Democracia light

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Julián Sauquillo

Imagen de la exposición que con motivo del primer aniversario del 15M se celebró en la sala Prado 19. / ateneodemadrid.com

Decía Jorge Luís Borges que había que olvidarse de las etimologías para conocer el significado de las cosas. De poco sirve que democracia sea, etimológicamente, “gobierno del pueblo” si este modo de gobernar ha cambiado a lo largo de la historia. Sin embargo, con frecuencia, es muy esclarecedor ver cuál es el origen de las cosas y analizar sus cambios.  ¿Por qué propongo esta arqueología de la democracia contemporánea? Porque nuestro sistema democrático se está convirtiendo en una pirámide (literalmente, egipcia) que puede acabar enterrando a sus creadores con su espíritu originario. Cada vez más pierde su aliento participativo y se convierte en una fortificación inaccesible. Los ciudadanos no encuentran procedimientos que les permitan formular sus quejas, sus demandas o materializar sus derechos.

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También hay una práctica imposibilidad de que se admita el recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional y se ve muy dificultado el acceso real a la administración de justicia (no sólo por el aumento excesivo de las tasas judiciales sino también por el bloqueo del turno de oficio para determinados ciudadanos que no pueden empadronarse). Además, el debate y la crítica se ven arrojados del sistema político actual por razones de urgencia política, perentoriedad de las medidas adoptadas, efectividad de la elección periódica habida, razones de tránsito y libre circulación de los transeúntes, protección de los intereses de los comerciantes o pura defensa del orden público. Tal congestión de los cauces de participación produce una radicalización del espectro político, como en Grecia,  o una fatal confianza en los tecnócratas, como en Italia, supuestos poseedores de la solución óptima.

La educación política es la asignatura pendiente de la democracia liberal. Por encima de las soluciones juiciosas al estancamiento político actual, cunde la desazón con el sistema político de los países desarrollados: mayormente representativos que democráticos. Nuestros sistemas representativos se basaron en la confianza puesta en los elegidos, hoy muy mermada, y un cierto endoso en ellos de la responsabilidad de las decisiones. Pero hoy el sistema representativo reclama urgentes aportaciones de mecanismos participativos y democráticos. Única forma de que la representación política recupere la salud. O la perderá definitivamente. Aquí no viene mal recordar que no hay representación posible sin crítica y debate –como los propiciados por el 15 M- pues las elecciones periódicas son contenido necesario pero no suficiente de su proceder. Tampoco debemos olvidar que la democracia más palpitante surgió con un vibrante contenido decisorio de base social.

Con todos sus defectos –segregación racial, discriminación sexual, explotación de clase-, la democracia norteamericana supuso una organización horizontal y de base de los ciudadanos. Esta vida local de los ciudadanos fue imprescindible refuerzo de la república representativa con sus grandes aportaciones: bicameralismo, veto del presidente, control judicial de la constitucionalidad de las leyes, federalismo,… La democracia contemporánea surgió –dentro de la explicación de Tocqueville en la Democracia en América (1835, 1840)- con una concentración vertical de las tareas de gobierno pero, también, con una amplia difusión de los mecanismos participativos más horizontales y de base social. De esta cultura participativa y de una opinión pública igualitaria, sin diferencias culturales extremas, surgió la lucha más decidida por los derechos sociales.

Dado este modelo, resulta tanto más alarmante que la participación social y la reunión pacífica en las calles sean desacreditadas como ajenas al buen gobierno de la ciudad. No es cuestión de “perroflautas”. Al contrario de lo que opinan sus detractores, el 15 M está impulsando la dación en pago frente a la violencia de los desalojos, de los más desamparados y enfermos de la sociedad, el intercambio solidario de experiencias profesionales en los bancos de tiempo, los comedores sociales, las bibliotecas y centros culturales,… y sigue aportando ideas y materializándolas en el mejor espíritu del origen de la democracia.

Bajo el título «15M 1er año de acción indignada», la Junta de Gobierno y la Plataforma 15M han organizado hasta el día 20 en la Sala de Exposiciones de la calle Prado, número 19, una muestra de la creatividad política desarrollada en la “Plaza” del Sol: videos, fotos, “graffitis”, esculturas y hasta un tiburón capitalista de tamaño natural (si Steven Spielberg “levantara la cabeza” por Madrid….). Arte sin megalomanía, opinión pública sin altanería y mucho sentido común de todos fueron el origen de los derechos civiles y la democracia. Un origen que nadie debiera olvidar. La etimología de la democracia queda ahí pero el sentido de nuestras instituciones es elaborado entre todos. Día a día y sin exclusiones.

3 Comments
  1. Susana says

    Cielo, cada vez tengo más dificultades para manifestarme. Ya no salgo ni a comprarme algo, no va ya a ser que me detengan por ocasionar disturbios.

  2. Indalecio y Encarna says

    Nos pareció emocionante visitar la exposición del 15M en el Ateneo. Tarde enorme sumada a la tertulia republicana de los lunes

  3. Carmen says

    Pero si todo nos viene dado y nadie cuenta con nuestra opinión. ¿Cómo habla de democracia en este posit?

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