Rescate financiero: una perversa inversión (y II)

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Emilio Sola

EL CORSARIO, SEÑOR DE LOS RESCATES.

Quien solía exigir con dureza el rescate

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al vasallo pechero – contribuyente, dicen hoy –  o al esclavo,

en el siglo de oro clásico nuestro, de donde venimos por línea directa,

solía ser tanto el señor o amo de cada uno como el corsario o el mercader,

el nombre que por entonces recibía el financiero.

Pero la palabra terminó designando preferentemente

a esos negocios entre corsarios y mercaderes, sobre todo,

y a los niveles más populares que eran los que sufrían aquella nueva plaga de moda

en las fronteras más calientes de la modernidad, las fronteras del mar.

En el Mediterráneo, además, ese mercado de esclavos,

que movía cuantiosos rescates, se convierte en negocio lucrativo

de tráfico de galeotes, la principal fuente de energía del momento,

junto con la energía eólica, para mover las cada vez más numerosas naves,

galeras y galeotas sobre todo.

El hombre se convertía en mercancía – petróleo en ese caso –

que movía sumas importantes, cada vez más importantes a causa de la masiva llegada a Europa de la plata colonial sobre todo americana.

El corsario aparece como señor de los rescates, y el corso se convierte

en nueva forma de guerra, guerra menor como dijera un notable historiador.

Considerando la guerra como una de las artes de la adquisición,

en el más ortodoxo sentido aristotélico de la expresión.

Por ello, devenía en vieja y nueva forma de negocio.

La empresa corsaria, con sus repartos de beneficios, seguros

y sociedades armadoras, perfilan la empresa económica moderna.

En el marco de lo que los historiadores llamaron primer capitalismo

o mercantilismo capitalista. Una nueva frontera espacio-temporal.

***

El corsario deviene mito del hombre económico moderno.

Y quien culmina el mito, sin duda, en ese siglo de oro originario

del que heredamos usos y mitologías, es el corsario muladí,

el corsario renegado, cuya fidelidad personal está ligada únicamente

con el interés o el beneficio, por encima de las viejas fidelidades

nacionales o religiosas; aunque se adueñe de esas viejas fidelidades,

en las que cree sólo relativamente, para trazar su territorio,

las fronteras de los diversos corsarismos.

Esas fronteras que le permiten ser reconocido como héroe nacional o religioso

al otro lado de esas fronteras más tipificadas y aparentemente consistentes.

Emblema del hombre económico moderno, el corsario muladí,

el corsario sin más, es el señor de los rescates.

Y es quien ahora exige su rescate y doblega a la sociedad civil formal,

en la que se ha infiltrado profundamente,

y la somete a su moral de conveniencia o de beneficio. Pura modernidad.

Una nueva gran inversión, si no la Gran Inversión.

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