OPINIÓN

24/7: la embarcación Menkalinan de Salvamento Marítimo lleva semanas sin parar

  • Los 4 tripulantes de la salvamar Menkalinan no han terminado un servicio cuando ya están siendo movilizados para otro en apenas un breve período de tiempo
  • La enorme carga de trabajo que están soportando las tripulaciones de Salvamento Marítimo destinadas en el archipiélago canario es indecente
  • Exigir efectivos para que la gente deje de morir en el océano, no es ninguna moda. Se trata de gente que se está jugando la vida, tanto auxiliando como siendo auxiliada.

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Macarena Amores, periodista y militante anarcosindicalista de CGT

Dieciséis horas de servicio con solo un marinero en cubierta para auxiliar a decenas de pateras en la ruta canaria es terrorismo patronal. Está pasando ahora y lleva pasando muchos años en Salvamento Marítimo. Mantener recortes y el mismo número de profesionales en las plantillas desde 2012, no solo ha generado precariedad y malestar en la flota, sino que también está incidiendo en la efectividad de un servicio público. Además, están muriendo personas extranjeras y pobres, por lo que si no es racismo institucional poco le queda para llamarlo por su nombre.

La salvamar Menkalinan de Salvamento Marítimo, con sede en el puerto de Arguineguín (Gran Canaria), lleva semanas sin parar. Sus tripulantes, que en su caso son 4, no han terminado un servicio cuando ya están siendo movilizados para otro en apenas un breve período de tiempo. A veces, entre una emergencia y otra no hay más que unas pocas horas, como ha ocurrido precisamente esta madrugada, cuando tuvieron que activarse para salir al rescate de otra embarcación. Rescataron a personas de dos pateras, pero también otros dos cayucos llegaron por sus propios medios a tierra.

El pasado 20 de agosto, por ejemplo, esta tripulación salió de puerto a las 15.00 horas. Recorrieron un total de 225 millas, ida y vuelta, para auxiliar a 15 personas que viajaban a bordo de un cayuco a la deriva. Once de las cuales pudieron ser rescatadas con vida, el resto de viajeros la perdieron en un nuevo intento por llegar hasta Europa. Eran las 7 de la mañana del 21 de agosto cuando regresaron a su puerto base, en Arguineguín, Gran Canaria. Dieciséis horas que a veces son dieciocho, o veinte.

La enorme carga de trabajo que están soportando las tripulaciones de Salvamento Marítimo destinadas en el archipiélago canario es indecente, como también lo es que desde las tribunas del poder y las diferentes “direcciones” solo se reaccione en base a toques de atención, amenazas de huelga o campañas mediáticas en redes sociales. Si los profesionales de Salvamento Marítimo no pueden ejercer su labor con garantías de seguridad para con las personas a las que auxilian, en emergencias de todo tipo, y sin poner en verdadero riesgo sus vidas, no podemos dejar de afirmar que desde la dirección de Sasemar, y por ende sus representantes políticos designados por el Gobierno de turno, inclusive el propio Ejecutivo, no están a la altura de la responsabilidad que entraña la gestión de un organismo como este en el Estado español. Lo que está ocurriendo no es serio ni moral.

Pedir más refuerzos, sobre todo en aquellos puntos donde en los últimos meses se están produciendo más llegadas, no es un capricho. En realidad, exigir efectivos para que la gente deje de morir en el océano, no es ninguna moda, ni tampoco ningún tema recurrente cada verano en los medios y canales de información. Se trata de gente que se está jugando la vida, tanto auxiliando como siendo auxiliada.

Que la ruta canaria se haya reactivado es ya una realidad constatada y advertida, no obstante, desde hace demasiado tiempo por quienes realmente le tienen tomado el pulso a la situación, que son quienes llegan en primer lugar al punto donde se está produciendo una emergencia o donde ya no se puede hacer nada por quienes pidieron socorro. Pero tampoco es la única vía de llegadas con más actividad en los últimos días. Prácticamente todas las rutas de entrada a Europa por la Frontera Sur se han reactivado. Las tripulaciones de las lanchas que operan en el mar de Alborán, en el estrecho de Gibraltar, en el Levante o Baleares, han tenido servicios en los últimos días. Esta semana, sin ir más lejos, conocíamos que una familia entera había desaparecido frente a las costas de Cartagena (Murcia) tras el naufragio de su embarcación de la que solo se salvaron 4 personas de origen argelino. Los efectivos de Sasemar estuvieron horas buscando supervivientes.

Además, se han producido entradas a través del perímetro fronterizo con Marruecos en Melilla, produciéndose una nueva muerte (“natural” según el Gobierno) de un ciudadano subsahariano la pasada semana, en la recién estrenada y menos lesiva valla, apuesta del Ministerio de Interior del Ejecutivo español.

Hoy mismo, dos de las salvamares que operan en el estrecho de Gibraltar y en el golfo de Cádiz, la Arcturus y la Enif, están activadas en busca de embarcaciones con personas migrantes a bordo. La salvamar Arcturus de Tarifa ha rescatado en las últimas 24 horas dos pateras de 2 y 4 personas migrantes respectivamente, todas de origen magrebí. La Enif, la nueva lancha de Barbate, ha sido movilizada para otra emergencia de la que conoceremos más datos en las próximas horas. Y si volvemos la vista de nuevo a las islas Canarias, la guardamar Talía ha vuelto a rescatar en el día de hoy 2 pateras, de 9 y 4 personas respectivamente, todas de origen magrebí y, aparentemente, en buen estado de salud. Solo entre ayer y hoy, entre la Menkalinan y la Talía se han auxiliado en el Atlántico a 9 embarcaciones. Y los avisos por avistamiento de cayucos no han terminado.

Llegará el día que alegar que esta situación límite solo se vive durante unas cuantas semanas al año en nuestras fronteras marítimas y mantener el pulso en los barcos de rescate con tripulaciones mermadas y agotadas física y anímicamente, pasará factura, y el precio será alto. Más alto del que ahora ya estamos pagando.

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