlo en circulación estos momentos ante la imposibilidad de almacenarlo, reduce tasas de ganancia por el valor negativo de estos momentos, devaluándolo aún más.

De cara a un futuro próximo en el que la actividad económica en la economía-mundo capitalista se recupere y con ella el consumo de petróleo, ¿qué escenarios cabe anticipar?. Seguramente, como toda crisis de realización de plusvalor de mercancías, ante la imposibilidad de circulación, el mercado de hidrocarburos lejos de contraerse, se expanda para dar salida a todos los que en este tiempo no se han comercializado, impidiendo continuar con el proceso de acumulación capitalista. Esto supone que principalmente los países más subdesarrollados de la OPEP sufrirán mucho más las consecuencias económicas y sociales derivadas de la dependencia del rentismo de los hidrocarburos. Con una alta probabilidad, tendrán que producir en mayor cantidad y a menores precios, ya que no parece que la política a seguir por Arabia Saudí sea la del reequilibrio, o al menos por ahora. Al mismo tiempo, EEUU buscará expandirse a más mercados a los que ahora suministran estos países, de cara a dar salida a gran parte del petróleo que ahora mismo almacena, haciendo más dura y desigual la competencia. A lo que además habría que sumarle que estos países subdesarrollados dependientes del petróleo, la mayoría latinoamericanos y africanos, no disponen de suficiente tecnología para el refinado, lo cual en condiciones de normalidad de la producción, aunque ahora no lo suponga, significará una disminución de la tasa de ganancia. En definitiva, aunque por momentos pueda parecer que es más factible el surgimiento de un colapso de las energías fósiles, es muy probable que nos estemos asomando a un escenario de mayor avance del modelo extractivismo y un incremento de las desigualdades entre los países productores.

1 Comment
  1. Anónimo Pérez says

    Muy interesante artículo. Aporta mucho para entender la actualidad

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