Autorregulación

El príncipe y el rey, este martes, a su salida del Congreso, tras el acto de apertura de la X Legislatura. / Emilio Naranjo (Efe)

Las televisiones privadas se autorregulan, en lo que a contenidos e infancia se refiere, y la cosa es un desastre: se suceden los incumplimientos a la aplicación del código, y se imponen algunas sanciones, pero la sensación es de total impunidad. ¿Usted se puede creer que en esta nuestra zafia y ramplona televisión, capaz de revolverte las tripas con solo ver cinco minutos de Sálvame, apenas se han producido en 2011 diecisiete sanciones? Cuando alguien tiene el control de los dos lados, es policía y ladrón, resulta difícil que la cosa funcione. Seguramente por eso a la Casa del Rey le ha llenado de orgullo y satisfacción hacer público, tras 32 años de oscurantismo, cómo se reparte su asignación presupuestaria de nueve millones de euros que suman todas las partidas (viajes, vehículos, personal de defensa, empleados de la Casa Real) y con los detalles de las mismas. Nueve millones de asignación directa, ojo, no confundir con las decenas de millones que suman todas las partidas (viajes, vehículos, personal...).

Cuestión de pelas. Las multas por pasarse por la rabadilla el Código de Contenidos Televisivos e Infancia en España son ridículas: desde 100.000 a 500.000 euros. Eso, Telecinco, una empresa privada que solo en 2011 tiene catorce sanciones a sus espaldas, lo paga con cuatro anuncios de La Noria. Otra cosa son las cifras de gastos de su majestad y familia, una prole que de ninguna manera podría apañarse con el sueldo base.

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Para hacer gala de transparencia, la monarquía española debía elegir un día especial. El de los inocentes parecía que ni pintado. Ayer supimos que el Rey gana 292.000 euros al año, un sueldo para ir tirando (el del presidente del Gobierno es de 78.000). Y que no paga ni agua, ni luz, ni Seguridad Social. Y que cuenta con 500 empleados, que tienen una rebaja de un 75% en el transporte público (?). Lamentablemente, el desglose no detalla gastos de peluquería, ropa, cartuchos de caza y similares. Eso pertenece al amplio apartado de la autorregulación, usted ya me entiende.

¿Poco dinero? ¿Mucho dinero? ¿Salen baratos o caros? ¿Los comparamos con los sueldos de las monarquías de otros países o con el del Cholo Simeone, apenas 500.000 euros por lo que resta de temporada? Preguntas innecesarias. No es una cuestión de dinero, es una cuestión de democracia: sean cuales sean las cifras, me quedo con la república. Pero en cualquier caso, muchas gracias a Urdangarin por haber abierto el melón...