Miguel Delibes, al completo

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Ignacio Echevarría *

Quienes conocieron bien a Miguel Delibes aseguran que sería difícil encontrar un escritor menos vanidoso que él. Y quienes lo hemos leído nos lo creemos sin lugar a dudas. Quizá por este motivo hubo que esperar tantos años a que la edición de sus obras completas –actualmente a punto de culminarse– fuese emprendida de un modo cabal.

Muy anteriormente, en los años sesenta, la editorial Destino realizó ya un primer amago en este sentido, prematuro sin duda. En el año 1964, en efecto, se publicó el primer tomo de una Obra completa de Miguel Delibes –así se presentaba– que en definitiva resultó (estamos hablando de más de cuarenta años atrás) inevitablemente incompleta. Para ese primer tomo escribió Miguel Delibes un prólogo muy sabroso, donde ironiza sobre el hecho de que "los escritores actuales, tal vez un poco impacientes", se apresuren a poner la primera piedra de su "monumento funerario", que no otra cosa le parecía a él, a Miguel Delibes, con poco más de cuarenta años como entonces tenía, que vienen a ser más o menos unas obras completas.

Y bueno: lo cierto es que, por su parte, y dejado muy atrás aquel amago, Delibes se mostró siempre muy poco impaciente por ver publicadas sus Obras completas. En los últimos años de su vida no dejaron de prosperar importantes esfuerzos por reunir y publicar todas obras. Uno de ellos –el más exhaustivo– fue iniciativa del diario El Norte de Castilla, que apenas hace cinco años puso al alcance de sus lectores más de cuarenta volúmenes en que se reunía la casi integridad de las obras de Delibes. Pero se trataba más bien de una Biblioteca Miguel Delibes, y no propiamente de unas Obras completas. Por grande que fuera el esfuerzo entonces empleado, no se procedió entonces a rastrear, reunir, ordenar, cotejar, revisar, anotar y equipar escrupulosamente todos los escritos de Miguel Delibes, como sí se hizo, por fin, con las Obras completas que, impulsadas conjuntamente por Destino y Círculo de Lectores, comenzaron a publicarse en 2007. Esta tarea empezaba a ser necesaria desde mucho atrás y, como se deja ver en esta hora de la muerte del escritor, urgente. Al menos si se pretendía, como así fue, contar con su beneplácito y con su asesoramiento, con su lúcida voluntad para tomar decisiones relativas tanto a la fijación de los textos como a su ordenación.

Miguel Delibes ocupa en la narrativa española de las últimas décadas un puesto principalísimo. Sus libros contribuyeron en su momento a reconstruir los puentes con una tradición literaria violentamente fracturada por la Guerra Civil. Mucho más tarde, con la llegada de la democracia, sus libros contribuyeron asimismo a mantener vivo el caudal de esa tradición, que tantos pretendieron tener en olvido.

Lo mismo en la década de los cincuenta que en la de los noventa, los libros de Delibes han atraído a multitud de lectores sin dejar de acompasarse a las transformaciones a menudo profundas de una sociedad a la que esos libros han enfrentado con su realidad más esencial, menos perecedera.

Para los españoles que cuentan en la actualidad con más de cuarenta años, la edición de las Obras completas de un escritor como Delibes brinda la oportunidad de revisitar en las mejores condiciones algunos títulos cuya lectura remonta a sus años escolares y que a consecuencia de ello ha quedado en cierto modo fosilizada. Tanto mayor será en ese caso la sorpresa que les depararán en ese caso la vitalidad y la vigencia de algunos títulos ya remotos, parejos en su frescura idiomática y en su cercanía humana a los más recientes del mismo autor.

Para los lectores más jóvenes, la lectura de un escritor como Delibes, en las circunstancias que sea, es ocasión de enhebrar su experiencia como lectores con la de sus mayores, descubriendo la afinidad de sus intereses y de sus preocupaciones, así como la validez de una propuesta estética que causa admiración por lo que cabe llamar su incorruptibilidad.

En un orden más amplio, que trasciende el horizonte estricto de la cultura española, la obra entera de Delibes, como no dejará de hacerse cada vez más claro, se constituye en paradigma de lo que, con cierta grandilocuencia, me atrevo a denominar (parafraseando una feliz fórmula de Álvaro Cunqueiro) el realismo cristiano de Occidente, entendiendo por tal cosa un modo de representación de la realidad que entraña un compromiso ético hacia ella. Se trata sin duda de una de las vetas más antiguas y más fértiles de la narrativa europea, y dentro de ella la obra de Delibes posee una envergadura completamente ejemplar.

* Ignacio Echevarría es crítico literario, autor de Trayecto (Debate, 2005) y editor. Tiene a su cargo las Obras Completas de Miguel Delibes, que aparecerán en octubre de 2010, cuando el escritor habría cumplido 90 años.
2 Comments
  1. jonathan says

    Muy interesante, señor Echevarría. ¿Por qué sería tan pesimista el autor de Viejas historias de Castilla la Vieja?

  2. claudia says

    Echevarría, me alegro de volver a leerte. Ojalá te quedes en lo electrónico. Se te echa de menos en los papeles 🙂

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