¡Gora Rafa!

El rey sostiene una réplica de la Ensaladera mientras conversa con Nadal durante la recepción que ofreció al equipo español de Copa Davis, el pasado día 13. / S. Barrenechea (Efe)

En esta vida no se puede estar seguro de nada. Sin ir más lejos, yo estaba convencido de que Rafa Nadal era mallorquín. Después de escucharle decenas de veces hablar de las maravillas de la isla, de que ahí estaban sus amigos, de que ese era el lugar al que siempre regresaba después de batallar por el mundo, de que en Manacor se encontraba su hogar, no tenía ninguna duda de que Nadal era balear. Pues no. Ahí tienen a nuestro mejor tenista, ofendido por el humor de unos títeres franceses pero haciendo la declaración fiscal en Euskal Herria.

Las personas somos, no nos engañemos, del lugar donde pagamos impuestos. Por lo que Nadal sería  más vasco que Íñigo Urkullu, y tendría que sustituir cuanto antes la cinta del pelo por una txapela XXL. Fuentes de la Agencia Tributaria declararon a El País: “Nadal es un gran deportista, gana su dinero honradamente, pero a San Sebastián solo venía a comerse el chuletón”. ¿El chuletón? ¿Como Contador? Buena la hemos hecho: los guiñoles franchutes tienen cuerda para rato.

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Entre 2005 y 2011 las sociedades de Nadal en el País Vasco movieron 56 millones de euros, pagando mediante métodos de compensación menos del 1% de impuestos sobre beneficios. Lo que nos lleva a pensar que en esos besos y abrazos a la familia real después de ganar los partidos pudiese haber algo más que efusividad ¿Consejos para las inversiones de Urdangarín? ¿Organización de un torneo de maestros en Islas Caimán?

Un tipo tan bien dotado como Nadal necesariamente tenía que ser vasco. Bien dotado en lo físico, no hace falta que entre en detalles. Y bien dotado en lo económico, entraré en detalles: solo por atender en exclusiva a los comentaristas de TVE, después de los partidos, Nadal recibió la friolera de un millón de euros. Esas declaraciones en caliente, que pudieran parecer una deferencia para con los seguidores españoles, en realidad eran un negocio cojonudo. Sobre todo si solo pagas un 1% de impuestos. ¡Aupa pues, Rafa!