Que no nos engañen

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Cayo Lara *

“No podemos gastar más de lo que ingresamos. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Ahora tenemos que pagar los excesos. Recortar es necesario, nos obligan y nos lo imponen desde fuera. Hay que apretarse el cinturón. No hay otra salida”. Estas y otras frases parecidas son las que venimos escuchando desde hace tiempo, como mínimo desde que comenzaran los recortes en mayo de 2010 con el anterior gobierno socialista. Unos recortes aumentados y endurecidos más aún por el actual gobierno popular, que ahora ha acudido con celeridad al rescate de una banca irresponsable y actor principal del actual desaguisado en nuestro país.

Las excusas para los ajustes derivados de la crisis económica han proliferado y han sido vertidas desde distintos ángulos políticos y mediáticos. La imperiosa necesidad de enviar mensajes para aplacar a los mercados recuerda a los sacrificios realizados en algunas culturas antiguas, con los que intentaban sofocar la ira o ganarse el favor de los dioses. Sin embargo, todos esos mensajes, como constata la tozuda realidad, se han demostrado inútiles, además de ser injustos porque cargan el peso de la crisis sobre los ciudadanos, que no son los responsables de su origen pero sí los que acaban pagándola. La contumacia, en este sentido, no deja de sorprendernos. Incluso cuando esos mismos mercados, cual Saturno devorando a sus hijos, han terminado por engullir gobiernos que se jactaban de ser sus discípulos dilectos.

A pesar de todo esto, los grupos dominantes no sólo se empecinan en extender sus “mantras” liberales, erráticos y erróneos, sino que acusan a aquellos que discrepan de estar al margen de la realidad, alejados del centro de la política, de proponer utopías irrealizables. Se empeñan en divulgar sus enunciados y definiciones como si fueran verdades lapidarias que no ofrecen lugar a la duda. Todo lo que esté fuera de su lógica es susceptible de convertirse en un elemento raro o un objeto extraño del que es necesario librarse, tanto en España como en Europa.

Sin embargo, esos mismos que critican la existencia de otros caminos para salir de esta crisis son los que nos están conduciendo a la ruina. Travisten la realidad y la encuadran bajo unos parámetros que se convierten en doctrina. Utilizan todos los medios a su alcance para exportar su modelo y ganar las mentes y los corazones con discursos fáciles de digerir para la sociedad. “Esto es lo que hay y no hay más cera que la que arde”, parecen decir, y todo lo que contravenga los principios generales en los que se asienta su visión del mundo se margina o se vitupera. Construyen y elaboran un discurso que se convierte en moda. De ahí que en España el discurso oficial se resista a salir del fácil y cansino bipartidismo PSOE-PP, el blanco y el negro, lo bueno y lo malo… haciendo bandera de la simplificación más extrema.

La política no puede convertirse en un combate amañado en el que siempre compiten y ganan los mismos y donde el resto se ve abocado al mero papel de sparring. No vamos a permanecer indiferentes. Eso sería un terrible error, porque, como afirmaba Gramsci, "la indiferencia actúa poderosamente en la historia. Actúa pasivamente, pero actúa"; una indiferencia ante los ataques que puede reducirnos a la inanidad.

En unos tiempos en los que la socialdemocracia se agrieta y se tambalea debido a factores endogámicos, así como a otros relacionados con su gestión de la crisis o con resultados electorales adversos, es precisamente desde ese ángulo de donde brotan las críticas a aquellos que nos negamos a comulgar con sus recetas políticas. Una negativa amparada en el análisis de la realidad y en las propuestas alternativas: soluciones de izquierdas con las que siempre hemos procurado acompañar a nuestras críticas.

Las élites y los grupos de presión acuñan un discurso que se extiende y se difunde gracias a una nada despreciable amalgama de medios. Todo lo que se sitúe al margen de un discurso oficial que no cuestiona la génesis del problema ni ofrece respuestas ni castigos contra los que han originado el estado actual de las cosas, se convierten automáticamente en demagogos. Y no contentos con situarnos en esa esfera, nos siguen tildando de radicales, cuando no de idealistas utópicos. ¿Acaso no está atacando la crisis a la raíz de nuestro estado del bienestar? ¿No estamos siendo víctimas de una estafa de la que no somos responsables?

El pensamiento único continúa alquitranando las conciencias y tratando de esquinar a aquellas opciones que pensamos que la suya no es la solución, sino el problema. El camino fácil, alejado de la reflexión serena, es el que adjudica etiquetas y estigmas con los que intentar marginar y desprestigiar otras opciones y alternativas que se salen del carril habitual. El camino fácil es el que opta por desvirtuar otras políticas y mezclar churras y merinas con el fin de confundir y menoscabar a los que nos hemos opuesto a la gestión de esta crisis-estafa que padecemos y que tanto sufrimiento está ocasionando.

Las expectativas electorales de la izquierda en Europa –de esa izquierda que algunos se empeñan en calificar de “radical”- siguen su flecha ascendente, porque la izquierda sí ha querido coger el toro por los cuernos, ha propuesto otras soluciones y alternativas centradas en defender los derechos de las personas, en proteger y mejorar los servicios públicos, en preservar un estado del bienestar al que no le faltan detractores desde la derecha y, tal y como hemos constatado, también desde una nominal y aparente socialdemocracia.

Las buenas perspectivas electorales de Syriza en los próximos comicios griegos de este domingo son producto del buen trabajo realizado por esa coalición en Grecia. Un país atenazado también por un bipartidismo cuya gestión ha resultado estéril. Una labor coherente centrada en explicar y en exponer las alternativas a un modelo de gestión de la crisis que ha fracasado. Un modelo que en nuestro país también ha patrocinado el bipartidismo.

Los grupos dominantes tienden a unificar criterios, a circunscribir cualquier actividad a un patrón generalizado del que es imposible salirse sin temor a ser tipificado como elemento subversivo y peligroso para el sistema. Imponen un marco que determina la realidad, sus problemas y, por tanto, también sus soluciones. Un corsé que asfixia a los ciudadanos y que estrecha los márgenes para aportar otras salidas que no sean las homologadas.

No obstante, las organizaciones de izquierdas, IU en nuestro país, vamos a seguir en nuestra tarea de explicar a los ciudadanos que existe otro modelo y otra salida. Seguiremos acompañando nuestras críticas con alternativas, con propuestas. Seguiremos remontando el río, por muy fuerte que sea la corriente.

(*) Cayo Lara es coordinador federal de Izquierda Unida.
2 Comments
  1. dro_29 says

    Pese a estar totalmente de acuerdo me gustaria ver más consecuencia por parte de Cayo y sus correligionarios de partido dando ejemplo de solidaridad y reclamando como ERC y Bildu el fin de los privilegios de los diputados. Y pedirlo con cierto énfasis …. sería una buena manera de demostrarnos que estamos realmente en el mismo barco

  2. Maria Fraguas de Pablo says

    Tiene razón .

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