¿Nacionalismo de izquierdas? ¡No, gracias!

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Fernando Alvarez-Uría *

Cuando se produce el declive de la sociedad industrial, cuando un capitalismo especulativo de carácter voraz se extiende por el mundo como una mancha de aceite, cuando la lógica desterritorializada del capital pretende arrasar a su paso con las protecciones sociales conquistadas tras largas luchas por las trabajadoras y los trabajadores de los países industrializados, cuando los mercados desregulados tratan de imponer, en un mundo cada vez más interconectado, la ley egoísta del sálvese el que pueda, cuando los valores de la democracia son sistemáticamente pisoteados, cuando millones de  trabajadores, que tan sólo cuentan con su fuerza de trabajo para sobrevivir, se ven reducidos a un desempleo masivo, o a la precariedad laboral, una vez más los partidos políticos nacionalistas desempolvan sus reivindicaciones y hacen acto de presencia para pronunciar, como si se tratase de un ábrete sésamo, las palabras mágicas: ¡Somos una nación! A su juicio esa simple frase vale más que mil programas.

En una democracia el espacio público es el espacio de todos. En la España democrática que se aproxima a unas elecciones generales, unas elecciones que son decisivas para el futuro de todos, y que incidirán también en el futuro de Europa, los partidos nacionalistas vuelven a alzar su voz y pedir a los ciudadanos su voto para Cataluña, Euskadi, Canarias, Galicia, y más recientemente  también para Asturias. Sólo ellos son los únicos que creen representar las esencias patrias. Herederos en muchos casos, como ocurre por ejemplo con todos los partidos nacionalistas conservadores, del carlismo, el clericalismo, la reacción, eternos peregrinantes a los santuarios de Santiago, Loyola, Monserrat, o Covadonga, abonados a la teoría averroísta de la doble verdad, estos fundamentalistas de nuevo cuño, expertos en manejar las emociones colectivas más primarias, se asemejan a esos pájaros de mal agüero que se nutren de la miseria social para hacer avanzar sus insaciables estómagos. Su programa electoral se podría resumir en el viejo lema que aún conserva la guardia civil del Duque de Ahumada, y que sería preciso suprimir: ¡Todo por la patria!

Ningún ser humano elige su lugar de nacimiento, pero sobre el acto aleatorio del nacer, los nacionalistas han sido capaces de construir una identidad de hierro, una marca indeleble que los singulariza, y los distingue de los demás. Hace menos de cien años apelaban a la pureza de sangre y al código genético, a una identidad a la vez étnica y cultural que los alejaba de maketos y coreanos, en todo caso, desde su riqueza comparativa, no han cesado de mirar por encima del hombro a los pobres españoles que bombardearon Guernica sin piedad, y descienden por línea directa de Carlos II el hechizado. ¡Sea para ellos la salvación! Aún más, en nombre de la identidad nacional nacionalistas fundamentalistas (la expresión no es más que un pleonasmo) no  sólo viven con orgullo su hecho diferencial, sino que lo viven también con fiereza, hasta el punto de que en casos extremos han llegado a practicar o a aprobar las mordazas para reprimir la libertad de expresión, por no hablar de las ejecuciones sumarias del presunto enemigo a golpe de parabellum.

En la tradición socialista el internacionalismo ha sido, hasta muy recientemente, la ley común compartida por todos. Marx señala en diferentes escritos que los proletarios no tienen patria, son ciudadanos del mundo que luchan para liberarse de sus cadenas. El gran lema del Manifiesto comunista es ¡Proletarios del mundo uníos! Proletarios son hoy todos los que tan sólo pueden vivir de su trabajo. Por su parte los trabajadores anarquistas quisieron hacer del esperanto una especie de lenguaje común para favorecer la comunicación entre todos los seres humanos. En España y Portugal los anarquistas defendieron la federación ibérica, las cooperativas abiertas, las colectivizaciones de tierras y el trabajo en cooperación. Para todos los socialistas los pobres de la tierra, la famélica legión, hombres y mujeres de todas las razas y de todos los lugares del mundo, luchan en pie de igualdad para defender sus derechos, y liberarse de la opresión que ejercen sobre ellos los llamados amos del universo. La ayuda mutua, la solidaridad, la generosidad, la asociación, la camaradería, la utopía de una sociedad reconciliada con la justicia, fueron sus señas de identidad. No preguntes a nadie de dónde viene ni de donde es. Su carta de identidad es la humanidad. Los seres humanos nacen libres e iguales y no sometidos a servidumbre.

Que la derecha sea nacionalista, chauvinista y sectaria, se comprende, es su ser natural, pero únicamente un país invertebrado como España, que cuenta con más de quinientos años de existencia, y en este momento con uno de los Estados más descentralizados del mundo, se puede permitir el lujo de una fragmentación suicida de la izquierda. A mi juicio esta situación es a la vez reflejo de la inmadurez política de los electores, y de la demagogia de los partidos, tanto de la izquierda como de la extrema izquierda, pues no han podido, no han sabido, o no han querido desenmascarar el carácter reaccionario del llamado nacionalismo de izquierdas. La expresión nacionalismo de izquierdas es una contradicción en los términos.

Independentistas y regionalistas populistas olvidan que el nivel de vida de  Cataluña, Euskadi, o Asturias, no sólo es fruto del trabajo de decenas de miles de emigrantes que han dejado en esas tierras su piel, su vida, y su esfuerzo durante lustros, son también fruto de viejos mercados proteccionistas, y en la actualidad de consumidores españoles que compramos  tablas de quesos asturianos, electrodomésticos Fagor, o ingresamos nuestras nóminas en Caixa Cataluña. Que representantes de partidos nacionalistas asentados en las autonomías más ricas del Estado pretendan la secesión en nombre de los valores de la izquierda me parece un sarcasmo. Que las expectativas de voto de  Amaiur sean extremadamente altas en Euskadi, una coalición, - para la que los presos de ETA piden el voto -, que aún no ha tenido el coraje de condenar la violencia militarista, ni proclamar alto y fuerte la defensa de los derechos humanos, me parece un hecho de la mayor gravedad que refleja el embotamiento moral que se ha generalizado durante demasiado tiempo en los Pirineos Atlánticos del sur.

Nosotros los europeístas, los internacionalistas, los partidarios de la abolición de la pena de muerte, los defensores de la universalización de los derechos humanos y sociales, los electores de la izquierda progresista y anticapitalista, no tenemos nada que ver con ese mundo petrificado por la mística del patriotismo y de las banderas. Amamos a Euskadi, a Cataluña, a Galicia, Asturias, y Canarias, su historia, y su riqueza social y cultural, y defendemos la creación de una Europa federal porque la diversidad bajo el signo de la solidaridad hace la fuerza. Albert Camus escribía que España, Francia y Portugal son una nación. Sobre esa base los pueblos de Europa pueden construir en común un futuro mejor para todos.

Se  aproximan las elecciones y el tiempo de reflexión. La democracia representativa es también una conquista social que no debe ser minusvalorada. Somos muchos los electores que  el próximo domingo iremos a depositar nuestro voto para un partido de izquierdas en defensa del mantenimiento y profundización de los derechos conquistados por el Estado social. Con ese voto ejercemos un derecho ciudadano, pero también contribuimos libremente a un ejercicio de clarificación: ¿Nacionalismos de izquierdas? ¡No, gracias!

*Catedrático de sociología en la Universidad Complutense y coautor con Julia Varela de Sociología, capitalismo y democracia.
12 Comments
  1. NAzinalistas españoles los peores says

    «Sobre esa base los pueblos de Europa pueden construir en común un futuro mejor para todos.»

    Si esto mismo es lo que dicen los de Amaour, ERC, BNG, etc,etc,etc. ¿si realmente no fueras nacionalista, que más te daría que el conjunto de los pueblos federado de europan lo hagan bajo las siglas de España o Francia, o con otras como Euskal Herria, Córcega, Cataluña, Normandía, Alsacia, Escocia, Irlanda, Inglaterra, etc,etc,etc? !nacionalismos de izquierdas ni españolistas ni periféricos, no gracias,!!

  2. jabiero says

    esto está más que finiquitado http://www.kaosenlared.net/noticia/liberacion-clase-nacional-genero
    agur yogur!

  3. debe ser says

    «En realidad, el marxismo (exceptuando quizá al marxismo vulgar, si se me permite el oxímoron) comprendió todo esto hace muchísimo tiempo. Lenin se negó a equiparar el nacionalismo imperialista de las naciones opresoras y el nacionalismo de liberación de las naciones oprimidas. Más recientemente, Carlo Frabetti decía con acierto que el orgullo sólo debe ser enarbolado como reacción frente a la dominación. Por eso no es lo mismo enorgullecerse de ser gay que enorgullecerse de ser hombre. Por eso tampoco es lo mismo enorgullecerse de ser vasco o irlandés que enorgullecerse de ser español o estadounidense.

  4. Víctor says

    La izquierda nacionalista es un sinsentido. O se es egoísta o se es solidario, o se respeta la pluralidad que hay en cada sociedad o se habla de «pueblos» en sentido nacionalista (es decir homogéneos). Esta es la base contradictoria de la izquierda nacionalista. Ahora bien eso no quita que esa contradicción se dé en igual medida en Esquerra Republicana que en el PSOE. Da igual que hablemos de un estado o de partes de un estado. Pero nunca deja de ser una contradicción.

  5. Toño says

    Una pequeña precisión: no sé por qué está tan extendida la tendencia a asociar el esperanto al anarquismo. Históricamente muchas otras corrientes sociales han promovido esta lengua internacional. Y ya que se habla de izquierdas, el resto de tendencias obreras también fueron bastante partidarias del esperanto. Puede verse un estudio al respecto en http://delbarrio.eu/culturaobrera.htm

    De todas formas, yendo al fondo del asunto, es cierto lo que dices, pero tu propio texto tiene un cierto tufillo de «nacionalismo banal» (y como eres sociólogo, no me cabe duda de que conoces la expresión), ese que apenas se nota porque parece que es el que se respira.

  6. Perri el Sucio says

    pues que cada uno que reclama una nación no lo hace más que para tener un cotarro donde mangonear. ¿Acaso no es la misma la lucha de un trabajador de barcelona que la de uno del Hierro?

    Cambiando de tema, los carlistas no tienen nada que ver con Carlos II de Austria, sino con Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII

  7. José Ruiz says

    Excelente artículo, pero muy tardío.
    En España, hemos tenido la desgracia de tener unos políticos con una visión muy corta debido a sus muy limitadas cualidades y unos “intelectuales” ausentes que pudieran alertar al pueblo de los problemas que estaban creando, sin resolver ninguno, los que debieran gobernarnos y guiarnos.
    La izquierda que está en el Parlamento, para mí, son solo unos retroprogres que el más moderno quiere ganar ahora la guerra que perdieron en el 39 y que para colmo están acomplejado ante los nacionalistas separatistas.
    Y la derecha…, acomplejada ante los 2 grupos anteriores (retroprogres y nacionalistos).
    Y los intelectuales, ¿Dónde…?
    Los pocos que han denunciado los hechos y actuaciones de los dirigentes…han sido descalificados por todos ellos, tachándoles de fachas, como mínimo.
    Nuestro futuro, si es que lo tenemos, es bien negro.

  8. pincia123 says

    Finaliza «Víctor» (Viernes, 18 noviembre , 2011) su comentario al artículo del profesor Álvarez Uría, con la siguiente certera observación: «… yendo al fondo del asunto, es cierto lo que dices, pero tu propio texto tiene un cierto tufillo de ‘nacionalismo banal’ (y como eres sociólogo, no me cabe duda de que conoces la expresión), ese que apenas se nota porque parece que es el que se respira». Y ese tufillo no es sino la expresión de un “fenómeno nuevo”, como lo califica Juan Colomar Albajar en su libro “República Nacional Española”, consistente –según este autor- en que “los nacionalismos identitarios, bendecidos durante casi cien años como fenómenos positivos por la izquierda tradicional, han comenzado a ser objeto de críticas. Pero son todavía andanadas disparadas desde las casamatas del liberalismo, y se pretenden contrarias a todo nacionalismo. En sus formulaciones más afiladas, han brotado de la periferia vasco-navarra del PSOE y de la periferia catalana del socialismo y del PP. Para estas posiciones los nacionalismos son censurables porque tienden a colocar valores colectivos por encima de las libertades individuales (…) Esas críticas han mostrado una muy limitada capacidad de erosión de la máquina de guerra separatista (…) porque aportan explicaciones incompletas. Tras estos nacionalismos hay algo más: el afán de pertenencia a un grupo, el acotamiento de ese grupo por la noción de enemistad hacia el enemigo exterior, sin olvidar una función que se solapa con la de la religión. Estas vertientes, que para el liberalismo constituyen horrendas perversiones, reflejan en realidad dimensiones profundísimas, estructurales, de la existencia humana”.

  9. pincia123 says

    Finaliza «Toño» (Viernes, 18 noviembre , 2011) su comentario al artículo del profesor Álvarez Uría, con la siguiente certera observación: «… yendo al fondo del asunto, es cierto lo que dices, pero tu propio texto tiene un cierto tufillo de “nacionalismo banal” (y como eres sociólogo, no me cabe duda de que conoces la expresión), ese que apenas se nota porque parece que es el que se respira».

  10. pincia123 says

    Fe de erratas: Me refiero al comentario de «Toño», no al de «Víctor». Sorry

  11. pincia123 says

    Fe de erratas. Me refiero al comenbtariode «Toño», no al de Víctor». Sorry.

  12. SOTANA ROJA says

    Ynestrillas apoya a Rosa Díez porque es “lo más parecido al auténtico falangismo”
    UPyD acepta el voto de los fascistas ¡y también el de Txeroki, ex jefe militar de ETA!

    El Plural

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