Ese Nobel sustraído

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Juan Ángel Juristo *

De la concesión , de sus razones, por la Academia Sueca  del Premio Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa, se han dicho muchas cosas, la mayoría acertadas, todas necesarias porque inciden en un aspecto de su experiencia y poliédrica personalidad, pero la única cosa que ha planeado como una sombra ha sido la cuestión de saber la razón de porqué este año y no otros, Vargas parecía haberse convertido en el eterno aspirante mendicante, cosa, por otra parte, que no sabremos nunca.

La pregunta le rondaba ayer a su hijo Álvaro en un artículo escrito en ABC, dándole a la cuestión un giro algo inquietante entre tanta exaltación, pero será siempre una pregunta sin respuesta. Porque, además, todo en este escritor apunta a ser carne del Nobel. Sabido es que la Academia gusta de los escritores en cuya obra se integren elementos políticos y morales, sociales y de cierta altura ética, donde se reflejen ciertos pormenores de la época en que a uno le ha tocado vivir y se vislumbre en su obra una cierta regeneración en el porvenir del hombre, en la esperanza, a pesar de todo, de su realización. Desde luego la obra de Mario Vargas Llosa cumple con estos requisitos, los supera hasta tal punto que bien puede decirse que es uno de los pocos escritores actuales donde se dan ciertos elementos compensados que hace mucho, mucho tiempo, se rompieron en fragmentos en la mayoría de los escritores, dejando una huella, no así la carne, de esa impronta.

Quizá sea este elemento fundamental lo que hace tan atractiva la literatura de Mario Vargas Llosa y hace que sus lectores, aún sabiéndose en el marasmo, atisben en él un elemento de salvación porque es un hombre que cree en ciertos valores donde la luz, la razón, la libertad, de la mano, caminan en pos de la liberación de ciertas tinieblas presentes a lo largo de la historia. No otra es la razón de ser de obras tan esenciales como La guerra del fin del mundo o La fiesta del chivo, lo que tienen de redentoras. La Academia valora con fruición, por su tradición puritana, quizás, tales dones. Con lo cual la pregunta inicial se trueca en algo insoluble. Sí, hasta que nos damos cuenta que la respuesta nos viene dada, no aquella que nos aclara el porqué no se lo han concedido antes a Vargas Llosa, sino porqué no se lo dieron nunca a Jorge Luís Borges. Acabáramos.

(*) Juan Ángel Juristo (Madrid, 1951). Crítico literario y escritor. Su última novela publicada es El hilo de las marionetas (Trama, 2008).

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1 Comment
  1. Calipso says

    (…)Un premio que consagra definitivamente a un hombre ante la Historia ha de ser muy prudente en su concesión puesto que inmortaliza no sólo a la persona concreta objeto del galardón sino también a lo que él, como hombre representa y defiende.

    Hasta hace muy poco, la Academia Sueca, que concede el Nobel, era muy cuidadosa en su elección por todas esas implícitas consecuencias a las que nos referíamos antes.

    Por eso, precisamente por eso, no le había concedido su premio de literatura, hasta ahora, a Vargas Llosa(…)

    http://jlpalazon0.blogspot.com/2010/10/vargas-llosa-la-perversion-de-la.html

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