Nací en el Mediterráneo, pero en el otro

Pascual García Arano *

Desde hace unas semanas, las revoluciones, o lo que sea que esté pasando al otro lado del Estrecho, nos pillan a todos a medio vestir. Y eso incluye a internautas y a estudiosos del Instituto El Cano, a simples telespectadores y a sospechosos agregados culturales de embajada con sede diplomática en la otra orilla del Mediterráneo. Para aproximarse al hartazgo de una generación, de varias generaciones, de unas cuantas generaciones, basta con ponerse en su pellejo y dejarse llevar por el arrullo de los hechos. El informe 2010 de la Confederación Sindical Internacional proporciona datos magros (perdóneseme la expresión en este contexto) sobre la normativa legal que rige la existencia diaria de millones de trabajadores del norte de África: el nuevo polvorín, tan esperanzador y tan incierto.

¿Por qué los jóvenes y los no tan jóvenes se han juramentado para ocupar la Plaza de Tahrir (Egipto) o  la Plaza del 1º de Mayo (Argel)? Seguramente, echar un vistazo a las condiciones laborales que soportan los asalariados en ese cuadrante del planeta pueda aportarnos algo.

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Egipto

Se puede empezar por donde se quiera. Y se puede empezar por Egipto, el centro del mundo desde hace dos semanas. Y se puede decir, por ejemplo, que allí el derecho a formar y unirse a un sindicato está fuertemente restringido por ley, dado que hay una sola central sindical nacional reconocida legalmente, la Egyptian Trade Union Federation (ETUF), bajo la cual deben actuar el resto de organizaciones territoriales  y sectoriales. La ETUF mantiene estrechos vínculos con el partido en el poder y controla los procedimientos de nominación y elección de los cargos directivos sindicales. Los trabajadores que se organizan fuera de la ETUF no sólo pueden ser despedidos, sino que el Código Laboral de 2003 estipula que un empleador está facultado para despedir legalmente a un trabajador sin tener que aportar justificación alguna.

Túnez

En Túnez -donde Mohamed Bouaziz, un joven vendedor ambulante humillado por la Policía prendió la mecha de casi todo cuando decidió quemarse a lo bonzo-  las cosas llevan muchos años complicadas para los trabajadores. También para los activistas del sindicato de periodistas, víctimas de acoso y de acciones de intimidación. Según el informe anual de la CSI, en Túnez (un país con un paro del 35%) todas las huelgas deben ser aprobadas por la central sindical nacional, la Union Générale Tunisienne du Travail (UGTT), y los trabajadores que participen en una huelga ilegal pueden ser condenados a penas de cárcel de tres a ocho meses.

Las legislaciones laborales de los países que aguardan el reguero de la pólvora del descontento son variopintas, pero todas restrictivas y degradantes para las personas.

Irán

En Irán, foco de focos durante los próximos días, cientos de trabajadores han sido arrestados por apoyar el derecho de sindicación y por participar en actividades legítimas. Según precisa la CSI, el Código Laboral iraní estipula que en todo lugar de trabajo se puede establecer un Consejo Laboral Islámico o una sociedad gremial, aunque la ley está decididamente a favor de la primera opción. Los Consejos Laborales están vinculados a la Casa de los Trabajadores, la organización ‘oficial’  creada y respaldada por las autoridades y los empleadores. No se permite ninguna otra forma de representación en los lugares de trabajo en los que exista un Consejo Laboral Islámico, aunque los empleados pueden recopilar firmas para disolverlo.

Yemen

En Yemen, otro de los puntos calientes para la CNN, existe una sola organización sindical oficial y la legislación no propicia el libre ejercicio de las actividades sindicales. “Las actividades sindicales de Yemen”, denuncia la CSI, “sufren numerosas y severas restricciones... La Constitución garantiza la libertad sindical,  sin embargo, todos los sindicatos deben estar afiliados a la General Federation of Worker’s Trade Unions of Yemen (GFWTUY)… Aunque el derecho a la negociación colectiva está garantizado, el Ministerio de Trabajo tiene el poder de vetar cualquier acuerdo en los convenios que pudiera causar alteraciones a la seguridad o dañar los intereses económicos del país».

Jordania

Otros dos pueblos llamados a levantar la bandera del ‘basta ya’ en las próximas semanas son el jordano y el sirio. En Jordania, la actividad sindical está fuertemente controlada. Los activistas sindicales y los huelguistas son objeto de discriminación y, en el caso de los migrantes, de deportación… La ley reconoce ciertos derechos que, en la práctica, se ven segados por el requisito de que todos los sindicatos deben pertenecer a la General Federation of Jordanian Trade Unions (GFJTU).

Siria

El derecho de negociación colectiva no está reconocido. En Siria, el derecho de huelga está sumamente restringido y los trabajadores se encuentran bajo la amenaza de severas sanciones. Los trabajadores migrantes están privados de toda protección legal, por lo que, a menudo, son víctimas de abusos. Solo está permitida una federación sindical única.

Argelia

En Argelia, las numerosas protestas de los sindicatos independientes han sido reprimidas por las autoridades, en particular en los sectores de la educación y la sanidad. Además, el Gobierno puede prohibir una huelga si considera que causa una grave crisis económica o declarar una acción como subversiva o terrorista si obstruye el funcionamiento de los servicios públicos o impide el tráfico o la libertad de circulación en lugares públicos. De conformidad con el estado de excepción decretado en 1992, estos delitos conllevan condenas que pueden llegar a los 20 años de prisión.

Otros tres países de la zona aparecen, de momento, ajenos a la insumisión popular: Marruecos, Libia, Arabia Saudí. Y eso que, seguramente, fue Marruecos el primer foco de la protesta. Pero el campamento levantado por los saharauis a las puertas de El Aiun, quizás por ser el primero, no recibió de la comunidad internacional el apoyo de las posteriores revueltas populares. De hecho, la actitud del Gobierno español fue y sigue siendo complaciente con la actuación de Marruecos en unos hechos denunciados no solo por los activistas acampados, sino por las organizaciones no gubernamentales presentes en la zona.

Libia

En Libia, un país con una tasa de paro que ronda el 30%, la General Trade Union Federation of Workers es una parte integral del sistema político. No hay sindicatos independientes. Los trabajadores migrantes, que representan una parte cada vez mayor de la mano de obra y trabajan en condiciones muy duras, están excluidos de los sindicatos.

Arabia Saudí

En Arabia Saudita, la CSI denuncia que la explotación de los trabajadores migrantes, incluidos los trabajadores domésticos, sigue estando a la orden del día. El Código Laboral no concede a los trabajadores el derecho de sindicalización, de negociación colectiva ni de huelga.

Y eso que todos nacimos en El Mediterráneo.

(*) Pascual García Arano es periodista y escritor.