Vía Crucis infantil

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Varios niños portan cirios y cargan con 'minpasos', en la primera procesión de estas características celebrada el pasado día 31 en Ponferrada (León). / Ana F. Barredo (Efe)

Jesús es condenado a muerte. Carga con la cruz. Cae una vez, y otra, y una tercera. Es golpeado, acuchillado, sangra. Una mujer le limpia el rostro. Es despojado de sus vestiduras. Es clavado en una cruz. ¿Oye usted los martillazos? Jesús agoniza, muere y es enterrado en un sepulcro frío y húmedo. ¡Pero atención, porque Jesús sale del agujero! Y está vivo. ¡Ha resucitado! Y sabéis quién lo ha conseguido: Dios Padre. Porque Dios es Todopoderoso. ¡Aleluya!

La escena que acabo de reproducir es un Vía Crucis. Nada extraño, incluso en pleno siglo XXI, puesto que nos encontramos en Semana Santa, si no fuera por un pequeño detalle: los actores que representan tan dramática escena son niños. Todos, desde Jesús hasta el soldado que le atraviesa el pecho con la lanza, son críos. Recomiendan que cada estación comience con una jaculatoria: “Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…”.

Las escenas de este tipo son habituales estos días. En la plaza Bocayá de Barcelona (Venezuela), en los pasos en miniatura de La Borriquita y La Soledad de Ponferrada (León)... “El objetivo es que los niños se involucren en los actos y se sientan protagonistas de la Semana Santa”, asegura Marco Antonio Morala, mayordomo de la Hermandad de Jesús Nazareno de Ponferrada. “Los hay que esta noche no han dormido bien, por los nervios”, reconoce a Efe.

Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis” (Mateo 19,14). Dejad que los niños representen una ejecución, que recreen una tortura y que, finalmente, reproduzcan una resurrección. Dejadles en nombre de la religión, de la tradición o incluso de la cultura. Dejad a los pequeños que sientan en sus carnes la crueldad, el dolor, el fanatismo, la ignorancia. Recomiendo a los padres con hijos en Vía Crucis que sustituyan en sus mochilas el habitual bocata de Nocilla, el yogur liquido o la barrita de cereales por una torrija de vino, un látigo de siete puntas y una estampita con el cuerpo incorrupto de Santa Bernardita de Soubirous.

Un país que, al tiempo que recorta en educación o sanidad invierte en alimentar las pasiones religiosas de los niños es, sin duda, un país apasionante, moderno, con futuro.

P.D.

El post que acaba de leer, en Cuarto Poder, es hermano del publicado hoy en El Descodificador (Vanity Fair): Corridas infantiles.

9 Comments
  1. qq says

    Bueno, aquí por lo menos, no se tortura a nadie realmente. O al menos, no hay tortura física evidente….

    Dejando a parte que garrafas de H&S no serían suficientes para limpiar tal cantidad de caspa, hay que respetar la libertad religiosa de cada cual. Así que allá ellos con sus niños, aunque de acuerdo en que, en mi opinión, están creando monstruos, y en que a un país así le basta con cosas como estas para no tener ningún futuro. Esto es mucho peor que tener la prima de riesgo por las nubes.

    A cambio, también me gustaría que determinados católicos respetaran mi agnosticismo, pero quizá eso sea mucho pedir.

    Feliz Semana Santa. Saludos.

  2. Neo says

    Quizás con menos violencia, aquí abajo tenemos las cruces de mayo, donde los crios hacen bricolaje con 4 maderas y 4 cartones para construir pasos de semana santa y competir entre ellos … luego los pasean por la calle para que los adultos se asombren de su capacidad creativa.
    Cuando yo era un enano también particié de ese juego con mis amigos del barrio, nunca lo vi como algo religioso, era una diversión más solo que en una fecha muy concreta. Lo que quizás me empieza a preocupar es que lo que antes era algo que hacíamos en la calle y sin que nadie nos obligara ahora se está haciendo en los patios de recreo de los colegios.

  3. Mecacholo says

    Así es (de momento) nuestra España. Buena Semana santa (a pesar de todo).

  4. rauldiaz says

    Hola, quería puntualizar que la noticia referida a la plaza Bocayá de Barcelona, se refiere a la ciudad de Barcelona en Venezuela, no en España: http://bit.ly/HSvO0P
    Y el enlace con la noticia corresponde a una web venezolana (la extensión de la web es .com.ve).
    Aunque comparto la crítica del artículo, creo que el ejemplo debería ser corregido por ser erróneo.
    Saludos.

  5. Telematón says

    Tomo nota, rauldiaz. Gracias!

  6. Selito says

    Todos los años por estas fechas noto un curioso deja-vu…..
    ¡Iiiitoooo! Saca la patiíiitaaa… 😉

    En fin, ya sabeis cuales son mis creencias, que resumo para neófitos: Creo en las ideas espirituales primigeneas, representadas sobre todo por las enseñanzas de Jesus de Nazareth y rechazo de plano la distorsión, manipulación y aprovechamiento terrenal ue de ellas han realizado las religiones organizadas, empezando por la católica (como rechazo el resto de religiones organizadas, Islam, Judaismo, etc.)
    Partiendo de esa premisa, me parece bien que se quiera dar esas enseñanzas a los hijos porque les damos a los niños lo que consideramos es lo mejor para ellos y el creyente cree (redundantemente) que eso es de los mejor que le puede dar.
    O no. Porque el problema de toda esta historia es que no se les están enseñando las ideas primigéneas, si no las pasadas por la turmix de la religión de turno.
    La Semana Santa, como concepto cultural y turistico me parece bien (más siendo de Sevilla), pero desde el punto de vista espiritual, la SS es, sobre todo, idolatria. Se idolatran imagenes y tallas que son obras de arte de primer nivel en la historia de la escultura y pintura españolas. Se idolatra el acto procesional en sí, la liturgia del mismo y no hace falta creer en nada para apreciar el arte del mecimiento del paso, la congoja de la saeta cantada en el balcón, el recogimiento de algunos pasos o incluso el bullicio de otros. Si no llevara asociado creencia espiritual alguna seguiría siendo digno de verse y apreciarse.
    El problema es que se confunden los términos: eso no es espiritualidad o, al menos, es una espiritualidad muy superficial, necesaria tal vez porque es más fácil creer en lo ue se ve y, por tanto, focalizar tus crencias en la imagen y no en lo que representa, epro es un error, porque luego nos damos de tortas por tocar o besar la imagen, las cubrimos de ricos vestidos y joyería, flores, velas… idolatría. Y más, si se ve desde la puerta de un bar, cervecita o cubatita en mano.
    Y os confundís los que lo denostais desde fuera (porque, como he dicho varias veces, en Sevilla son muchos los agnósticos o ateos que disfrutan saliendo a «ver los pasos»): no se «representea una ejecución, ni recrea una tortura ni, finalmente, reproduce una resurrección». Simplemente, se recuerdan unos hechos que, el creyente, considera básicos y fundamentales… pero que no requieren tanta parafernalia, ni de chicos ni de grandes, porque es (debería ser) un sentimiento interior, propio, individual e intransferible. Exactamente como la pasión muerte y resurrección que representan y que, no olvidemos, no dejan de ser elementos simbólicos.

  7. Selito says

    Para gallegos en particular y gente de bien en general (por supuesto, creyentes no religiosos) 😉

    http://actuable.es/peticiones/por-pacto-antincendios-galicia-un-pactoantilume

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