El «horror metafísico» de Mariano Rajoy

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Francisco Serra

Mariano Rajoy, en la Fiesta del Pulpo de Carballiño (Orense), el pasado 14 de agosto. / pp.es

Un profesor de Derecho Constitucional leyó en un periódico una entrevista con Harold Bloom, el más conocido crítico literario actual, en la que relataba la profunda impresión que le produjo, en su ya lejana juventud, la lectura de Moby Dick. Había quedado sumido, decía, en una situación de “horror metafísico”. El profesor recordó haber descubierto, en un diario gallego, la noticia de que Mariano Rajoy había dedicado su ocio veraniego a la lectura de la memorable novela de Melville, tal vez aleccionado por un certero artículo que publicó Juan Carlos Escudier en el que el líder del Partido Popular aparecía retratado como un moderno capitán Ahab, en alocada persecución de la “ballena blanca”.

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El profesor reflexionó en los tan diferentes gustos literarios de los principales políticos españoles y en que, sin duda, respondían a formas distintas de entender la realidad. El verano anterior, Zapatero se había sumergido en la lectura del libro de Murakami consagrado a sus experiencias como corredor de fondo y quizás lo había inspirado en la frenética huida hacia delante que había dominado su mandato hasta que, durante los últimos meses, parecía haber abandonado definitivamente cualquier forma de “realismo mágico” y con la furia del converso se había sumado a las filas de los que propugnan un “realismo sucio”, apegado a las miserias de la vida cotidiana.

Por el contrario, Mariano Rajoy, enfrascado en la narración del autor norteamericano, quizás se había sentido incapaz durante el angustiante mes de agosto de abandonar su retiro para contribuir al apaciguamiento de los mercados, fascinado por las morosas páginas en las que se describe la caza del monstruoso animal. Solo cuando cerró el libro pudo reaparecer en público y no debe ser casual que fuera con ocasión de la “fiesta del pulpo”, algo temeroso como aparece en las fotografías, quién sabe si conocedor de la leyenda del kraken, el gigantesco cefalópodo que habita en las profundidades del mar.

Durante ese mes, el presidente del Partido Popular debió sentir el “horror metafísico” que provoca la obra de Melville y soñar, como le recomendaba un economista que predice crisis económicas con la maestría de un zahorí, con perder las elecciones, volver a su Registro de la Propiedad y vivir en ese dulce reposo en el que nadie nos perturba ni nos escribe.

Al volver a Madrid, Mariano Rajoy ha publicado unas prematuras e inusuales memorias, poco habituales en quien piensa que apenas va a iniciar la época de sus mayores logros. En sus páginas expone un programa caracterizado por lo que bien podría calificarse de “realismo metafísico”, ya que el verdadero alcance de las medidas que piensa adoptar en el caso de ganar las elecciones es más difícil de entrever que lo que representó para los filósofos medievales la solución al problema de los universales.

Durante este verano, el político conservador debe haber perfilado la estrategia para acabar con el monstruo marino, el gigantesco Leviatán, el moderno Estado fabulado por Hobbes y que se ha arrastrado moribundo hacia la playa desde las “aguas heladas del cálculo egoísta”. Mas el final de la fiera no lleva a la aparición de un “reino de la libertad”, sino al resurgimiento del “miedo”, que ya no es “metafísico”, sino insoportablemente “físico”, el nuevo “estado de naturaleza”, donde “todos tienen derecho a todo” y la vida vuelve a ser “solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta”.

El tema de nuestro tiempo ya no es la construcción de la sociedad ideal, sino el miedo que se extiende por todas las superficies y se filtra por todas las rendijas. “Miedo líquido”, como la ha caracterizado Bauman, que se desvanece en el aire, pero acaba retornando a la tierra y convirtiéndose en “miedo sólido”, “miedo gélido”, en el que la vida deja de tener valor alguno. Al “realismo líquido” que parecía extenderse en los últimos tiempos lo va a sustituir pronto un “realismo sólido”, “realismo gélido”, inevitablemente sórdido. A la “modernidad líquida” sucederá la “modernidad gélida”.

El profesor, hace unos días, esperando un autobús a la salida de Teotihuacan para retornar a Ciudad de México, advirtió la llegada de una camioneta que se paró cerca de él y que pudo observar  estaba ocupada por individuos cuya mirada “helaba” la sangre. La semana siguiente, deambulando sin rumbo por las calles de una en apariencia pacífica ciudad de provincia mejicana, tras comprar unos dulces a su madre, se encontró con el Santuario de la Santa Muerte y Bárbara, de la que había oído que era venerada por los narcos, y le pareció como si el mal se hubiera deslizado por las baldosas e impregnara las paredes del recinto, acercándolo a ese “horror”, que solo se halla en el “corazón de las tinieblas”.

3 Comments
  1. jose says

    ¿Carece Mariano de proyecto y de programa, o, como buen marrullero que es, trata de ocultarlo para no perder votos? Porque, ¿quien va a votar a un individuo que propone, acabar con la enseñanza y sanidad públicas,y congelar sueldos y pensiones?

  2. borja says

    Por favor pedir a amigos,conocidos,familiares que no voten ni al psoe ni al pp pasarlo por favor.Si nadie vota a estos dos partidos los que ganen tendran que cambiar las cosas sin posibilidad de no hacer nada.Estarian obligados a cambiar la justicia y la leyes electorales la clave es que psoe y pp no tengan ni un voto.GENERACION NI NI,NI PSOE NI PP PASARLO PORFAVOR,hablar de ello con familiares y amigos y que nadie les vote y TODOS A VOTAR.Que voten a quien sea menos psoe y pp gracias.

  3. jose says

    Borja: el futuro pasa por I. S. y Rubalcaba al frente. La PPecracia y la ZPPcracia son un problema y no la solución.

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