Guerra es paz (o quienes nos cruzamos de brazos)

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Hugo Martínez Abarca *

Muchos de quienes nos oponemos al bombardeo de Libia defendemos otras muchas causas que consideramos justas sin defender en ningún caso el bombardeo internacional de quienes causan muerte, ocupación, injusticia… Estos días, por ejemplo, se prepara con multitud de actos el viaje de la segunda Flotilla de la Libertad, con ayuda humanitaria para Gaza. Lo más probable es que el ejército de Israel no tenga ningún escrúpulo a la hora de impedir que logre su objetivo: en la anterior ocasión asesinó y secuestró a quienes lo intentaron. Mientras se preparan viajes de diputados, activistas, etc a El Aaiún sabiendo que Marruecos impedirá la entrada al Sáhara ocupado para que nadie pueda dar testimonio de las innumerables violaciones de derechos humanos: es posible que alguno de ellos sufra la violencia de la policía marroquí , como sucedió al eurodiputado de IU, Willy Meyer, en su último vuelo a El Aaiún pero normalmente tal violencia queda reservada para la población saharaui y marroquí. Afortunadamente nadie está proponiendo que se bombardee Israel ni Marruecos, aunque entre eso y la complicidad que con sus gobiernos demuestran los nuestros cabría toda una escala de deseables grises.

Nunca defenderé que nuestros ejércitos bombardeen Israel ni Marruecos. Y, como yo, creo que todas las personas que defendemos las causas palestinas y saharauis. Sin embargo no admitiríamos que nadie nos dijera que estamos abogando por dejar a los pueblos palestino y saharaui a los caprichos del monarca marroquí y del ejército israelí. Ni que nos cruzamos de brazos, ni que no ofrecemos alternativa. No aceptamos el arbitraje armado de los gobiernos que llevan tanto tiempo sembrando el mundo de tiranos, sino que fomentamos activamente una solidaridad entre los pueblos que resisten a dictaduras títeres, a ocupaciones ilegítimas, a saqueos de recursos… No hay nada de pasividad ni de cruzarse los brazos y sí mucha coherencia y en ocasiones muchísimo riesgo.

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Esta mañana el Congreso de los Diputados ha aprobado la participación de España en los bombardeos sobre Libia con la única oposición de Izquierda Unida y del Bloque Nacionalista Galego. No es ninguna sorpresa que Izquierda Unida fuera la única fuerza política que en 2007 se negara a participar en la entrega de las llaves de oro de la ciudad de Madrid en el Ayuntamiento. Quienes ayer se negaban a homenajear a Gadafi, preocupados por los derechos humanos de la población libia, son quienes hoy rechazan el bombardeo. Por cierto, también son cargos de Izquierda Unida quienes en vez de alentar bombardeos a distancia se juegan la vida socorriendo a los pueblos: en la primera flotilla con ayuda humanitaria fue el senador de IU Joan Josep Nuet y en la segunda Flotilla de la Libertad irá la diputada autonómica madrileña (y gran amiga) Carmen Pérez-Carballo. ¿Les van a acusar también a ellos de cruzarse de brazos, de no hacer nada, de pasividad, de defender los derechos humanos sólo con discursos bonitos? ¿O más bien habrá que reconocerles su empeño por apoyar a los pueblos oprimidos sin añadir más injusticia, más muerte y sin contribuir a que en vez de ser éstos los que se autogobiernen sean siempre sátrapas títeres hasta que a occidente dejen de servirles y les busquen un recambio? En ningún caso se espera que el ejército español escolte a la Flotilla hasta que entregue la ayuda humanitaria al pueblo de Gaza. Para eso no habrá misión de apoyo. Los del no a la guerra no estamos esperando de brazos cruzados, sino apostando de verdad por los pueblos machacados. Son profundamente injustos e ignominiosos los reproches recibidos de quienes tienen evidente derecho a discrepar, pero no a reprochar pasividad a quienes llevan dando la cara toda la vida arriesgando lo propio, no lo cómodamente ajeno.

Mientras, dos de los diputados que hoy han votado son José Luis Rodríguez Zapatero y José Bono. El primero en 2007 era presidente del Gobierno; el segundo era ministro de Defensa. Según hemos sabido gracias a Wikileaks, desde 2007 se incrementó en un 7700% la venta de armas a Gadafi hasta los 1500 millones de euros. ¿Recordamos aquello de la “responsabilidad política”? Se hace difícil encontrar una definición de responsabilidad política que no incluya la inmediata desaparición de la vida política de quien cree imprescindible enviar nuestras tropas contra alguien a quien ellos han vendido armas. Pero no, la cosa no parece tan grave como para que nadie pida perdón por tantísimos años de apoyo, caricias, venta de armas y compra de petróleo. ¿Cómo han podido Zapatero y Bono votar sí al bombardeo sin dimitir al minuto siguiente de todos sus cargos por haber sido corresponsables de la fuerza asesina de Gadafi? ¿Qué pasará si, esperemos que no, Gadafi derriba uno de nuestros F-18 con armamento vendido por España?

Para situar la guerra de Libia se han buscado analogías históricas. Se ha recurrido a la nefasta no-intervención de los gobiernos europeos (salvo el nazi alemán y el fascista italiano) en la Guerra Civil española.  La comparación no termina de sostenerse en muchos extremos. El principal es que cabe pensar que en 1936 Gran Bretaña y Francia hubieran podido apoyar a España en su liberación. Ni Francia ni Gran Bretaña habían sido durante décadas los aliados de Franco ni quien le había vendido armas, quienes habían reído sus gracias… Pese a algún acuerdo muy puntual de Gran Bretaña con Hitler no eran gobiernos que hubieran acompañado a los fascismos de la mano. Hoy los países que bombardean Libia son los que han sido aliados de Gadafi desde que, en palabras de Aznar (el mentor de Gadafi en occidente), hizo el camino inverso a Cuba. Puestos a analogías con nuestro dictador uno se imagina que en 1940 hubiera estallado en España una revuelta con posibilidades de éxito contra Franco. Y que entonces Italia y Alemania, las aliadas de Franco hasta una semana antes, hubieran optado por intervenir en España: una intervención humanitaria, por supuesto. Nadie hubiera creído que los aliados de Franco quisieran otra cosa que poner a otro Franco dado que tanto habían apoyado al que estaba apunto de caer. Y así acabar con la posibilidad de que otro pueblo, quizás el portugués, se rebelase, consciente de que toda rebelión acabaría con un nuevo títere en el poder.

Con todo, la analogía histórica más consistente es la guerra del golfo de 1991. Sadam Husein era un criminal que decidió invadir Kuwait. Se daban los principales factores de la situación que ahora tenemos en Libia: urgencia dada la invasión de un país, resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, crímenes de un gobierno, brutal represión, preguntas por cuáles son las alternativas a la guerra… También la ONU aprobó la intervención militar, las zonas de exclusión aérea (que sirvieron de excusa para 12 años de bombardeos sobre la población iraquí con Bush padre, Clinton marido y Bush hijo). Hubo embargos de alimentos y medicamentos que dejaron un millón de muertos en Irak. Nos prometieron que al terminar aquella guerra tan humanitaria como ésta Kuwait sería una democracia que no discriminara a la mujer ni fuera controlada de forma feudal… Era todo mentira, no se iba a liberar a nadie. Hace unas semanas Juan Carlos de Borbón pudo comprobar in situ que el régimen kuwaití sigue siendo un régimen feudal y machista, pero que complace los intereses geoestratégicos y económicos de sus aliados, que somos nosotros. Estos 20 años transcurridos en Irak muestran que aquella guerra (que contó con la oposición popular y con el apoyo de casi todos los partidos que hoy han apoyado la de Libia) no contribuyó a la liberación de ningún pueblo, sólo a implantar una lógica de terror, muerte, hambre y represión que todavía no ha terminado.  ¿Alguien es capaz de señalar una diferencia esencial entre aquella guerra de 1991 y ésta que aprueba el Congreso hoy? ¿Era Saddam Hussein menos criminal que Gadafi? ¿Nos oponíamos porque teníamos un plan mágico para liberar a los kuwaitís, kurdos, chiíes y a cuantos opositores machacaba Saddam Hussein o porque seguíamos la lógica de que el fin no justifica los medios y sabíamos que aquello no se hacía para liberar a nadie?

El bombardeo sobre Libia entra de lleno en la lógica de la realpolitik que tantos años de nauseas nos ha provocado. Si mañana se votara en el Congreso de los Diputados la prohibición de venta de armas a Arabia Saudí, Israel, Marruecos… probablemente el resultado fuera muy parecido: las fuerzas que hoy se han vestido de defensoras de la población civil votarían en contra de tal prohibición, mientras que estos ingenuos que no tenemos alternativas seríamos los únicos que votáramos a favor de evitar más muerte a las víctimas de nuestros aliados. Entonces nos dirían que atacamos a los trabajadores de las industrias armamentísticas: siempre hay ataques grotescos contra quienes defienden lo obvio.

Hay alternativas, claro que sí. Los gobiernos que piden alternativas a la guerra no son capaces de comprometerse a permitir el refugio de cuantas personas huyen de Libia desde hace semanas: ese ya no es un problema humanitario sino de la peligrosísima inmigración. Tampoco son capaces de comprometerse a no comprar recursos energéticos a países que repriman a sus pueblos, pues subiría el precio de la gasolina y habría que ir a 90km/h por las autopistas y hasta ahí podríamos llegar. Uno pensaría que la violencia militar debería ser el último recurso, pero lejos de ser así es un recurso previo a cualquier alternativa que pueda afectar a nuestro bienestar económico (siendo nosotros quienes deciden la política internacional) ¿Cuántas deserciones tendría Gadafi si hubiera garantías de que su victoria cerraría el negocio del petróleo e impediría hacer negocios en Europa y tener cuentas en Suiza? Pero a eso no se ha opuesto Europa ni España. Porque bombardear puede ser dramático, pero dejar de hacer negocios es un precio demasiado alto. También se podría recuperar la jurisdicción universal para este tipo de criminales que abolieron los partidos turnistas (de nuevo juntos en la defensa de lo importante) por mandato de la ministra de Exteriores israelí. Pero también sería un precio demasiado alto, porque algún juez podría intentar juzgar a criminales que no se hayan convertido en prescindibles para esa realpolitik.

Los bombardeos que hoy ha aprobado el Congreso de los Diputados tendrán varias consecuencias. La primera es algunas muertes, que ya están sucediendo aunque casualmente sólo lleguen imágenes del palacio de Gadafi: las bombas occidentales matan tanto como las de Gadafi, entre otras razones porque son del mismo fabricante. Matan igual: la guerra no es la paz. La guerra es la guerra.

Pero sobre todo la intervención supone el acta de defunción de futuras revueltas en el mundo árabe. Es sabido que a Estados Unidos le pilló por sorpresa la revuelta egipcia y Obama no ocultó públicamente su enfado por ello con sus servicios secretos. Con la intervención se acaba el descontrol. A partir de ahora toda posible revuelta popular en el mundo árabe quedará manchada por el signo del pro-americanismo. Y nadie arriesga su vida contra un títere para que venga supuestamente en su socorro quien movía sus hilos. Donde haya que quitar a un títere concreto se quitará, pero siempre bajo supervisión del gendarme mundial. Y ello es el fin de unas revueltas que aspiraban a la democracia, es decir, al autogobierno. El bombardeo aprobado no servirá a las revueltas: simplemente acaba con ellas.

(*) Hugo Martínez Abarca es secretario de comunicación interna de Izquierda Unida-Comunidad de Madrid y autor de Quien Mucho Abarca, premio 20blogs 2010 al mejor blog de actualidad.