El bolígrafo de Rajoy

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Francisco Serra

Rajoy, el pasado 21 de noviembre, en su despacho. / pp.es

Un profesor de Derecho Constitucional pasó unos días sin salir de casa. Su hija tenía la escarlatina y él mismo, aunque temió haberse contagiado (lo que es muy raro en los adultos), acudió al médico que, tras muchas pruebas, concluyó que se trataba tan sólo de una faringitis aguda. Acostumbrado a pasear, la larga permanencia en el hogar se le hizo difícilmente soportable. Dedicó muchas horas a la lectura, a pesar de la fiebre, y más de las habituales a ver la televisión. El Partido Popular acababa de obtener un clamoroso triunfo en las elecciones generales y, desde el día siguiente, todos los informativos pasaban una y otra vez las mismas imágenes lejanas de Mariano Rajoy en su despacho, escribiendo unas anotaciones, sentado a la mesa de su despacho.

Unos días después, fue al kiosco a recoger los periódicos atrasados que le habían guardado y en uno de ellos, que entregaba de regalo un pequeño libro con artículos de Primo Levi recopilados con el título de Vivir para contar. Escribir tras Auschwitz, en las páginas dedicadas a la información nacional se encontró con una gran fotografía de Rajoy en la que podía advertirse que el bolígrafo que empleaba parecía ser un modesto Bic cristal, tal vez para congraciarse con Sarkozy, al que días antes el Rey Juan Carlos le había concedido el Collar de Caballero de la Orden del Toisón de Oro, la máxima condecoración que el monarca puede otorgar y que al profesor le recordaba los álbumes de Tintín que leyó en su infancia.

La fotografía revelaba muchos detalles que en el reportaje televisivo no quedaban tan claros. En la actualidad, cuando hasta los más ignaros pueden retocar de forma sencilla las imágenes captadas por las cámaras, desconfiamos de la veracidad de las tomas, vivimos el mundo de la “fotografía después de la fotografía”, como la ha calificado Joan Fontcuberta, ganador del último Premio Nacional de Ensayo, pero aún así las instantáneas nos relatan una “historia”, cuanto más “ficticia” más “real”.

Las primeras reacciones de los mercados a la holgada victoria del Partido Popular no fueron nada tranquilizadoras y la rápida difusión de las imágenes de su líder preparando el futuro gobierno no sirvieron para que bajara la prima de riesgo. Los inversores pudieron ver a un atildado caballero que escribía parsimoniosamente con su austero bolígrafo Bic cristal negro mientras la economía española se situaba “en la línea roja”, al borde del rescate. El “tiempo acelerado” de la realidad económica contrastaba con el “tiempo lento” del líder de la formación política que había ganado las elecciones. Ante una situación de crisis, los mercados prefieren la acción frenética, la toma de decisiones inmediatas, a pesar de que quizás deban ser corregidas al día siguiente. Lo menos que se espera de un dirigente en esos momentos es que esté pegado al móvil, a ser posible vociferando, y que, comido por los nervios, se mordisquee la corbata como se descubrió que hacía Gordon Brown gracias a unas tomas involuntarias que se difundieron hace unos años por todas las televisiones.

Rajoy escribiendo los nombres de su futuro gobierno con su bolígrafo BIC cristal en su “cuaderno azul” puede dar imagen de “austeridad”, pero no contribuye a generar “confianza”. El mismo día en que fue filmado el reportaje, el profesor consultó varias veces, angustiado, en el ordenador la evolución de los mercados, al tiempo que preparaba las clases, consultaba libros, corregía trabajos, se desesperaba ante la inacción de las autoridades europeas. Mientras tanto, el líder del Partido Popular anotaba lentamente, quizás con bella caligrafía, las líneas maestras de su gabinete, sin siquiera echar un vistazo al ordenador que aparecía, al fondo, muy lejos de su campo de visión. Ni siquiera se había quitado la chaqueta para estar más cómodo, aumentando la sensación de impostura, de querer dar una “imagen” que no se correspondía con la realidad.

Mariano Rajoy, unos años mayor que el profesor, tal vez prefirió posar para las cámaras dando la apariencia de estar trabajando al escribir con su bolígrafo Bic cristal, porque aún recordaba las penalidades que sufrió de niño cuando los pupitres debían contar con un hueco en el que colocar el tintero y había que precipitarse a utilizar el secante para que no se corriera la tinta. Del mismo modo que el mayor de los Buendía en la novela de García Márquez se maravillaba del descubrimiento del hielo, Mariano Rajoy, como el profesor, debió de pensar que el bolígrafo es “el gran invento de nuestro tiempo”.

Acostumbrados a que notarios y registradores firmen con vistosas plumas cuando los ciudadanos acudimos a sus oficinas, no puede verse sino con agrado que el futuro presidente del Gobierno prefiera el bolígrafo, pero muchas veces los objetos cobran vida propia y determinan nuestras acciones, sin que apenas seamos conscientes de ello. El profesor compartió una vez despacho en la facultad de Derecho con un compañero que, nada más obtener plaza fija en las oposiciones, se compró un precioso Waterman para firmar su asistencia a clase y cuando, en una ocasión lo dejó olvidado en casa y debió pedir prestado un bolígrafo corriente, le aseguró, compungido, al profesor, que la lección había sido casi ininteligible, deslavazada, porque había perdido la “confianza” en sí mismo al verse privado de su preciada posesión.

Mariano Rajoy puede verse tentado a tomar unas medidas y unos recortes severísimos, acordes con la austeridad del bolígrafo con que va a firmarlos, pero no debe de olvidar que hoy las papelerías, conformes con la sociedad en la que vivimos, se han convertido en auténticas “catedrales del consumo” y existen multitud de productos sencillos, nada lujosos, pero que a la larga son más rentables y no pueden llegar a producir los efectos negativos de los frágiles bolígrafos Bic cristal, a los que con el calor a veces se les salía la tinta (y el profesor, que solía llevarlos en el bolsillo de la camisa, tuvo que tirar más de una prenda que había quedado inservible) y la situación hace presagiar que el “clima” social de las próximos meses va a ser extremadamente “cálido”.


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2 Comments
  1. jose says

    Rajoy no sólo no resolverá la crisis económica de la qiue culpó a ZP. Rjoy, creará una crisi social, de consecuencias imprebisibles. Portque cuando los que mandan pierden la vergüenza los mandados debemos perderles el respeto. Cospe, la bien pagá, dió ya el tijeretazo de salida. Siempre he dicho que la PPcracia iba a ser nuestra desgracia; siento no haberme equivocado.

  2. Marta Angela Hafeld says

    Sr. Rajoy, soy una inmigrante brasileña de 46 años, vivo en España hace 7 años, he trabajado mucho y ahora me encuentro en paro, ACABO DE VER su declaración de que aportara AYUDA A LOS QUE CONTRATEN A MENORES DE 30 AÑOS, y QUE PASA CON NOSOTROS, HABLO EN NOMBRE DE TODOS LOS TRABAJADORES MAYORES INMIGRANTES O NO, LLENO DE EXPERIENCIAS que las empresas no contratan porque tampoco tienen un apoyo del gobierno para tal, quiero trabajar pero si nos olvidan y también olvidan todos los años que nos hemos dedicado a ganar más experiencias y a trabajar para tener una vida con un poco de dignidad, que haremos? Solo me gustaria saber si nos van a enterrar vivos.

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