Documentos sonoros de La Scala

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Carlos García Valdés

Maria Callas como Violeta, en 'La Traviata', en una imagen sin fecha. / Houston Rogers (Wikipedia)

El Teatro alla Scala, el templo milanés del canto, desde el año 2010 está dando a conocer, a través de la editorial Skira Classica (a partir de ahora SC), sus “memorias” sonoras, como se titula la colección, en libros-CD de ópera verdaderamente interesantes. No necesariamente inéditas, sí lo es la exhaustiva investigación literaria y la oferta en volumen único y conjunto, cuidado de presentación, inapreciable de contenido, fácil de manejar y perfecto de comprensión. Cronológicamente publicadas, a partir de grandes éxitos de 1954, las obras completas ofrecidas en estos archivos musicales fueron autenticas referencias en su momento y, muchas de las mismas, aún lo son. De hecho, cualquier buen repertorio escrito o enciclopedia operística al uso las cita entre las mejores versiones de todos los tiempos. Como toda selección, el resultado es siempre discutible, pero en esta ocasión se ha jugado sobre seguro y puede decirse que el acierto generalizado preside la recopilación efectuada.

A un precio razonable para la extensa edición (25/30 euros en Italia), todos los documentos tienen un texto de más de cien páginas, en italiano e inglés, que se acompaña con artículos de especialistas, numerosas fotografías de los intérpretes y las funciones o figurines de los trajes y diseño de los cuadros y actos ciertamente relevantes, así como un listado de los repartos desde la fecha del estreno. Las grabaciones, siempre en dos CD, son, lógicamente, en directo, de un día determinado, que puntualmente se indica, con un sonido no siempre límpido pero posiblemente el mejor que puede haberse obtenido dada la antigüedad de las tomas. En todo caso, las producciones merecen la pena no únicamente para el especialista sino para el aficionado, que escucha así unas voces privilegiadas y un entusiasmo indescriptible del público, que pone así en cuestión la idea de que el respetable de Milán era duro, seco y frío con lo que se les ofrece en el escenario, si bien es cierto que en estas funciones era difícil no asegurar el triunfo, aunque día a día había que demostrarlo.

Voy a detenerme en la mención indicativa de todas las editadas hasta el momento, por lo que alcanzo a ver, significando escuetamente las escogidas voces y los directores de la orquesta más significativos de la importante colección y voy a comenzar haciéndolo, en selección personal, no respetando necesariamente el orden elegido por el editor para darlas a la luz.

El gran Giuseppe Verdi ocupa dos producciones de referencia. La núm. 3 es La Traviata (SC, 2010). La interpretación corre a cargo de María Callas -que aún se anunciaba como Maria Meneghini Callas- como Violeta, Gianni Raimondi como Alfredo y Ettore Bastianini como Germont padre, situándose en el podio Carlo Maria Giulini y en la dirección escénica Luchino Visconti. La representación, que se ofrece completa con fragmentos que en muchas ocasiones no se cantan, es la del 19 de enero de 1956 y el acontecimiento es más que significativo. Todos los cantantes están soberbios, especialmente la Callas y Bastianini, posiblemente la soprano y el barítono más importantes que ha dado la ópera. El otro libro es el núm. 8, con un Trovatore (SC, 2011) excepcional y más moderno. En efecto, la toma en vivo es del Bolshoi, de 10 de septiembre de 1964, con motivo de la gira de La Scala a Moscú, y se nota especialmente en el mejor sonido. Repite como regidor Visconti y desde el foso dirige el gran verdiano Gianandrea Gazazzeni, desempeñando los papeles protagonistas Carlo Bergonzi como Manrico, Gabriella Tucci como Leonora, Piero Cappuccilli como el Conde de Luna y Giulietta Simionato como Azucena. Grabación auténticamente necesaria en el panorama de esta ópera, se trata, en mi opinión, de un directo no superado todavía, en el conjunto del elenco, a día de hoy, en el que, para destacar expresamente las especiales características de todos, merece cita expresa la técnica de la Tucci, la prestancia de Cappuccilli y, desde luego, elegancia de un Bergonzi que otorga una dimensión distinta al protagonista, menos vibrante y heroico pero, sin duda, más romántico y lírico. En la historia registrada de esta obra, el tenor de Vidalenzo se coloca inmediatamente por detrás de los anteriores e inalcanzables Manricos de Franco Corelli.

El número 1 de esta colección insustituible es La Vestale de Gaspare Spontini (SC, 2010). Un luego habitual Visconti ordena la escena en la obra de su debut lírico y dirige la música Antonino Votto el 7 de diciembre de 1954. La Callas asume, de forma insuperable, un papel, el de Giulia, en el que encuentra la réplica de un Franco Corelli, como Licinio, en estado de gracia. El elenco se completa con Nicola Rossi-Lemeni como el Sumo Sacerdote y la mezzo Ebe Stignani como la Gran Vestal. Ópera muy poco representada antes y después de la fecha señalada, la propia Scala la repuso en 1993, con ocho pases, según se indica en el profuso texto explicativo, afrontando el rol de Licinio un buen barítono como Anthony Michaels-Moore que, sin embargo, en contra de su real valía, no acabó nunca de despegar ni en este papel, extraño para su poderosa cuerda, ni en ninguno.

Anna Bolena (SC, 2010) es la ópera número 5 del presente recopilatorio. Su edición se remonta al 14 de abril de 1957, repitiendo de nuevo, como responsable escénico, Luchino Visconti y dirigiendo musicalmente Gavazzeni. Los papeles femeninos se atribuyeron a Maria Callas el de la reina y a la Simionato el de Jane Seymour; los masculinos a Rossi-Lemeni como Enrique VIII y a Raimondi como Riccardo Percy. Esta obra, debida a la magnifica inspiración de Gaetano Donizetti, escueta de traslados al disco, está teniendo en el momento presente un merecido e indudable resurgir, tanto en CD como en DVD, como he dicho en otra reciente ocasión. Precisamente fueron la excelsa soprano griega y el conductor italiano quienes la rescataron del olvido, ofreciéndola al conocedor y en este preciso caso, paradójicamente, prácticamente desconocedor público del teatro de Milán.

El gran Franco Corelli repite en la actual colección con otros títulos. Dos obras de Puccini se presentan: La Fanciulla del West (SC, 2010) y Turandot (SC, 2011), números 4 y 6 de estas memorias de La Scala, respectivamente. Ocho años separan las históricas grabaciones pues la primera es de 4 de abril de 1956 y la segunda de 7 de diciembre de 1964 y en ambas reluce el genio canoro del gran tenor de Ancona. Excelentemente acompañado por Brigit Nilsson y dirigido por Gavazzeni en el drama inconcluso del autor -finalizado por Alfano- de la princesa oriental, Corelli se alza como el mejor Calaf de todos los tiempos, por encima incluso de Pavarotti, como con verdad escribe en la introducción Gualerzi. “La Fanciulla no es precisamente mi ópera puciniana, aunque la versión es soberbia. Antecedente de lo que luego podrá denominarse alta comedia musical o musical a secas, esta obra no acaba de convencerme. La interpretación de Corelli es magnífica, alzándose en el podio Votto y figurando Gigliola Frazzoni como Minnie y el gran Tito Gobbi como el sheriff, pero la melodía no es esencialmente operística ni tiene la emoción, que suspende el ánimo, del drama cantado.

Mozart es el compositor al que se dedica el número 2 de estos importantes textos. Così fan tutte (SC, 2010) responde al registro de 27 de enero de 1956. Elisabeth Schwarzkopf, una de las más excelsas mozartianas de la escena y el disco, que siempre decía que aprendió a cantar interpretando al compositor de Salzburgo, afronta de un modo modélico el delicioso papel de Fiordiligi, uniéndose al éxito Nan Merriman y Rolando Panerai; la dirección musical corrió a cargo de Guido Cantelli, discípulo de Toscanini. La versión es un referente cierto, difícil de superar durante mucho tiempo. El número es L`italiana in Algeri de Rossini (SC, 2011) en grabación de estudio de 1956. Giulini conduce con sabiduría esta ópera divertida y extremadamente musical recayendo los papeles protagonistas en Giulietta Simionato y en Mario Petri. Desde la obertura hasta el acorde final esta versión, de sonido lujoso para la época, es una auténtica delicia y, tal vez, por su bondad ha merecido el incorporarse a la colección aunque no se trate de una toma directa del escenario, como acontece con todas las demás, si no, como ya he dicho, de la Piccola Scala.

La aportación de estas Memorias musicales del Teatro alla Scala es, de forma rotunda, un acontecimiento sin parangón en el mundo del CD y en un triple sentido: por la calidad de los antiguos e indispensables registros, necesarios de conservación y, claro es, de divulgación; por los inigualables libretos que les acompañan, completísimos y determinantes para el total conocimiento de estas óperas excepcionales y, pensando en su trascendente validez externa, por demostrar que la ópera en general no puede morir mientras se editen colecciones como la presente.

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