Quemar el Parlamento

  • "El 3 de febrero de 1992 ardió el Parlamento de Murcia, en Cartagena. Lo quemaron trabajadores de algunas de las muchas fábricas que cerraron ese año"
  • "‘El año del descubrimiento’ es un ejemplo de cine social poco frecuente en el panorama español reciente"
  • "La obra maestra de Luis López Carrasco nos recuerda que en política es casi más importante lo que pasa en los bares que en los parlamentos"

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El 3 de febrero de 1992 ardió el Parlamento de Murcia, en Cartagena. Lo quemaron trabajadores de algunas de las muchas fábricas que cerraron ese año, golpeadas por la reconversión industrial del Gobierno de Felipe González. Mientras tanto, se organizaban los Juegos de Barcelona y la Expo de Sevilla, y España se presentaba al mundo como un país plenamente desarrollado que “se podía permitir ciertos lujos”. Así lo expresa uno de los personajes de El año del descubrimiento, una película monumental que, a través de conversaciones de bar tan reales como la vida misma, cuenta las contradicciones de un país en el que el escaparate olímpico ocultaba un desastre social inducido cuyas consecuencias todavía arrastran los territorios más afectados.

Durante tres horas y veinte minutos se suceden decenas de conversaciones de gente de Cartagena, la ciudad que el director elige como símbolo de una lucha sindical y obrera que prendió en muchos otros lugares del país. Al principio de la película somos testigos de charlas sin un contenido claro, típicas conversaciones medio inconexas que se tienen en la barra de una discoteca. Poco a poco, los temas sociales van apareciendo en las intervenciones de los personajes: sobre todo, jóvenes afectados por la crisis del 2008 y mayores, testigos o protagonistas de las luchas obreras de principios de los 90. Durante la segunda mitad, vemos claramente un documental histórico-político, donde los relatos entrecruzados de varios sindicalistas de la época nos van acercando al momento culminante del movimiento que sacudió la Cartagena del 92: la quema del Parlamento, que obligó al Gobierno del PSOE a detener algunos de los cierres de industrias decretados ese año.

El año del descubrimiento es un ejemplo de cine social poco frecuente en el panorama español reciente, con una temática obrera que recuerda a las películas de los hermanos Dardenne o de Ken Loach. La pantalla partida en dos da paso a decenas de personajes, donde se mezclan en pie de igualdad sindicalistas, obreras y obreros, algún historiador y gente de Cartagena sin una relación directa con los acontecimientos del 92, pero que han vivido sus efectos. El recuerdo de las movilizaciones contra la reconversión industrial se entremezcla de manera orgánica con historias de la vida cotidiana o reflexiones sobre la situación política. Este mosaico de vivencias y opiniones es un reflejo más fiel de la sociología política de nuestro país que las encuestas que tanto obsesionan a los politólogos, muy limitadas a la hora de captar el complejo y contradictorio conjunto de opiniones y actitudes que forman las posiciones políticas de las personas. Escuchar una conversación de bar, en Cartagena o cualquier otro sitio, nos enseña que muy poca gente comparte todo el ideario de un partido, un sindicato o un medio de comunicación, lo que hace de la política una tarea tan compleja como fascinante.

La obra maestra de Luis López Carrasco tiene el mérito sencillo pero poco frecuente de dar la palabra a gente corriente, sin ninguna mediación y sin juzgarlos, y nos recuerda que en política es casi más importante lo que pasa en los bares que en los parlamentos. Es más, en ciertos momentos de crisis, la distancia entre los parlamentos y los bares, entre las instituciones y la calle, es tan abismal que miles de personas llegan a la conclusión de que hay que quemar el parlamento.

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