Grecia: el coro aún está deliberando.

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Juan Carlos Monedero *

En La gente de Smiley, tercera entrega de la trilogía sobre un emblemático jefe de espías británico, Le Carré narra la derrota final del jefe de los servicios secretos orientales el temible Karla, el comunista y enemigo público número 1 del mundo occidental. Adelantaba así Le Carré lo que sería el fin de la Unión Soviética y la consiguiente desestructuración del mundo nacido de los acuerdos de Yalta, Potsdam y Teherán (donde Grecia cayó del lado capitalista y Hungría del lado socialista). A la altura de 1979, la globalización ya estaba en marcha y a Hayek y a Milton Friedman les habían dado sendos premios Nobel de economía por decir que la receta neoliberal curaba todos los males (incluidos los del capitalismo). Grecia acababa de salir de una dictadura militar y estaba empezando a conocer la dictadura económica que le corresponde al Sur del Norte. Cuando eres periferia, periférico caminas por los rumbos trazados por los centros. Gorbachov terminaría anunciando pedidos impecables de comida rápida en Pizza Hut y Grecia iba a ir acumulando despropósitos a través de una estructura bipartidista y familiar que pudría la política en el lugar donde se alumbró la democracia.

Hundida en la década de los ochenta la URSS, quedaba EEUU como potencia hegemónica. Fukuyama anunciaba el "fin de la historia", la socialdemocracia abrazaba la "tercera vía" y la derecha terminaba por entregar cualquier atisbo de compromiso social a la neutralidad propia del éxito económico y del desarrollo tecnológico. Sin la URSS, el Estado social empezaba a sobrar. Los pobres dejaban paso a los "perdedores" y la lógica económica, definida de antemano, repartía carnés entre el primer mundo y los fracasados del planeta. Pero Marx, que no pudo leer a John Le Carré, se empeñaba en regresar de tanto en tanto con maneras de viejo perseverante. La lucha de clases parecía un salvoconducto para decir "yo no lo veo". Y el Sur del Norte encontraba razones para no ver la inevitabilidad de lo inevitable. Ni en Grecia ni en Portugal ni en España, pese a todos los esfuerzos, el bipartidismo terminaba de consolidarse. Y mira que se esforzaban.

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Con tanto olvido, no nos acordamos de que los acuerdos entre la URSS y los EEUU al finalizar la Segunda Guerra Mundial dejaron a Grecia en el campo occidental, pese a contar con una población enorme dispuesta al socialismo. Una guerra civil, armada desde la bienquerida Europa, solventaría apenas el problema (la misma Europa que abandonó a la II República española y acogió al régimen de Franco). Tan débil fue la solución, que tuvo después que venir el régimen de los coroneles a seguir convenciendo a los griegos a golpe de bayonetas. Hasta 1974. Pero nada. Perseverante memoria. ¿Cómo se van a olvidar los griegos de su historia? Francia con Giscard D’Estaing y Alemania con Helmut Schmidt decidieron cuidar a la cuna de la civilización. La URSS todavía daba miedo. Pero la memoria no se iba. Pasaron los años, la izquierda se reinventaba y la derecha perseveraba. Al tiempo que la crisis del euro intentaba esconder la crisis de Europa, Syriza colgó enormes pancartas en Atenas diciendo: ¡No pasarán! Como si el tiempo se hubiera detenido. Cuando la memoria no ha sido usurpada, regresa con maneras radicales a remover las conciencias. Y fueron las elecciones de la crisis del euro. Y Syriza casi gana. Entonces, Merkel y Rajoy, con el resultado en el bolsillo, volaron a la Cumbre del G-20 más tranquilos. Como si la prima de riesgo fuera un problema de buena voluntad. Esos son los que nos gobiernan. Ignorantes. Y nosotros que los votamos…

En 2009, Syriza tenía apenas el 4% de los votos. En las elecciones de junio de 2012 ha subido al 26,89%%. Y con el principal club de propaganda del mundo enfrente. El mismo que, con los mismos argumentos, tumbó el No a la OTAN en 1986, el que tumbó a los sandinistas en 1990, el que repitió las elecciones en Irlanda hasta que saliera lo que buscaban. El club que amenaza con todas y cada una de las catástrofes si la democracia se atreve a optar realmente entre alternativas. Una parte importante de los griegos ha dicho que sí. Pero una parte aún más importante ha dicho: sigo esperando. Y a Syriza la han votado los jóvenes y las zonas urbanas. Una vez más, ancianos que viven en el campo profundo impiden el avance de los países mediterráneos. Una tarea pendiente para el partido de la izquierda coherente.

El triunfo de la derecha en Grecia se parece al rescate de España: suena tan falso y está tan dirigido al consumo de los convencidos que no es creíble. Casi cuatro de cada diez votantes se ha abstenido. Ergo siguen en situación de espera. De los diez millones de votantes, sólo por la absurda ley electoral –que regala 50 escaños a la fuerza ganadora- la derecha de Nueva Democracia y el desorientado PASOK pueden organizar un gobierno que tranquilice a los bancos europeos y a sus subordinados en los gobiernos de la UE. Pero no tienen detrás una ciudadanía dispuesta a mover un dedo por ellos. Les han votado como quien echa de comer al ganado: esperando que les de leche. Y si no lo hacen y pronto, serán sacrificados y vendidos como carne en el matadero. De diez millones de votantes, los partidos favorables al memorándum de la Troika apenas llegan a los tres millones. Pese a las declaraciones urgentes de Schäuble celebrando el resultado, los “mercados” son más realistas que ellos.

¿Ha sido derrotada Syriza? Si entendemos que la coalición ganadora ha perdido el elemento esencial que otorga las elecciones en las democracias liberales –la autorización política-, la respuesta no es tan sencilla. En Grecia, después de las elecciones de junio, el Gobierno no tiene un cheque en blanco para tomar decisiones que perjudiquen a las mayorías. El débil apoyo electoral en modo alguno significa un apoyo social. ¿O no recordamos a los presidentes de Ecuador, Argentina o Bolivia saliendo por piernas -o por helicóptero- de los palacios de gobierno después de haber ganado "limpiamente" unas elecciones? Cuando está en discusión el pacto social las elecciones no bastan para reinventar la convivencia.

Ningún partido puede ir por delante de la conciencia de su gente. Syriza necesitaba comprar tiempo. Si hubiera mayor consciencia en Grecia, habría ganado. Si no lo ha hecho, es que las circunstancias no están maduras. Syriza lo tiene claro y se ha dado prisa en reconocer el resultado para que no haya enredos. No hay nada más absurdo que ganar electoralmente sin tener detrás un apoyo popular dispuesto a tomar la calle y a defender con barricadas las decisiones del Gobierno. Para que el pueblo coma, estudie, tenga salud, hay que enfrentar a los principales gobiernos de Europa. Y eso no se hace sin el pueblo en pie de guerra.

Desde hoy, cada día que pase es un día menos para la "coalición de la Troika" y, sin embargo, es un día más para Syriza. Las contradicciones ahora las tienen los demás, incluido el PASOK que, por querer estar a todas va a estar en ninguna. En el último mes, Grecia ha dado un salto de gigante. Y sin pegar ni un tiro.

En el largo aliento, hay varias lecciones para todo el continente que han empezado esta noche:

Una. Ya sabemos que sólo hay elecciones cuando de verdad se dirimen opciones diferentes. Elegir entre Coca Cola y Pepsi Cola no genera problemas reales. Ahora sabemos que cuando una de las opciones es un partido con un sabor diferente, los falsos defensores de la democracia están dispuestos a patear el tablero.

Dos. Como en la Nicaragua de 1990, hay gente que puede votar al enemigo por las amenazas de los matones, pero estar dispuesta a redoblar después los esfuerzos con los amigos (hasta que tengan la victoria). Las elecciones ya no son la variable independiente de la política  que todo lo determinan.

Tres. Hay temas que ya no son tabú en la Unión Europea. El papel neoimperialista de Alemania, la vinculación de los políticos con la gran empresa, la corrupción política, empresarial, mediática y bancaria o la estafa de una crisis que quita dinero a los pobres para dárselo a los ricos, ya han pasado a formar parte de una crítica normalizada.

Cuatro. Los partidos del “orden” pueden ganar, pero la ciudadanía ya sabe por qué se han alzado con la victoria. Y ese conocimiento no genera precisamente amigos.

Cinco. Y como hemos señalado, las elecciones ya no entregan autorización política, de manera que la prohibición del revocatorio del mandato, corazón de la democracia liberal (está en el artículo 67.2 de la Constitución Española) se ha dinamitado.

Seis. La derrota de Syriza suena a una derrota "por ahora" (remedando la frase de Chávez tras el levantamiento militar que protagonizó en 1994 y que le aupó cinco años después a la victoria electoral). Si América Latina necesitó más de una década desde los inicios de la crisis para levantarse y mucho más deterioro económico que el que padece Grecia, no podemos pensar en un cambio radical en la mitad de tiempo y mientras las condiciones económicas aún tienen margen de deterioro.

Siete. Syriza ha supuesto un catalizador para que la izquierda española –en concreto Izquierda Unida- se dé cuenta de que ha agotado su ciclo histórico y comience una autocrítica sincera.

Ocho. Hemos aprendido dónde está Grecia (ahora solo falta que sepamos dónde está Portugal, donde está Irlanda, dónde está Italia…).

Nueve. Hemos visto que se puede liderar a la izquierda sin llevar corbata, siempre y cuando se lleven, con convicción y capacidad de contarlas, ideas nuevas, radicales y sensatas.

Diez. Todos los partidos de la izquierda mundial han ido a Grecia en peregrinación política –por vez primera desde la revolución de los claveles, a Europa, no a América Latina- y van a regresar a sus países un poco más sabios y un poco más valientes.

Once. Syriza ha ayudado a no tener miedo ni a Alemania ni a Angela Merkel, dejando claro que al igual que las élites empresariales de ese país se repartieron como un botín la RDA o Yugoslavia, pretende hacer lo mismo con cualquier país que se deje desposeer.

Doce. La “amenaza” de Syriza ha hecho que incluso la patronal haya tenido que reconocer que las políticas de austeridad están llevando a la ruina al continente.

Trece. Se ha ayudado a recordar, con las amenazas de Hollande a Grecia en caso de que ganara Syriza, que la socialdemocracia está tan agotada como sus culebrones poblados de privilegios familiares de corte aristocrático, de historias particulares sin interés colectivo o de ideología caduca vestida de oportunismo.

Catorce. Hablar de Venezuela ha dejado de ser el estigma innombrable que era y empieza un proceso de normalización de las referencias de América Latina entre la izquierda europea.

Quince. Se ha vuelto a recordar que el capitalismo en crisis genera siempre un aumento del fascismo, con lo que significa de alerta para todos los países.

Dieciséis. Quizá el punto dieciséis sea una invitación a dejar de escribir sobre otros países, en este caso Grecia, para ponernos a elaborar nuestra propia alternativa.

Con la derrota del "superespía" de la Alemania oriental, se ponía fin a la pelea que había venido narrando Le Carré en El topo y El honorable colegial. En realidad, no hay suceso político de los últimos 70 años que no esté vinculado a la guerra fría. Honesto, Le Carré cuenta que el fin de la contraparte oriental del espionaje occidental sólo fue posible cuando se utilizaron las mismas armas sucias -las que, se contaba en el discurso oficial, eras exclusivas de los países autoritarios- contra el enemigo. Al final, las diferencias entre los EEUU y la URSS no eran tantas. El liberalismo siempre ha tenido un discurso y una práctica bien alejada del mismo. Algo que el hundimiento del Muro de Berlín hizo olvidar.

Grecia siempre estuvo en un lugar incómodo. Quizá por eso nunca la han dejado volver a ser ella misma. ¿No la convirtieron por el Tratado de Dublin II en un “enorme campo de concentración” de los inmigrantes que rechazaba el resto de la Unión Europea? ¿No se ha visto obligada a comprar armas a franceses, alemanes y norteamericanos por el mantenimiento irracional por parte de los gendarmes del mundo de un falso conflicto entre Grecia y Turquía? ¿No se endeudó hasta 50.000 millones de euros por culpa de ese foco de corrupción y ruina de los pueblos que son los Juegos Olímpicos? ¿No fue obligada a asumir el tramo de rescate con una onerosas condiciones sin consulta popular alguna? ¿No fue forzada a renunciar a un referéndum así como a aceptar un gestor puesto por las potencias que están saqueando al país?

La derrota dulce de Syriza nos hace entender que cada día que pasa desde el 17 de junio es un día menos para la coalición “victoriosa” y un día más para la construcción de la alternativa. En un momento en el que el mantenimiento del neoliberalismo supone la desconstitucionalización de Europa, tenía que ser la vieja Grecia la que nos invitara a recuperar el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. A Syriza se la ha estigmatizado precisamente porque podía ser un referente. Y eso es en lo que se ha convertido precisamente después de estas elecciones.

(*) Juan Carlos Monedero es profesor titular de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Complutense de Madrid y director del Departamento de Gobierno, Políticas Públicas y Ciudadanía en el Instituto Complutense de Estudios Internacionales.
10 Comments
  1. anzelop says

    Claro y conciso. Me gustaría recordar un componente que a mí me parece una carga en las mentes, el peso de la mejor agencia para influir en las personas de las zonas menos desarrolladas culturalmente ya sea en el campo o en la ciudad, esa entidad: el mundo ortodoxo, cristiano anti-turco (anti otro) más los media de los mismos llevan a un pensamiento, la imposibilidad en la tierra te será premiada tras la muerte. Por eso no les importa llevar a la inanición a gran parte de la población, «los están salvando».

  2. anzelop says

    Claro y conciso, gracias por su artículo.
    Me gustaría recordar un componente que a mí me parece una carga en las mentes, el peso de la mejor agencia para influir en las personas de las zonas menos desarrolladas culturalmente ya sea en el campo o en la ciudad, esa entidad: el mundo ortodoxo, cristiano anti-turco (anti otro) más los media de los mismos llevan a un pensamiento, la imposibilidad en la tierra te será premiada tras la muerte. Por eso no les importa llevar a la inanición a gran parte de la población, «los están salvando».

  3. Orestes says

    Sobre el KKE de Aleka Papariga ya estaba todo dicho, no había nada que esperar. Pero sí habría que cuestionarse por qué el excandidato en las primarias de Syriza frente a Alexis Tsipras, el histórico Fotis Koubelis (DIMAR) atrincherándose e…n la indefinición más absoluta ha conseguido subir un 0.1% respecto a las anteriores elecciones. ¿Cómo se podría explicar que Koubelis y DIMAR en un momento de ascenso y hegemonía de Syriza hayan podido conservar y consolidar su 6.26%?. Syriza + Dimar juntos suman el 33.15%. Nos podrías aportar alguna reflexión al respecto, Juan Carrlos? Gracias

  4. ProPolis says

    Syriza se quedó a las puertas del poder. Reveladora coincidencia de El País y ABC ayer: respiraban aliviados y con ellos incluyeron a Europa.

    Syriza puede aún ser el EZLN, versión parlamentaria y callejera, de esta Europa que, en lugar de respirar aliviada, está por lanzar su «último suspiro», que no es el de D. Luis Buñuel (un muerto que no dejó más que vida tras él).

    Como se despedía el Sub, invocando a (leedle más) T. Segovia: «Salud y que sean vidas las que las muertes nos hereden».

    Más en: http://propolis-colmena.blogspot.com.es/2012/06/la-izquierda-es-el-otro-del-poder.html

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