Manuel Fraga Iribarne: Una biografía

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Darío Villanueva *

La muerte de quien ha estado presente y ha participado como gobernante en la vida pública española durante sesenta años, desde la dictadura franquista hasta la crisis actual de la Unión Europea, dará lugar a múltiples valoraciones acerca de su acción política. No faltaran, tampoco, aunque con menor incidencia, consideraciones sobre su pensamiento político, en el que no dejaron de influir desde Balmes, Saavedra Fajardo y Maetzu hasta Cánovas del Castillo y Carl Schmitt: Fraga hombre de acción y de pensamiento, si tomamos prestadas las dos palabras clave del título que le puso a un libro suyo de 1993, escrito en gallego y publicado cuando desempeñaba su primera legislatura al frente de la Xunta de Galicia. Pero a las dimensiones reales del personaje les queda corta la obligada concisión de una necrología. Lo que únicamente podría hacerle justicia a Manuel Fraga Iribarne (Vilalba, 1922- Madrid, 2012) es una biografía completa; una obra exhaustivamente documentada, y bien atinada en la construcción de su personalidad, de acuerdo con el criterio y, a ser posible, el buen arte literario del autor, en la línea de ese género admirable que sobre todo los anglosajones dominan con soltura desde siempre y nutren de las vidas, más o menos recientemente culminadas, de artistas, empresarios, embaucadores, militares, reyes, deportistas, clérigos,  escritores y por supuesto que también políticos.

Fraga Iribarne fue, en vida, hombre ya cumplidamente biografiado. Incluso, si se  admitiese tal neologismo, hagiografiado. Desde el retrato en tres tiempos que Manuel Millán Mestre le hace al comienzo de la transición, o su semblanza como hombre de Estado que le consagra Octavio Cabezas en 1976, al Fraga: genio y figura de Rogelio Baón (1983), su retrato como patrón de la derecha que le pinta en 1985 José María Bernáldez, la "divertida biografía de un gallego incombustible" de Miguel Platón (1992) y el más reciente libro (2009) de Manuel Penella sobre Manuel Fraga Iribarne y su tiempo. Antes, en 1995 Anxel Vence ya se había atrevido a dedicarle una "biografía temperamental" titulada Doctor Fraga y míster Iribarne.

Pero la gran biografía que de él sin duda algún día se escribirá contará con una abrumadora materia prima de gestos, actitudes, pulsiones, episodios, controversias, equivocaciones, relaciones personales, intelectuales y políticas, aciertos, victorias y fracasos con la que el escritor deberá lidiar enciclopédicamente para construir con palabras la figura de una personalidad inconfundible, hasta cierto punto irrepetible. Yo aportaré hoy tan solo dos granos de arena.  De la primera anécdota fui único testigo, gracias a mi doble condición de rector de su primera Universidad y de paisano suyo, nacido en Vilalba veintiocho años más tarde que él. El testimonio de la segunda me viene de otro paisano, un destacado periodista y escritor coruñés.

En el año 2000, en el transcurso de una cena oficial, el Fraga embajador en Londres y asiduo visitante de su patria chica, el presidente de la Xunta que hablaba un gallego más genuino y auténtico, cambiando bruscamente de tema, hizo un aparte conmigo para expresarme con retranca una preocupación motivada por el éxito de otros dos gallegos. El año anterior, José Manuel Silva había sido nombrado director general de Agricultura de la Unión Europea y por aquellas fechas Francisco González pasaba a desempeñar la presidencia del BBVA. Y lo que Manuel Fraga vino a decirme, de vilalbés a vilalbés, fue lo siguiente: "Ojo, rector; hay que andar listos, que los de Chantada vienen achuchando..."

En cuanto al segundo apunte para esa posible biografía que espero llegar a leer algún día, se trata de su viaje a la Cuba de Fidel Castro en 1991, que el Comandante devolvió visitando al año siguiente la Galicia donde su padre había nacido. Fraga, como tantos y tantos gallegos de nuestra comarca ‒la "Terra Cha"‒, tenía una fuerte vinculación personal con la isla caribeña. Sus padres se habían conocido allí, y aunque su primogénito Manuel nacería en Vilalba, y allí permanecería cuando ellos regresaron a Cuba, a los cuatro años se reunirá con su familia, aumentada ya por dos hermanos, y vivirá en Manatí hasta el regreso definitivo de todos en 1928.

Tanto el viaje de Fraga a Cuba como el de Fidel a Galicia dio lugar a numerosos comentarios y cierta polémica. Acababa de caer el muro de Berlín y la Unión Soviética se estaba desmoronando, por lo que el futuro de Cuba se volvía por momentos más incierto que nunca. Los dos gobernantes, de ideología tan opuesta, no dejaron de tratar acerca de tan sensibles asuntos, más allá de los protocolos, las cuchipandas y las peripecias folclóricas acá y allá. Y cuenta el reportero que en una cita a traición, con nocturnidad y alevosía, que Castro convocó como era su costumbre a altas horas de la madrugada en una de las casas habaneras del Gobierno, se quedó rezagado mientras los servicios de seguridad cubanos aventaban a los periodistas acreditados y pudo apenas registrar el comienzo de la conversación que Fraga y Fidel iban a mantener a solas: "A ver, Manuel, explícame otra vez bien eso de que el pueblo elige el parlamento y luego el parlamento te elige a ti".

(*) Darío Villanueva es secretario de la Real Academia Española.
2 Comments
  1. pilar burgos says

    Se ha perdido un hombre impresionante, bueno, inteligente, muy culto y una gran persona. a mi padre le dedicó un libro muy amablemente y le queriamos mucho.

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