Vaya otoño que nos espera

Las esperadas vacaciones en España llegan con todos los frentes económicos y sociales abiertos, y solo algunas declaraciones de los responsables del BCE, en coordinación con EE.UU, han roto la tendencia bajista de los mercados financieros en los últimos días.

El balance no puede ser más negativo y muestra a la economía española al borde de la intervención soberana, después de la bancaria, algo que ya ha estado sobre la mesa en las últimas reuniones del Eurogrupo, y con un bagaje macroeconómico recesivo. Todas las alarmas se han encendido, sin que el ejecutivo sepa como cortar esta dinámica perversa, de la que ya he hablado en otras ocasiones, que supone aplicar un severo plan de ajuste en el sector público, cuyo origen es dual: ideológico y sistémico. El gran éxito del nuevo Gobierno ha sido lograr que la confianza en la economía española se haya derrumbado en siete meses, tras las vacilaciones y las muestras de prepotencia, amén de una gran bisoñez internacional, y eso ha disparado la prima de riesgo de la deuda soberana y el desplome del mercado bursátil.

Esta falta de credibilidad internacional se ha cebado, especialmente, con el sistema bancario español, que se encuentra sin capacidad de refinanciar sus abultadas carteras de deuda privada, y que, adicionalmente, se ha llenado de la deuda pública española, ante la espantada de los inversores internacionales. Esto se deja notar en la pérdida de cuota de inversores extranjeros de nuestra deuda, que ha caído ya por debajo del 40% y la fortísima salida de depósitos y otros activos, que en conjunto arrojan un saldo neto de salida de capitales que supera con creces los 100.000 mill€ en los primeros meses de este año. Estos problemas se traducen en serias dificultades de solvencia de nuestros bancos y cajas, que se enfrentan a un proceso de reconversión fallido, lento y con serias carencias de rigor, que están arrastrando a todo el sistema a que podamos llegar hasta la intervención soberana.

Publicidad

El exceso de endeudamiento privado, origen de buena parte de los males en España, sigue su difícil digestión de su porcentaje que supera el 350% del PIB, sin que las autoridades nacionales y comunitarias tomen las decisiones lógicas en fases YIN del ciclo, como es la actual. Lejos de solucionar el problema, las políticas de ajuste neoclásicas están dificultando aún más la posibilidad de repagar todo el principal e intereses. Por un lado, es conocido que en fases de desapalancamiento, la política monetaria es irrelevante, al entrar las economías en lo que se llama la trampa de la liquidez. Esto implica que por mucha liquidez que se filtre al sistema, o aunque los tipos de interés tiendan a cero, si no se canaliza en forma de crédito por ausencia de demanda solvente y/o por riesgo de impago, la liquidez se queda en los bancos comerciales. Por otro lado, si la política fiscal es contracíclica, como es el caso de España, la reducción de inversión, pública y privada, el retraimiento del consumo privado y público, lo único que causa es elevado desempleo y drástica reducción del ahorro privado.

Frente a esta coyuntura, el Ejecutivo, desde que llegó, en un alarde de falta de respeto al Parlamento, ha gobernado por Decreto-Ley (hasta veintiuno en siete meses) y ha propiciado ya un severo ajuste al sector privado, y mucho más pequeño al sector público, reduciendo prestaciones que complementaban el exiguo salario monetario de una gran parte de la población ocupada y clases pasivas. Lo más curioso, más allá del fraude electoral que ha supuesto la práctica violación de la totalidad del contrato entre elegidos y votantes, es que lo que subyace en el fondo es un mundo neoclásico, estático, donde todo se ajusta por precios relativos y cuyas transiciones entre desequilibrios son instantáneas, por lo que el desempleo acaba siendo siempre voluntario y por ello deben eliminarse las prestaciones, como ejemplo más paradigmático. Esta propaganda, muy aireada por los liberales que ahora pueblan los principales medios de comunicación, agrupados alrededor de FEDEA, es la que está logrando que cale una serie de soflamas que una a una, se pueden encontrar todos los sábados tras los Consejos de Ministros.

La idea de que la sanidad pública es ineficiente y cara, o que los pensionistas son los causantes del enorme gasto público. El gran mantra sobre el desempleo que preconiza que cuanto más corta sea la prestación por desempleo, sin reconocer que es un seguro que sufragan los propios trabajadores, más rápida será la transición del desempleo al empleo. Algo similar ocurre con la educación pública o las pensiones públicas. Este programa máximo, que avanza a gran velocidad, ha comenzado a reducir significativamente las prestaciones por desempleo, ha elevado notablemente los impuestos sobre las nóminas y el consumo, ha introducido el copago farmacéutico, ha dejado sin efecto la ley de dependencia, menguando el salario de empleados públicos y dificultado el acceso a la enseñanza infantil y universitaria, empeorando la calidad de la obligatoria.

Con todo ello, la inequidad aumenta notablemente, se mina la capacidad de la mujer de acceder al mercado laboral y se perjudica claramente a los pensionistas y los percentiles de renta más bajos. Si a esto unimos la pérdida de riqueza financiera (cerca del 30% en el último año) e inmobiliaria, cerca del 20%, arroja una clara explicación del deterioro de la salud económica y social de los hogares españoles. Con este clima social y económico, el otoño será aún más duro. Si hasta junio se habían perdido más de 880.000 empleos, y más de 3.000 empresas, el PIB ha decrecido en tasa anualizada casi un 2%, y la tasa de paro ronda el 25%,  el último cuarto del año traerá aún más pobreza y dramas individuales y colectivos. Ello permite prever que el PIB en 2012 se reduzca por encima del 2,5% y el desempleo supere los 6 millones.

Este clima de desconfianza no es exclusivo de España, sino que también se está instalado en la UE y también se ha empezado a generalizar en EE.UU y otros polos económicos. Esto se deja notar en los barómetros de las empresas que ya han empezado a criticar y posicionarse en contra del ajuste por el ajuste, algo que hoy solo defiende los lobbys del estilo de CEOE o FEDEA. Estas empresas notan que la depresión de la demanda interna, que una parte es cíclica, pero otra es inducida, el desplome del ahorro privado de las familias, ante la brusca reducción de renta disponible y prestaciones, la persistencia de la contracción del crédito, y la caída de la inversión extranjera, han cambiado súbitamente las perspectivas para 2013 y 2014. Aún siendo imposible predecir a más de seis meses con rigor en estos momentos, todos los organismos nacionales y extranjeros dan por hecho que la recesión española, que tiene una parte intrínseca propia, se mantendrá en los dos próximos años.

Con estos mimbres, el mes de agosto puede traernos más ajustes, pues del último paquete pactado con la UE para el rescate financiero faltan unos 15.000-20.000 mill€ por implementar. No hay duda que serán los desempleados y los pensionistas los agraciados y se produzca una nueva vuelta de tuerca sobre los segmentos más débiles de la sociedad.

En el campo financiero, agosto tiene ante sí un reto. Por un lado, de nuevo Grecia será protagonista y, por otro, las señales de una nueva expansión cuantitativa por parte de la FED y ahora del BCE han relajado las posiciones bajistas, pero la realidad económica y financiera no ha cambiado, e incluso ha empeorado. Por todo ello, no cabe relajarse, ni entrar en los juegos del mercado para que nuevos inversores entren en bolsa o en deuda española. Todos los indicadores económicos y financieros recomiendan estar fuera de productos de riesgo españoles, fruto de la equivocada política económica europea y española y también del mal diagnóstico y apriorismo ideológico que han escogido.

(*) Alejandro Inurrieta es economista y director ejecutivo de Inurrieta Consultoría Integral.