Dos recientes libros sobre Kraus y Domingo

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Carlos García Valdés

Cubierta del libro sobre Alfredo Kraus. / dealianzaeditorial.es

En el mercado de la ópera no solo aparecen CDs y DVDs de las mejores versiones del género, nuevas o remasterizadas, sino que últimamente están saliendo a la luz interesantes biografías o ensayos acerca de los más destacados cantantes o compositores. Rompieron el fuego, en lengua castellana, los primeros dedicados a María Callas, lejanos en el tiempo, aunque reiterados modernamente y los escritos, en amplia producción, sobre el gran Giuseppe Verdi con motivo del pasado centenario de su fallecimiento (1901-2001). Ahora voy a ocuparme de los dedicados a los tenores españoles Alfredo Kraus, del gran crítico musical Arturo Reverter (“Alfredo Kraus. Una concepción del canto”. Alianza, 2010) y a Plácido Domingo, del periodista y escritor Rubén Amón (“Plácido Domingo. Un coloso en el teatro del mundo”. Planeta, 2011). Excusado es decir que son estudios amables y, en líneas generales, panegíricos sobre su persona y entregados a su arte, que demuestran la admiración que ambos excepcionales artistas producen en los respectivos autores. Fallecido el primero y septuagenario el segundo, no cabe duda que nos encontramos ante dos de los más importantes cantantes del género operístico todos los tiempos, sin perjuicio de la falta de reconocimiento de otros superiores intérpretes nacionales que no han alcanzado su justa y merecida fama: estoy pensando concretamente en mi preferido, el barcelonés Jaime Aragall.

El libro sobre el tenor canario se basa, fundamentalmente, en sus múltiples y directas apreciaciones sobre el mundo de su especialidad, entrecomilladas en el texto, así como en las opiniones expertas de Reverter. Divide la obra en diversos apartados, por ejemplo, los relativos a la personalidad de Kraus y su brillante técnica o a su repertorio, destacan, en mi criterio, los aspectos que se refieren a los personajes interpretados en la escena y el disco, tanto de la música italiana cuanto de la francesa, en la que fue consumado maestro; del mismo modo, se nos recuerda los repartos que nunca quiso abordar por no adaptarse a su estilo y ser fiel a una línea de canto nunca traicionada. El original CD que se incluye como anexo sonoro, complemento del texto escrito, es un conjunto de significativos fragmentos de grabaciones de Kraus, verdaderas clases de canto, que el autor de la obra selecciona y emplea para una correcta explicación sobre el estilo único de aquél.

Alfredo Kraus fue un tenor admirable. Nunca canceló una función y adaptó sus papeles a su elegante forma de entender la ópera, sin excesos difíciles o imposibles y de elevado coste vocal. Comprendió mejor que nadie la bondad y conveniencia de abordar de forma excelente unos cuantos roles, en vez que forzar sus condiciones en otros que no le eran adecuados; por eso su longevidad canora fue ciertamente digna de mención, sin desmerecer nunca de sus aptitudes innatas. Independiente y orgulloso de su arte, en ocasiones altanero, fue muy crítico con fenómenos como el denominado de “los tres tenores” y, además, siempre se marginó de espectáculos masivos no especializados, aunque también grabó melodías y canciones fuera del repertorio clásico.

Si se quiere tener una versión del mejor Kraus, entre tantas grabaciones, recomiendo especialmente dos: la reciente reimpresión del DVD de “La favorita” de Donizetti (VAI, 2007), toma en directo de Tokio de 1971 de una de las óperas más queridas y mejor interpretadas por aquél y su “Lucrezia Borgia”, también del maestro de Bergamo, en el Covent Garden (Pioneer, 1980).

Portada de la biografía de Plácido Domingo. / planetadelibros.com

Plácido Domingo es radicalmente distinto al anterior en su totalidad y de ello da buena cuenta el libro de Amón a él dedicado. Se mete en todo, lo canta todo. Es un gran hipnotizador. Puede ser manager general de un gran teatro, reconocido director musical, maestro de canto, mecenas y jurado de premios, inductor de carreras operísticas, organizador de los citados “tres tenores”, superar las seiscientas treinta actuaciones en el Metropolitan neoyorquino o solicitado protagonista en decenas y decenas de espectáculos de los primerísimos teatros de todo el mundo; y ello puede hacerlo no solo muy bien sino prácticamente a la vez, desplazándose de un lugar a otro en una sucesión temporal realmente increíble. De ahí, que el subtítulo del texto sea más que adecuado: un auténtico coloso.

La presente obra es muy completa en lo relativo a la información que sobre la persona y el artista nos proporciona. Partiendo de la infancia de Domingo en la compañía de zarzuela de sus padres, de sus comienzos ya relevantes y su definitiva y larga consagración como una de las voces más importantes de su cuerda en el mundo, viene a desembocar en el cambio de registro de tenor a barítono postreramente producido. Su inquietud e hiperactividad personal le lleva a ser solidario con las desgracias ajenas, como el terremoto de México, prestando su desinteresada ayuda y colaboración aún a riesgo de su necesaria y valiosa salud para el ejercicio de su mágica profesión.

Pero si algo hay verdaderamente impresionante en la vida de Plácido Domingo es la cantidad de registros y funciones de ópera que afronta, sobre los que escribió con autoridad Helena Matheopoulos (MaNonTroppo, 2001).Nadie ha interpretado ni grabado más elencos de tenor de los compositores más diversos ni de canto tan diferente. El catálogo es el más alto de cuantos existen, pues ni la Callas, en el universo de las sopranos la más reproducida, ha podido alcanzarle. El tenor madrileño puede ir perfectamente de la mayoría de los autores italianos, a un Wagner inaccesible, pasando por los franceses más significativos; de los clásicos barrocos a los románticos, de las romanzas a las canciones populares. De hecho, las casas discográficas de hoy, entre los tenores actuales, siguen confiando en la voz y la personalidad de Domingo para editar viejas y nuevas óperas, que no se atreven a entregar a otros cantantes actuales o lo hacen con cuentagotas y con nombres muy concretos (como Flórez, Villazón, Calleja o Kaufmann) y ello dice mucho de su alto mérito y excepcional valía.

Si es necesaria una clara muestra de lo dicho no hay más que ver o escuchar las versiones de dos obras recientes, pensadas para barítono, que ha abordado nuestro protagonista. Es evidente que el DVD del “Simon Boccanegra” verdiano de Londres (EMI, 2010) y el anterior CD de “Luisa Fernanda” de Moreno Torroba (Deutsche Grammophon, 2006), lanzado un año después como DVD, como el noble Vidal, en el madrileño Teatro Real, podían haber sido grabadas por modernos y consagrados barítonos, pero el acontecimiento de que los interpretara Domingo, cambiando de registro, arrastró a los editores musicales a dichas versiones que, sin duda, han tenido una magnifica acogida y han constituido un incuestionable éxito comercial.

No cabe duda que ambos libros sobre Kraus y Domingo son un merecido homenaje a dos de los más grandes e intemporales tenores españoles, obras que representan un selecto acercamiento ilustrado, es decir de aspectos técnicos, pero también con amplios toques de divulgación, al mundo de la ópera, válidos para especialistas y aficionados.


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