Necesitamos confiar en las personas

  • "Tenemos riqueza suficiente para que todas las personas tengamos la existencia material garantizada y la única pregunta es cómo la repartimos"
  • "¿Acaso el derecho a que toda la ciudadanía tenga la existencia material garantizada no debería ser prioritario?"
  • "¿Por qué seguimos apostando por medidas no tan “completas y eficaces” como las rentas mínimas aunque queden millones de personas en la estacada?"

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“¿Cómo le vas a dar dinero gratis sin contraprestación alguna a un vagabundo? Te digo desde ya: se lo gastará en alcohol, tabaco, drogas y juego”.

Este tipo de afirmaciones, que fueron recurrentes tanto en Londres como en Vancouver a las puertas de comenzar los dos proyectos sobre los que hablaremos a continuación, no distan mucho de la concepción que se tiene en la mayoría de países occidentales respecto a las personas en situación de sinhogarismo. Porque, lógicamente, ofrecer dinero a cambio de nada a las personas y que ellas puedan gestionarlo como buenamente consideren, cuestiona y desafía los estereotipos que tenemos sobre cómo ayudar a las personas que viven en los márgenes. Y es que, mantener el statu quo sale barato, ¿verdad?.

Pues veamos qué resultados han obtenido al respecto experimentos en apariencia tan sencillos como revolucionarios. En primer lugar analizaremos aquél llevado a cabo por la ONG británica Broadway en el año 2009 y, en segundo lugar, el realizado en Canadá por “Foundations for Social Change” en colaboración con la University of British Columbia, llamado “New Leaf Project”.

Corría el año 2009 cuando Londres estaba preparándose para ser la sede de los Juegos Olímpicos de 2012 y el entonces alcalde Boris Johnson se autoimpuso el objetivo de “limpiar las calles”. A partir de este anuncio las personas en situación de sinhogarismo empezaron a sufrir ataques continuos bajo una gran presión coercitiva: se empezaron a mojar los lugares donde dormían, a despertarles por las noches o a moverles para que no pudieran dormir.

Es entonces cuando la ONG Broadway decide ayudar a 13 de estas personas (algunas de ellas “veteranas de la calle” que llevaban más de 40 años viviendo en la calle) simplemente entregándoles 3.000 libras sin ninguna contraprestación. Es decir, nadie les iba a pedir nada a cambio ni nadie les iba a cuestionar o preguntar cómo se gastaban el dinero. Eso sí, contaban con un asesor a quien podrían preguntarle lo que consideraran y éste, al empezar, solo les hizo una pregunta: ¿tú qué crees que necesitas? Las respuestas dejaron boquiabierto a más de uno. Los deseos materiales de estas personas fueron realmente humildes: un teléfono, un audífono o un diccionario entre otras cosas.

En primavera del año 2018 se lanzó en Canadá el proyecto “New Leaf Project”, en el que participaron 115 personas de entre 19 y 64 años que llevaban sin hogar durante al menos seis meses. 50 de estas personas fueron elegidas al azar para recibir 7,500 dólares canadienses en efectivo, mientras que las demás formaron un grupo de control que no recibió dinero alguno. La historia se repetía y, una de las personas responsables del proyecto, tal y como manifestaron en Londres una década antes, afirmó que “no tenía expectativas pero sí muchas esperanzas”.

Y, como sabemos perfectamente, una cosa es tener esperanza en algo y, otra bien distinta, que tus esperanzas se alineen con la realidad. No obstante, estoy seguro que en estos dos casos los resultados obtenidos sobrepasaron por mucho las expectativas depositadas en ellos. De las 13 personas en situación de sinhogarismo que dormían en las calles de Londres, al cabo de año y medio, 7 de ellas ya tenían un techo sobre sus cabezas y 2 más estaban a punto de trasladarse a sus propios apartamentos. Además, todos ellos habían dado pasos fundamentales hacia la solvencia y el crecimiento personal, apuntándose a cursos de cocina, sometiéndose a rehabilitación, visitando a sus familias o haciendo planes de futuro. Tal y como afirmó Simon, una de las personas que tomó parte en el proyecto, finalmente su vida había empezado a encajar. Simon, quien había estado enganchado a la heroína durante 20 años, consiguió desengancharse y había empezado a tomar clases de jardinería. Según sus propias palabras había empezado a cuidarse, a bañarse, a afeitarse y le rondaba la idea de volver a casa con sus dos hijos.

Los resultados del “New Leaf Project” canadiense también transitan por el camino del crecimiento y el desarrollo personal. En primer lugar, las 50 personas que recibieron 7,500 dólares canadienses se mudaron a una vivienda estable después de un promedio de tres meses. En comparación, los del grupo de control, tardaron un promedio de cinco meses. En segundo lugar, quedó claro que no malgastaron el dinero. Todo lo contrario, ya que lo manejaron muy bien durante el transcurso del año. Una de las encargadas del proyecto dijo que había visto que “la gente retenía más de $1,000 durante los 12 meses que duró el proyecto, lo cual es significativo para esta zona de Canadá". En tercer lugar están los resultados sobre en qué gastaron el dinero. Bien, en promedio gastaron el 52% de su dinero en comida y alquiler, el 15% en otros artículos como medicamentos y facturas y el 16% en ropa y transporte. Es destacable también que casi el 70 por ciento de las personas consiguieron seguridad alimentaria después de un mes. Y, finalmente, cabe recalcar que los datos sobre el consumo de drogas hablan por sí mismos: el gasto en alcohol, cigarrillos y drogas se redujo, de media, un 39%.

Y es en este momento, viendo los resultados tan interesantes que muestran estos proyectos, cuando te preguntarás: ¿y esto cómo se paga? ¡Costará un dineral! A mí, personalmente, la financiación no es el tema que más me preocupa porque existen evidencias suficientes sobre la viabilidad de proyectos ambiciosos de renta básica financiados a través de una reforma fiscal. Tenemos riqueza suficiente para que todas las personas tengamos la existencia material garantizada y la única pregunta es cómo la repartimos. Sin embargo, es totalmente comprensible que las personas que no tratan diariamente con números y estadísticas puedan hacerse esta pregunta. En el caso británico, las trece personas en situación de sinhogarismo que recibieron dinero por parte de la ONG Broadway “costaban” al Estado 400.000 libras anuales entre gastos policiales, costes judiciales y servicios sociales. Unas 30.000 libras cada una. Por contra, el “coste” de ayudar a estar personas ascendió a un total de 50.000 libras, incluidos los sueldos de las trabajadoras sociales. Es decir, 8 veces menos. En el caso canadiense, el proyecto supuso para los contribuyentes canadienses un “ahorro” de $8,100 por persona ($405,000 para las 50).

Los números, por lo tanto, son claros. Los dos proyectos llevados a cabo permitieron reducir costes considerablemente. Sin embargo, creo que es más interesante poner el foco en otro aspecto que considero mucho más importante: el hecho de dejar atrás la continuidad de lo que se había hecho durante décadas de castigos, enjuiciamientos e infructuosos intentos de protección posibilitó ayudar a estas personas avanzando hacia un futuro de libertad y crecimiento personal.

Son muchas las personas para las que la mayor objeción a la hora de hablar de una implantación de una renta básica es el supuesto alto coste que supondría para las arcas públicas. Por el contrario, habitualmente, se posicionan a favor de incrementar el gasto en sanidad, en educación u otros servicios públicos. Pero, ¿acaso el derecho a que toda la ciudadanía tenga la existencia material garantizada no debería ser prioritario? ¿Por qué seguimos apostando por medidas no tan “completas y eficaces” como las rentas mínimas aunque queden millones de personas en la estacada? Es en situaciones como ésta, en medio de una pandemia y una gran crisis socioeconómica, cuando realmente comprendemos la necesidad un sistema fiscal justo que, mediante la redistribución de la riqueza, nos permita tener los recursos necesarios para proteger a la gran mayoría social. Como decía Ray, a quien el proyecto canadiense le permitió conseguir una vivienda y formarse para trabajar ayudando a personas con adicciones, “algún día podría ser esa persona importante que tiene una voz poderosa... porque, una semilla puede convertirse en roble”.

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