Obispillos

Para los que somos pajareros, el obispillo es la zona del cuerpo del ave que se encuentra al final del dorso, justo antes de la cola. Para el resto del planeta, obispillos son Juan Antonio Reig Pla y Bernardo Álvarez, minúsculos responsables de la Iglesia católica en Alcalá de Henares y Tenerife, respectivamente, muy aficionados ambos a las declaraciones homófobas. El obispillo de las aves es muy útil para el ornitólogo puesto que, por su característico plumaje, ayuda a identificar al pájaro en cuestión. El obispillo de la iglesia carece de utilidad, puesto que se retrata a sí mismo con sus sandeces. “¿Homosexuales? Todas las personas merecen respeto, aunque sean terroristas”, dice el obispillo de Tenerife.

Una antigua tradición católica que aún perdura en algunas localidades: la fiesta infantil del 'obispillo'. En la imagen, sin datar, el 'bisbetó' de Montserrat y sus acompañantes. / intervestibulum.blogspot.com.es

Quizá la Iglesia piense que la única forma sana de homosexualidad sea la suya. Usted ya me entiende… Las revistas de monaguillos en pelotas, los éxtasis monjiles, la castidad relativa, los abusos. Solo de esta manera se podrían llegar a entender las declaraciones de estos dos pajarracos. Juan Antonio Reig Pla, obispillo de Alcalá de Henares, habló el pasado día 5, en homilía retransmitida por TVE, de “aquellas personas que, llevadas por tantas ideologías, acaban por no orientar bien lo que es la sexualidad humana, piensan ya desde niño que tienen atracción hacia las personas de su mismo sexo y, a veces, para comprobarlo, se corrompen y se prostituyen, o van a clubs de hombres… nocturnos”. Y sentencia con una frase para la historia: “la homosexualidad es una enfermedad, pero se puede curar con la terapia apropiada”.

El obispillo de Tenerife asegura, en entrevista al diario La Opinión, que “Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas, te provocan. Esto de la sexualidad es algo más complejo de lo que parece”. ¿Menores que están deseándolo? ¿Que si te descuidas te provocan? Desconozco en que círculo de menores se mueve el obispillo en cuestión, y cuál es el anillo que imagina quieren besarle los niños: no frecuento chavales deseosos y provocadores, y odio los diminutivos. Pero estoy de acuerdo con él en una cosa: la sexualidad es algo más complejo de lo que parece. Sobre todo si la vivimos de forma antinatural, con complejos y a hurtadillas, convirtiéndola en algo pecaminoso o enfermizo. Según un estudio del sociólogo estadounidense Darrel Ray, titulado “Sexo y secularismo”, los ateos disfrutan más del sexo que los creyentes, puesto que estos últimos sufren un fuerte sentimiento de culpabilidad tras practicar relaciones sexuales. El resultado de esta tara religiosa puede derivar, como demuestran las palabras de los obispillos, en homofobia, una de las peores formas de estupidez y sectarismo. Enfermedades sin solución terapéutica, por cierto.

Ya en los ochenta los imprescindibles Siniestro Total, uno de los escasos referentes morales y culturales que le quedan a este país sin Dios, trataban de normalizar el asunto con un estribillo-diálogo tan bello como breve y delirante:

– ¿Qué tal, homosexual?

– Pues hombre, no me va mal…

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