Comisión de investigación

"Dejamos muy claro que no corrían peligro los depósitos personales, las huchas-cerdito y los calcetines bajo el colchón". / Imagen: Alfonso FR (Captura de vídeo de Vimeo)

En casa tenemos un cestillo de mimbre en el mueble que está junto a la puerta de entrada. Sirve para dejar las llaves y un poco de dinero. Monedas o, como mucho, un billete de cinco euros, lo suficiente como para  solucionar algún gasto imprevisto. El periódico, unas cañas, las cerezas que vende un señor que viene desde el Tiétar en furgoneta… Hace un par de días dejé cuatro euros, la vuelta del pan, y a la mañana siguiente no estaban. Pérdidas consolidadas que nos situaron al borde de la quiebra técnica. Tras una reunión familiar, en la que pese a que nadie admitió haber cogido los fondos comenzamos a mirarnos de reojo, optamos por la transparencia financiera: abrimos una comisión de investigación. Con dos cojones…

Los Albéniz llevan meses haciendo severos recortes, que afectan por ejemplo a sus vacaciones, para tratar de cumplir el objetivo de déficit, llegar a fin de mes. No pueden, por tanto, permitirse que su banca minorista-cestillo se convierta en un sumidero. Mirar para otro lado, y continuar como si nada, hubiera incrementado la desconfianza de los inversores, creado malas expectativas y debilitado tanto la confianza en la gestión como en los gestores. El sistema financiero familiar hubiese quedado en entredicho. “No tengo nada que ocultar”, dijo la más pequeña sin levantar la vista del chupete: “adelante con la investigación y que cada palo aguante su vela”.

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Quizá deberíamos haber recurrido a observadores internacionales, las abuelas, pero decidimos ser nosotros mismos quienes realizásemos la auditoria. Dejamos muy claro que no corrían peligro los depósitos personales, las huchas-cerdito y los calcetines bajo el colchón. Los mercados podían estar tranquilos, pagamos al contado en frutería y carnicería. Nuestra deuda roza mínimos históricos, así que no sería necesario un plan externo para financiar el cestillo. Nada de inyecciones europeas: los tíos que trabajan en Francia podían estar tranquilos.

¿Dónde están esos cuatro euros? ¿Quién los ha malgastado/robado/perdido? La señora que nos ayuda en casa es como de la familia, y nada sospechosa, puesto que se prejubila dentro de un mes con una cantidad millonaria (comparada con los cuatro euros sustraídos). Pensando, pensando… Estos días se ha pasado por casa Pili, una prima de riesgo por su adicción a las golosinas. La sentamos en el banquillo, la sometimos a una dura sesión de control y, tras varias contradicciones, reconoció que sus gastos financieros se han disparado un 84% en el último trimestre debido a la subida del regaliz y las dificultades para conseguir huevos Kinder por el calor. Entre lágrimas, confesó que no ha logrado aumentar la recaudación, que su paga de los domingos no le llega, y que cogió los cuatro euros del cestillo y los invirtió en unos chuches-basura que se zampó en diez minutos. Intentó colocarnos algo de deuda, en forma de bolsas de pipas con sabor a ketchup, y desviar el déficit con unos Frigo-dedo caducados, pero ante nuestra negativa prometió devolver la cantidad sustraída con un recargo del 12%.

La comisión de investigación resultó un éxito. Puse de mi bolsillo cinco euros en monedas de 20 céntimos, para abaratar el precio de la deuda. Eso hizo que los Albéniz fortalecieran su posición, recuperaran la confianza en los inversores, sanearan su sistema financiero, recapitalizaran el cestillo y pudieran volver a mirarse a los ojos. La economía familiar funcionaba de nuevo.

Recomiendo a todos los ciudadanos que se sientan estafados por su sistema económico una buena comisión de investigación. Mano de santo, oiga.